Edición del 22 al 29 de agosto de 2004

Moscas, gusanos, escarabajos y otros devoradores de cadáveres sirven a los forenses
para ayudar a resolver crímenes. Conozca cómo lo hacen.

GF.N. D´Alessio
AP


En un famoso poema, Emily Dickinson escribió: “Escuché el zumbido de una mosca al morir”. Y, según entomólogos forenses que examinan escenas de crímenes buscando evidencias dejadas por insectos, existe una buena posibilidad de que Dickinson haya escuchado el zumbido de un insecto al lanzar el último suspiro.

“El primer testigo de una muerte suele ser una mosca”, dice Mike Sarna, director de exposiciones del Museo Natural Peggy Notebaert.

“El sentido del olfato de una mosca es tan agudo que en ocasiones vuela unos tres kilómetros para acercarse a un cadáver fresco”.

El museo de Chicago se ha concentrado en moscas, gusanos, escarabajos y otros devoradores de cadáveres para su nueva exposición “Insectos en escenas de crímenes”.

La exhibición fue organizada por Lee Goff, asesor en entomología del FBI y de otras agencias policiales a nivel mundial, y también de una exitosa serie de televisión, “CSI”.

La muestra se ha exhibido en Saint Paul, Minnesota, y Roanoke, Virginia.

La exhibición requiere algo más que ajustar los niveles de luz y emplazar vitrinas. Exige gran cantidad de huevos frescos de moscas, escarabajos vivos y termitas. Y el refrigerador tiene que estar repleto de cerdos muertos.

Dos de los cerdos yacían en jaulas de alambre en un sector de césped, en la parte trasera del museo. “Cuando se inaugure la exposición, tendremos a cinco cerdos en sucesivas etapas de descomposición”, explicó Sarna.

El cerdo con olor más desagradable no era más que una pila de piel, huesos y dientes. “Los gusanos y las escarabajos han terminado con éste. El tejido blando ha desaparecido”, dijo Sarna. “Ahora es el turno de los escarabajos” que devoran piel y tendones. “A la larga, otros escarabajos y termitas acabarán con los huesos”.

El cerdo más fresco estaba hinchado debido a los gases, pero no olía tan mal. Una gran cantidad de gusanos había comenzado a devorar la cabeza y se aproximaba al cuello.

La exposición presenta cajones de la morgue que contienen dos cadáveres simulados en diferentes etapas del
avance de los insectos. El cadáver de la “primera etapa” tiene gran cantidad de huevos de mosca cerca de la nariz y de la boca.

“Una vez que conocemos las especies de moscas y la temperatura, podemos determinar el momento de la muerte con bastante precisión”, explicó Goff, que también es presidente del programa de ciencias forenses de la universidad Chaminade, en Honolulú.

Los entomólogos forenses también se basan en “pautas de sucesión” de insectos y otros artrópodos que siguen a los gusanos dentro del cadáver. Por ejemplo, algunas especies de ácaros aparecen al principio para atacar a los gusanos, en tanto que otros viajan en las caparazones de los escarabajos y comen subproductos de la descomposición.

Moscas drogadictas

“En Hawai tenemos 320 diferentes especies de insectos que devoran cadáveres. Por lo tanto, es posible hacer una sintonía muy fina de las investigaciones”, dijo Goff.

La exhibición incluye dos maquetas de casos reales para que los visitantes puedan aplicar los conocimientos obtenidos.

Un caso es el de dos viajeros que desaparecieron cerca del Gran Cañón del Colorado, en Estados Unidos. La evidencia de insectos ayudó a demostrar que murieron en el curso de una súbita inundación.

El otro fue un caso que investigó Goff en Hawai. El cuerpo de una persona asesinada a balazos fue hallado en un cañaveral. El cadáver había sido invadido por gusanos de tres especies, dos rurales y uno específico de Honolulú.

Los gusanos urbanos estaban más adelantados en su ciclo vital. Eso indicó que la víctima había sido asesinada en la ciudad y luego arrojada en el cañaveral.

Goff dijo que algunos de los progresos más marcados en ese campo involucran el uso de evidencias de insectos en asesinatos vinculados al uso de drogas. “Con frecuencia, no queda lo suficiente en un cadáver para hacer pruebas toxicológicas”, señaló.

“Pero hemos descubierto que si los gusanos han devorado tejido de un drogadicto, restos de droga pueden quedar en los envoltorios de las crisálidas que abandonan las moscas cuando salen del cascarón. Son aceptables como evidencias y podemos realizar en ellos pruebas de toxicología”.

Ese envoltorio de la crisálida ayudó a Goff con el cadáver más antiguo que encontró en su carrera profesional, una momia incaica que data de hace 500 años. “El envoltorio de la crisálida demostró que la momia había estado masticando hojas de coca”, afirmó.



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