Edición: 21 de marzo de 2004

Más de mil piezas componen la colección de Scott Baxter, geólogo que va por
el mundo en busca de minerales, su pasión de toda la vida.

Morena Rivera
Fotos: Evelyn Ungo

Scott Baxter examina un precioso cuarzo amatista de 75 por 40 centímetros, cuyo peso es de 35 kilos. Fue traído desde Utah,
Estados Unidos.

Han llegado hasta las estancias de su hogar, en San Salvador, procedentes de países tan remotos. Igual de remotos resultan las formas y los colores de esos minerales extraídos de las profundidades de la corteza terrestre.

Sus colores intensos: verdes, violetas y amarillos, y los jardines internos que se han formado en algunos de ellos roban la mirada de los más inexpertos en el campo de estos componentes naturales.

Para el coleccionista Scott Baxter, de 53 años, tenerlos y observarlos no sólo es un relajamiento mental comparable a la contemplación de las estrellas en el firmamento. Su afición va acompañada de ciencia, de estudio.

Estudiar geología sólo le sirvió para incrementar su inclinación por los minerales, pues la primera atracción por ellos la sintió en su infancia, cuando tuvo la oportunidad de visitar un Museo de Historia Natural, en San Francisco, Estados Unidos.

“Fue para mí como descubrir un mundo de colores congelado”, recuerda Scott Baxter, quien nació en Nueva York, Estados Unidos, pero pasó gran parte de su niñez en tierras salvadoreñas, donde recogió el primer ejemplar de su colección.

Las demás piezas las siguió consiguiendo en los años posteriores, mientras estudiaba geología en Austria y Costa Rica y seguía con la especialidad petrolera en Brasil.

Su trabajo en algunas zonas mineras de Brasil y de México también le permitieron extraer algunos ejemplares. El resto los ha comprado y los ha intercambiado mientras recorre países lejanos como Namibia, China, Ucrania, Rumania, Zaire y otros.

Brochas especiales sirven a Scott Baxter para limpiar el polvo que se adhiere a los cristales.

No importa cuán cerca o lejos sea un viaje, puede ser algún sitio de El Salvador u otras latitudes, lo cierto es que Scott Baxter siempre lleva con él papel periódico y una piqueta, herramienta tipo martillo que le sirve para extraer los minerales adheridos a las rocas.

“Siempre voy con la idea de ver qué encuentro”, relata. Aunque al emprender el regreso tenga que sacrificarse, como la vez que encontró un cuarzo amatista de 35 kilos en Utah, Estados Unidos, y para poder traerlo tuvo que comprar una maleta especial.

Minerales, su especialidad

Scott Baxter guarda estas reliquias preciosas en gabinetes. Algunos en la sala y otros escondidos en sitios oscuros, debido a que son sensibles a la luz y al calor.

A menudo suele limpiarlos y sentirse en medio de un jardín. Lo hace con una brocha y con especial cuidado porque son muy delicados. “Aunque pueden ser restaurados pierden su valor científico”, explica.

Baxter dice que es más fácil hallar una pintura antigua que un cristal, debido a que son muy frágiles.

Él parece haber estudiado a profundidad cada uno de los minerales que forman su colección. De la vanadinita, traída de Marruecos, comenta que es una pieza de cristales gruesos poseedora de uno de los rojos más intensos que ha creado la naturaleza.

De la malaquita, procedente de una zona minera de Zaiere, África, dice que es un mineral de cobre y carbonato y en épocas pasadas se utilizaba para decorar los salones de los zares. De la eritrina, extraída en la localidad de Azzer, Marruecos, detalla que es dueño de uno de los violetas eléctricos más espectaculares.

Este geólogo conoce tantos detalles sobre el mundo mineral. Relata que los ejemplares más perfectos son los pequeños, debido a que en su interior se forman una serie de jardines en miniatura que resultan grandiosos al ojo humano.

Agrega que existen, por lo menos, unos 5,000 minerales distintos, pero entre estos las variedades son inmensas. Entre los más comunes se encuentran el cuarzo y los carbonatos como la calcita.

La pasión que un día llegó a Scott Baxter, hace más de cuarenta años, lo convierte ahora en el dueño de un gran tesoro que él suele definir como “un mundo mágico congelado en el tiempo”.

Desde las profundidades
El geólogo Scott Baxter comenta que los minerales se van formando a lo largo del tiempo. Algunos lo hacen de forma simultánea a las rocas y otros posteriormente, cuando éstas se rompen y se crean fracturas por las que pasan soluciones calientes y allí comienzan a nacer estos elementos.
Así van creciendo los diferentes tipos de cristales. A veces sucede, refiere Baxter, que los cambios de temperatura y de soluciones hace que algunos minerales sean reemplazados por otros.
Según él, los minerales se hallan al hacer una veta en la superficie de la tierra y al escarbar. “Uno puede trabajar durante años y no ver un solo cristal, pero un día de tantos descubrir un agujero lleno de piezas extraordinarias”, dice. Significa que no es fácil encontrarlos.

Ágata rodeada de cuarzo amatista
Procede de Alemania y se trata de una doble ágata denominada “ojos de búho”. Se encuentra como una pieza semirredonda, pero cuando es cortada y pulida se descubre esta interesante formación.

Pirita
Este compuesto de hierro y azufre proviene de Logroño, Ucrania, y el cubo perfecto se halla encajado en la roca madre. Se le conoce como oro de tontos, debido a que suele confundirse con este metal.

Cobre nativo
Puede encontrarse en grandes masas en el distrito minero de Keweenah, Michigan, Estados Unidos, de donde proviene este ejemplar. La pieza muestra oxidación verde en la superficie.

Fluorita
Está constituido por flúor y calcio muy rico en colores y formas. Este ejemplar procede de Mount Odarusa, Mamibia, África, una localidad famosa por los espectaculares minerales encontrados.

Dioptasa
Formado por silicio y cobre es en el mundo mineral el que tiene el color verde más intenso. Es muy raro encontrar sus formaciones cristalinas. Esta pieza procede de Tsumeb, Namibia, África.

Vanadinita
Mineral de cloro, vanadio y plomo. Da lugar a una de las más formidables formaciones de cristales rojo intenso. Se forma sobre todo en Miblad, Marruecos, de donde proviene este ejemplar.

 




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