Edición del 23 al 29 de mayo de 2004

Más de 13.000 turistas llegaron a la península antártica cerca
de Chile durante la temporada veraniega, pero su presencia ha
provocado temores de que pongan en riesgo su frágil ecosistema

Jamie Tarabay
AP

Los daños causados a la Antártida por el continuo flujo de turistas en los años anteriores podrían no recuperarse si no se llevan a cabo programas de recuperación.

La Antártida, el Polo Sur, es atesorada por los expertos, que consideran que contiene preciados secretos científicos, mientras que por otro lado están los turistas intrépidos, que acuden a sus campos en busca de un desafío gélido.

Estos dos grupos chocan con cierta frecuencia. “Queremos que entiendan que las normas son muy estrictas”, destacó Sharman Stone, de la División Australiana Antártica.

Las normas establecidas por Estados Unidos y otras seis naciones que tienen estaciones de investigación en la Antártida abarcan todos los aspectos, desde la protección a la vida silvestre hasta los alimentos que los turistas deben traer a las costas.

Las normas fueron destacadas en diciembre cuando el aviador australiano Jon Johanson fue sancionado por no haber preparado adecuadamente su vuelo solitario sobre el Polo Sur.

Su avión se quedó estancado en las aguas gélidas cerca de un extremo de la Antártida debido a que las bases estadounidenses y neozelandesas se negaron a reabastecerlo de combustible. Johanson finalmente recibió combustible de un piloto británico cuya expedición fue cancelada por mal tiempo.

“Se le advirtió que su intento no era recomendable... pero realizó la aventura, sin que las autoridades lo supieran”, dijo Stone.

La funcionaria negó que hubiese “una política de no ayudar”, pero dijo que los aventureros tienen que pagar su rescate. Johanson insistió que había tomado todas medidas de seguridad.

En la internet
Australian Antarctic Division:
http://www.antdiv.gov.au

National Science Foundation:
http://www.nsf.gov/od/opp/start.htm

International Association of Antarctica Tour Operators:
http://www.iaato.org/

Ante el número creciente de turistas, las autoridades intensifican el control. Pero no pueden vigilar las fronteras del gélido territorio ni hay un sistema de visas que pueda normar las cifras.

A Stone le preocupa que un turismo excesivo pudiese significar un revés en la recuperación de la Antártida de los daños que se le infligieron en el pasado.

“Sería una verdadera tragedia si los turistas trajesen sin darse cuenta enfermedades como la gripe, y afectasen la vida silvestre y provocasen reducción del número de las especies que comienzan a recuperarse de la cacería indiscriminada para obtener pieles y aceite que ocurrió desde el siglo XIX hasta 1960”, indicó.



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