| Edición
del 22 al 29 de agosto de 2004

Dice
la leyenda que Gibraltar dejará de ser británica
cuando los monos que pueblan
la parte alta del Peñón desaparezcan. Pero su
número sigue en aumento.
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Vista
del Peñón, en cuyas laderas
viven los únicos monos
salvajes del viejo continente. |
Gibraltar
no existe. Esa es al menos la impresión que se puede
tener a la hora de buscar el camino que conduce a esta colonia,
en el extremo sur de la Península Ibérica, que
el 4 de agosto cumplió 300 años de dominio británico.
El Peñón, la enorme piedra caliza de 425 metros
de altitud que domina este diminuto territorio a orillas del
Mediterráneo, se divisa desde lejos.
Pero en la carretera nacional 340, que bordea la costa andaluza
entre Málaga y Cádiz, ninguna señal indica
cómo llegar.
No es sino hasta La Línea de la Concepción,
la última
localidad española antes de la frontera, cuando un
viejo cartel publicitario de Burger King da una
pista al viajero: Gibraltar, home of the whopper
reza. El destino, hamburguesa incluida, ya no puede estar
lejos.
Pero las dudas no se disipan sino hasta llegar a la calle
principal, donde, por fin, aparece una señal que conduce
a la frontera, que aquí todos llaman la verja.
Una vez allí, sin embargo, hay que armarse de paciencia.
Bajo un sol de justicia, una larga cola de vehículos
aguarda para poder pasar. Hay automóviles de gibraltareños,
fácilmente reconocibles por sus matrículas británicas
y el distintivo GBZ, pero también muchos
autobuses con turistas que van a Gibraltar, para pasear o
para comprar tabaco y licor libre de impuestos.
Peor lo tienen los que tratan de salir de Gibraltar. Con cara
de desgana, agentes de la Guardia Civil española paran
los vehículos y hacen que el conductor les abra el
maletero.
La escena recuerda a los controles fronterizos entre Berlín
Oriental y Occidental, cuando aún la ciudad estaba
dividida por el Muro.
La cola casi llega a la pista del aeropuerto, que hay que
cruzar para poder llegar al centro de la colonia. Incluso
hay barreras que bajan cuando aterriza un avión, como
si se tratara de una vía de trenes.
Los gibraltareños saben que este calvario acabaría
si Gran Bretaña y España llegaran a un acuerdo
para compartir la soberanía de la colonia, algo que
hace dos años estuvieron negociando los gobiernos de
ambos países, en un intento por poner fin a un diferendo
que se remonta al 4 de agosto de 1704, cuando el almirante
George Rooke y su escuadra de 130 barcos conquistaron este
territorio.
Pero a los habitantes del Peñón,
esta fórmula les horroriza. Queremos seguir siendo
británicos, y punto, dice contundente un viandante
en la Main Street, la calle principal de Gibraltar.
Y lo hace en ese inglés con marcado acento andaluz
que caracteriza a la mayoría de los 30.000 gibraltareños.
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Al igual que en Gran Bretaña, los típicos
Bobies velan por la seguridad de las calles
de Gibraltar. |
Para el
gobierno local, la única solución pasa por el
derecho de autodeterminación de este diminuto territorio
de apenas 6,5 kilómetros cuadrados, que reclama España
desde que el Tratado de Utrecht se lo concediera a Gran
Bretaña en 1713.
Más
contundente aun se muestra el socialista Joe Bossano, líder
de la oposición y jefe de gobierno de Gibraltar entre
1988 y 1996. Lo tenemos muy claro: Aquí mandamos
nosotros.
En su opinión, no hay nada que España
nos pueda ofrecer que no sea algo a lo que tenemos derecho
y que sea suficiente como para que estemos dispuestos a entregar
algo tan fundamental como el derecho a la autodeterminación
y a ser dueños de nuestra tierra.
Para muchos gibraltareños, de lo que se trata es de
que España elimine de una vez por todas las restricciones
impuestas en su día a Gibraltar por el dictador Francisco
Franco (1939-1975), que en 1969 cerró herméticamente
la frontera del lado español, la cual no fue abierta
sino hasta 1985, diez años después de la vuelta
a la democracia.
Y mientras las negociaciones entre Madrid y Londres siguen
en el limbo, los monos que pueblan la parte alta del Peñón,
los únicos primates salvajes que quedan en Europa,
continúan reproduciéndose.
Dice la leyenda que Gibraltar dejará de ser británica
cuando estos macacos desaparezcan. Pero su número sigue
en aumento, y ya hay más de 250
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