| Edición
del 22 al 29 de agosto de 2004

La
reserva marina de Paracas en Perú, amenazada por fábricas
de harina de pescado,
enfrenta ahora los potenciales impactos de una planta de gas.
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| La
reserva podría resultar perjudicada por una planta
de licuefacción. |
La construcción
de la primera planta de fraccionamiento y licuefacción
de gas en Perú, junto a una importante reserva marina
de la bahía de Paracas y 250 kilómetros al sur
de Lima, provoca graves inquietudes ambientales.
El gas procede de los yacimientos de Camisea, paraje selvático
al otro lado de la cordillera de los Andes, y es transportado
a la planta por un gasoducto de 540 kilómetros.
El 7 de agosto, al inaugurar la primera etapa de la planta
de fraccionamiento, el presidente Alejandro Toledo declaró
que Perú ingresaba a una nueva etapa histórica,
pues dejaremos de ser país importador de energía
para convertirnos en exportadores.
En la primera etapa, la planta producirá 33 mil barriles
diarios de gas líquido, 25 mil se destinarán
al consumo nacional y el resto se exportará a la costa
oeste de Estados Unidos, dijo Toledo.
Al concluir la segunda fase estaremos exportando a México
y Estados Unidos alrededor de 700 millones de dólares
de gas licuado durante los próximos 33 años,
pero necesitamos otra inversión de 2,000 millones de
dólares para culminarla, agregó.
En medio de la euforia, el presidente pidió que no
se efectuaran declaraciones y ruidos políticos
que inquieten y ahuyenten a los inversionistas extranjeros.
El mandatario parecía dirigirse a los ecologistas que
objetaron la ubicación de la planta a siete kilómetros
de la Reserva Marina de Paracas, poseedora de una rica biodiversidad
con 160 especies de peces, 216 de aves y 25 de delfines y
ballenas.
Según el ministro de Energía y Minas, Jaime
Quijandría, la ubicación fue decidida por razones
de ventaja técnica, y el riesgo es mínimo gracias
al diseño con tecnología de punta y la construcción
de la plataforma de embarque a 3,2 kilómetros de distancia
de la playa.
Sin embargo, el ex ministro de Energía y Minas, Carlos
Herrera, afirma que cuando se comenzó a diseñar
el proyecto, cuatro años atrás, se pensó
en situar la planta en las Pampas de Clarita, a 70 kilómetros
de la bahía, adecuadamente lejos de la reserva.
La empresa PlusPetrol, encargada de la exportación
del gas, anunció haber instalado un sistema de monitoreo
ambiental con 160 puntos de control en las zonas marina y
costera de la bahía.
Pero las organizaciones no gubernamentales (ONG) aseguran
que no está claro quiénes tendrán a su
cargo el manejo y la evaluación del monitoreo.
Paracas es escenario de una batalla anterior, entre ONG ambientalistas
que reclaman el retiro de cuatro fábricas de harina
de pescado instaladas irregularmente al borde de la reserva
y los empresarios denunciados.
Estos, que consiguieron sucesivas postergaciones al traslado,
resultaron inesperadamente favorecidos por el proyecto
Camisea, pues para instalar la planta de gas las autoridades
modificaron la reglamentación de construcciones en
la
zona, que dejó de ser residencial para convertirse
en industrial.
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Por
consiguiente, la ubicación de la planta ya causó
un grave daño, pues ahora las pesqueras que tenían
que retirarse el año pasado se mantendrán gracias
al cambio de zonificación, comenta la socióloga
María Elena Foronda, presidenta de la Sociedad Nacional
del Ambiente.
Las siete ONG agrupadas para defender el ecosistema de Paracas
apelaron sin suerte en 2003 al Tribunal Constitucional para
que se pronunciara sobre el cambio de zonificación.
El Tribunal desestimó la demanda.
Aunque Sandro Chávez, presidente del Colegio de Biólogos,
anunció una apelación del fallo ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, la mayoría de las
ONG parecen dispuestas a proseguir la defensa de Paracas evaluando
las medidas anunciadas de previsión y control.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) está a
punto de resolver la última entrega de recursos para
el proyecto.
El crédito ya está aprobado, pero las
entregas se van haciendo por etapas. Para el cierre financiero
(desembolso completo de los fondos) el BID estableció
100 condiciones ambientales y sociales que, según el
gobierno y las empresas, han sido resueltas, pero nosotros
no estamos de acuerdo, dijo el abogado Carlos Chirinos,
de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental.
No debemos alarmarnos porque algunos funcionarios del
BID hayan dicho que el cierre financiero es inminente. Tenemos
el compromiso de Enrique Iglesias (presidente del Banco) de
que ello no sucederá hasta no se hayan resuelto satisfactoriamente
las objeciones ambientalistas, dijo la bióloga
Patricia Majluf, de la ONG Spondylus.
Las empresas que participan en Camisea (la estadounidense
Hunt Oil, la argentina PlusPetrol, la belga Tractebel, la
sudcoreana SK y la peruana Graña y Montero) también
fueron denunciadas por manejo ambiental irresponsable en la
zona de los yacimientos y en el tendido del gasoducto.
El
autor es colaborador de Tierramérica.
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