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Edición
del 23 al 29 de mayo de 2004


América Central controla
desde fines de los años 90 sus recursos
naturales desde el espacio a través de un proyecto
de la NASA y
busca integrar a los 15 países del Caribe.
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Los
satélites ayudan a vigilar el estado de los bosques
tropicales.
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Belice,
Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y
Panamá ya tienen los primeros visores satelitales en
detalle para detectar daños ambientales o áreas
sensibles antes de conceder la explotación de minas
o yacimientos de petróleo.
Ahora el reto es ampliar el proyecto de siete a 21 países,
al pedirse la incorporación de 15 del Caribe, explicó
a Tierramérica el presidente de la Comisión
Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), Mario Dary,
ministro de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala.
“Los recursos naturales no conocen fronteras, y para
la interpretación de los fenómenos que afectan
a Centroamérica, desde el punto de vista de la prevención
de desastres naturales, es importante tener una visión
regional amplia y completa”, comentó.
La CCAD firmó el 10 de diciembre de 1998 con la estadounidense
Administración Nacional de Aeronáutica y el
Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) un convenio
para ver su territorio gratis desde satélites.
El acuerdo por cinco años fue ampliado a otros cinco,
y es financiado por el Banco Mundial y la estadounidense Agencia
para el Desarrollo Internacional, con contrapartidas de los
gobiernos usuarios.
Se busca la protección del Corredor Biológico
Mesoamericano, donde hay 589 áreas protegidas, 14 biosferas,
ocho sitios declarados patrimonios de la humanidad y 45 millones
de habitantes en cerca de 760 mil kilómetros cuadrados,
resume un documento del programa.
El proyecto también aporta información para
afrontar y mitigar daños causados por terremotos, huracanes,
sequías o erupciones volcánicas.
El programa que permite “navegar” sobre la región
desde computadores emplea los sistemas de Información
Ambiental Mesoamericano y de Monitoreo y Visualización
regional.
La petición para ampliar el proyecto hacia el Caribe
fue realizada por Dary y Jorge Cabrera, ambientalista consultor
del Banco Mundial para la CCAD, durante una visita a Japón
a fines de abril.
“Se presentó la iniciativa y ahora se gestiona
ante el Banco Mundial para que su división del Caribe
financie la ampliación”, señaló
Cabrera.
Mientras tanto, los centroamericanos buscan terminar de “poner
en línea 18 capas” con información detallada
sobre sus recursos, para que puedan verse en las pantallas
de computador sobre las imágenes satelitales de la
NASA, apuntó.
El consultor guió a Tierramérica en un paseo
virtual por América Central mediante su computador,
hasta detenerse en el detalle del Parque Nacional Tikal guatemalteco,
con importantes ruinas de los ancestros mayas, en el departamento
de El Petén, 550 kilómetros al norte de la capital.
Mostró detalles de esas ruinas y de los hoteles en
el parque, el centro de visitantes con su museo, restaurantes,
la carretera e incluso “una pelazón (un área
sin árboles), casi junto al parque, que desde la carretera
no se ve”, destacó Cabrera.
La tecnología digital permitió al experto determinar
que el área deforestada es de 499 metros cuadrados,
apenas a unos 500 metros de las ruinas.
Cabrera explicó que la NASA brinda “la información
en bruto”, a la que especialistas
centroamericanos ya agregaron cuatro de las 18 capas previstas
con detalles procedentes del “Atlas básico”,
elaborado a partir de informes de los siete gobiernos, que
son “cargados en Panamá”, sede del programa.
“Ya están las áreas protegidas, la división
política, las carreteras y los ríos”,
y faltan, entre otros datos, puertos y aeropuertos, cuencas
hidrográficas y cuerpos de agua, apuntó el ambientalista.
Hasta ahora, la información sólo está
disponible en discos de vídeo digital (DVD), pero “en
breve esperamos tenerla en Internet para uso público
y privado”, añadió.
La esperanza es que “con una visión integral
del territorio” se tomen decisiones adecuadas, como
prohibir producción industrial en zonas turísticas
o inhibir el establecimiento de áreas protegidas en
zonas de importancia industrial, resumió Cabrera.
Pero la ambientalista Magalí Rey Sosa, directora del
Colectivo MadreSelva, dijo a Tierramérica que los beneficios
del programa “dependerán de en qué manos
se ponga esa tecnología”.
“Si las autoridades saben usarla podría ayudar
a tener cierto control sobre el territorio en una región
donde no hay dinero y personal para cuidar nuestros recursos”,
reconoció.
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