Edición del 22 al 29 de agosto de 2004

Dice la leyenda que Gibraltar dejará de ser británica cuando los monos que pueblan
la parte alta del Peñón desaparezcan. Pero su número sigue en aumento.

Jorge Vogelsanger
DPA


Vista del “Peñón”, en cuyas laderas viven los únicos monos
salvajes del viejo continente.

Gibraltar no existe. Esa es al menos la impresión que se puede tener a la hora de buscar el camino que conduce a esta colonia, en el extremo sur de la Península Ibérica, que el 4 de agosto cumplió 300 años de dominio británico.

El Peñón, la enorme piedra caliza de 425 metros de altitud que domina este diminuto territorio a orillas del Mediterráneo, se divisa desde lejos.

Pero en la carretera nacional 340, que bordea la costa andaluza entre Málaga y Cádiz, ninguna señal indica cómo llegar.

No es sino hasta La Línea de la Concepción, la última
localidad española antes de la frontera, cuando un viejo cartel publicitario de “Burger King” da una pista al viajero: “Gibraltar, home of the whopper” reza. El destino, hamburguesa incluida, ya no puede estar lejos.

Pero las dudas no se disipan sino hasta llegar a la calle principal, donde, por fin, aparece una señal que conduce a la frontera, que aquí todos llaman “la verja”.

Una vez allí, sin embargo, hay que armarse de paciencia. Bajo un sol de justicia, una larga cola de vehículos aguarda para poder pasar. Hay automóviles de gibraltareños, fácilmente reconocibles por sus matrículas británicas y el distintivo “GBZ”, pero también muchos autobuses con turistas que van a Gibraltar, para pasear o para comprar tabaco y licor libre de impuestos.

Peor lo tienen los que tratan de salir de Gibraltar. Con cara de desgana, agentes de la Guardia Civil española paran los vehículos y hacen que el conductor les abra el maletero.

La escena recuerda a los controles fronterizos entre Berlín Oriental y Occidental, cuando aún la ciudad estaba dividida por el Muro.

La cola casi llega a la pista del aeropuerto, que hay que cruzar para poder llegar al centro de la colonia. Incluso hay barreras que bajan cuando aterriza un avión, como si se tratara de una vía de trenes.

Los gibraltareños saben que este calvario acabaría si Gran Bretaña y España llegaran a un acuerdo para compartir la soberanía de la colonia, algo que hace dos años estuvieron negociando los gobiernos de ambos países, en un intento por poner fin a un diferendo que se remonta al 4 de agosto de 1704, cuando el almirante George Rooke y su escuadra de 130 barcos conquistaron este territorio.

Pero a los habitantes del “Peñón”, esta fórmula les horroriza. “Queremos seguir siendo británicos, y punto”, dice contundente un viandante en la “Main Street”, la calle principal de Gibraltar. Y lo hace en ese inglés con marcado acento andaluz que caracteriza a la mayoría de los 30.000 gibraltareños.

Al igual que en Gran Bretaña, los típicos “Bobies” velan por la seguridad de las calles de Gibraltar.

Para el gobierno local, la única solución pasa por el derecho de autodeterminación de este diminuto territorio de apenas 6,5 kilómetros cuadrados, que reclama España desde que el Tratado de Utrecht se lo concediera a Gran

Bretaña en 1713.

Más contundente aun se muestra el socialista Joe Bossano, líder de la oposición y jefe de gobierno de Gibraltar entre 1988 y 1996. “Lo tenemos muy claro: Aquí mandamos nosotros”.

En su opinión, “no hay nada que España nos pueda ofrecer que no sea algo a lo que tenemos derecho y que sea suficiente como para que estemos dispuestos a entregar algo tan fundamental como el derecho a la autodeterminación y a ser dueños de nuestra tierra”.

Para muchos gibraltareños, de lo que se trata es de que España elimine de una vez por todas las restricciones impuestas en su día a Gibraltar por el dictador Francisco Franco (1939-1975), que en 1969 cerró herméticamente la frontera del lado español, la cual no fue abierta sino hasta 1985, diez años después de la vuelta a la democracia.

Y mientras las negociaciones entre Madrid y Londres siguen en el limbo, los monos que pueblan la parte alta del Peñón, los únicos primates salvajes que quedan en Europa, continúan reproduciéndose.

Dice la leyenda que Gibraltar dejará de ser británica cuando estos macacos desaparezcan. Pero su número sigue en aumento, y ya hay más de 250

 



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