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Edición
del 20 al 26 de junio de 2004


Una alianza de comerciantes,
agricultores y transportistas
intenta trazar una carretera a través el corazón
del Parque
Madidi en Bolivia. El gobierno se opone.
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El
capibara, el roedor más grande, es habitante
de la reserva natural del Parque Nacional Madidi. |
Habitantes
de la población de Apolo, al noroeste de Bolivia, están
dispuestos a abrir con motosierras una senda a través
de la reserva natural del Parque Nacional Madidi, mientras
el gobierno y grupos defensores de la biodiversidad alegan
que ese camino beneficiaría sobre todo a los explotadores
ilegales de madera.
La reserva, considerada una de las más importantes
del planeta, está amenazada de muerte desde que 140
personas comenzaron a cortar todo lo que estaba en su camino
en línea recta hacia la vecina población de
Ixiamas, según información oficial.
Esa acción fue impulsada por una alianza entre organizaciones
cívicas, asociaciones de agricultores con dirigentes
muy politizados, transportistas de la región y comerciantes
de alimentos y bienes de consumo.
La apertura de vía es cuestionada por el estatal Servicio
Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) porque atravesaría
la parte central del parque y destruiría las cabezas
de cuencas y nacientes de ríos localizados en zonas
de elevados niveles de precipitación fluvial.
Las poblaciones urbanas de Apolo e Ixiamas son 2,123 y 5,625
habitantes, respectivamente.
Un camino en la zona provocaría grandes deslizamientos
de tierra y afectaría a las fuentes de agua con las
cuales se benefician los cultivos de pobladores de las llanuras,
aseguraron a Tierramérica representantes del Sernap.
A lo largo del trazado del camino que se quiere abrir no hay
asentamientos humanos que se puedan beneficiar con él,
y especialistas en conservación temen que grupos de
explotadores ilegales lo usen para acabar con árboles
en extinción como el de mara o caoba (Swietenia macrophylla).
Arturo Bowles, gerente general de la Cámara Nacional
Forestal, que agrupa a empresas madereras, aseguró
a Tierramérica que sus afiliadas respetan las normas
de conservación y que ninguna tiene concesiones en
la zona del Parque Madidi.
Esa reserva fue creada por el gobierno en 1995, con un área
de 18,957 kilómetros cuadrados, a instancias de organizaciones
defensoras de la naturaleza como Conservación Internacional
(CI).
Está entre las provincias Franz Tamayo e Iturralde,
al norte del noroccidental departamento de La Paz, y a su
alrededor hay otros parques nacionales como el Manuripi Heat,
el Área Natural de Manejo Integrado Apolobamba y la
Reserva de la Biósfera Pilón Lajas. Al oeste
limita con Perú.
La zona es variada en alturas, y su escarpada orografía
guarda nieves permanentes, puna, bosques de nieblas, bosque
tropical seco, bosque tropical lluvioso amazónico,
y sabanas o pampas, indica CI en un informe.
Unas mil especies de aves, o sea once por ciento del total
mundial, se dan cita en esos parajes, al igual que mamíferos
de gran tamaño como el jaguar (Panthera onça),
el oso de anteojos o frontino (Tremarctos ornatus), el tapir,
anta o danta (Tapirus terrestris) y varias especies de primates,
añade.
Las especies vegetales registradas por el gobierno son 4,739.
El destino del parque parece ligado al frecuente dilema “conservación
o desarrollo”, pero el director del Sernap, Óscar
Loayza, aseguró a Tierramérica que “es
un deber irrenunciable e innegociable mantener el patrimonio
natural de la nación”.
Los habitantes de Apolo e Ixiamas aseguran que su proyecto
no afecta a la riqueza forestal y reclaman la integración
vial entre ambas poblaciones.
El Sernap sostiene que esa demandada no se justifica, porque
Apolo e Ixiamas tienen una producción idéntica.
Loayza atribuyó el reclamo al interés de sectores
ajenos al área protegida, “que tienen diversos
fines incompatibles con la existencia del Madidi, a diferencia
de las poblaciones que tradicionalmente lo han habitado y
que han permanecido silenciadas”.
Entre los grupos originarios que hasta ahora no expresaron
su posición sobre el conflicto, se cuentan el centenar
de integrantes de la comunidad araona y los cinco mil de la
tacana.
Los araona viven bajo presión de explotadores forestales
y recolectores furtivos de castañas, en una superficie
de 92 mil hectáreas reconocidas por el gobierno en
1992 como Tierra Comunitaria de Origen.
Dirigentes de esa comunidad piden la ampliación de
ese territorio para frenar la amenaza permanente de las empresas
forestales y los rescatadores de madera llamados cuartoneros.
Los tacana suman a esos problemas su dispersión territorial.
La semana pasada, antes de que los pobladores de Apolo rompieran
un diálogo con el gobierno, las autoridades departamentales
de La Paz propusieron, con respaldo del Sernap, el trazado
alternativo de un camino entre Apolo e Ixiamas, pasando por
las poblaciones de Machua, Tres de Mayo, Mamacona y San José
de Uchupiamonas, con una longitud de 190 kilómetros.
El diálogo se interrumpió el cinco de junio,
cuando el Sernap señaló en un documento técnico
que el parque correría riesgos si un camino lo atravesara,
pero ahora se declaran dispuestos a volver a negociar.
El
autor es colaborador de Tierramérica
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