Edición del 20 al 26 de junio de 2004

En la villa de Agua Caliente, en Chalatenango, se encuentra
María Higinia Pineda de Quintanilla, quien a sus 53 años es una de
las 21 mujeres que se encargan de repartir las cartas del tradicional
servicio de correos.

Orsy Campos
Fotos: Arely Umanzor

Aunque de sus hombros no cuelgan los grandes carterones de cuero repletos de misivas, doña María Higinia Pineda es la cartera del pueblo, y todos la conocen como la portadora de las buenas o de las malas noticias.

Con su andar a veces presuroso y en otras ocasiones lento, ella recorre casi todo el poblado, y conoce palmo a palmo las direcciones, así como a las personas a quienes les entrega las cartas que vienen de cualquier parte del mundo.

Con un trajín que puede durar desde una hora hasta todo el día, esta peculiar mujer de figura robusta y de carácter fuerte se ve pasearse de un lado a otro para entregar decenas de cartas o en algunas ocasiones los recibos del servicio de agua.

Ya sea temprano en la mañana, a pleno sol o bajo la lluvia, esta cartera reparte la correspondencia en la villa de Agua Caliente desde hace 18 años, tiempo durante el cual se ha ganado la confianza y la simpatía de la población.

El inicio de todo

Con una conversación de intensas preguntas y respuestas cortas, María Higinia nos cuenta sobre su vida y de cómo llegó a ser auxiliar de reparto de la Dirección General de Correos de El Salvador.

María Higinia Pineda es una mujer entusiasta que se entrega a su trabajo, sin descuidar los quehaceres de su casa.

“En 1986 había fallecido el cartero del pueblo, don Rafael Santamaría, y sólo había quedado la jefa de oficina, María Luisa Barahona.

Entonces le dije al diputado Roberto Serrano, del Partido Demócrata Cristiano, que era amigo de mi esposo, que me consiguiera trabajo.

Yo me dedicaba al hogar, pero también hacía curaciones, inyectaba... Es que estudié enfermería por correo durante un año, y aprendí, no todo, pero por lo menos a inyectar y a curar heridas.

Es que vi el anuncio en el diario, mandé una carta y el pago mensual, entonces ellos me enviaban los libros y los exámenes. Yo sólo estudié hasta sexto grado, pero de aquellos años.

Tengo seis hijos, cinco varones y una mujer. Mi esposo Sigfredo Quintanilla trabajaba de tractorista.

El diputado me consiguió este trabajo de cartera. Y cuando me dijeron, pensé: Así voy a sacar adelante a mis hijos... y uno se siente feliz de que le van a dar trabajito. Yo tenía 35 años, y mi esposo estaba de acuerdo con que yo trabajara.

María Higinia muestra el uniforme de correos que no le talló.

Era mi primer empleo y entré con un sueldo de ¢800. No sentí ninguna pena en repartir cartas. A mí me gusta porque mis amistades me tratan bien, son muy amables y contentas.

La jefa se fue en un decreto, luego quedó don José Alfonso López, pero fue trasladado al Coyolito; desde entonces estoy a cargo de la oficina.

La gente cuando lo ve a uno se alegra, se ve que lo espera a uno, más cuando tienen familiares en Estados Unidos... Cuando son cartas de cobro a veces se enojan y no quieren recibir la correspondencia, y yo les digo que no me las puedo llevar de regreso.

Una mala noticia que di, porque me contaron después, fue que el papá de alguien estaba detenido en el extranjero.

Yo todos los días me levanto a las cinco de la mañana, a veces a las cuatro y media. A la oficina entro a las 7:30 a.m., hago limpieza y espero a los clientes. A veces vienen a diario desde una hasta diez cartas o paquetes.

A las dos de la tarde me voy al Coyolito, ya sea para dejar o retirar correspondencia, y cuando regreso las reparto o lo hago al día siguiente en la mañana. Voy al Coyolito porque ahí pasa el conductor de correos todos los días.

Todos los jueves me pongo en la esquina de la iglesia, porque es día de comercio, y espero a que lleguen los que viven en los cantones y caseríos, y me pongo a preguntar si han venido los destinatarios de las cartas para entregarlas.

María Higinia es un personaje popular en Agua Caliente.

Me canso y me duelen los pies, pero es un trabajo que tiene que realizarse... Cuando llego a mi casa tengo que cocinar y hacer oficio. Usar bicicleta... ¡ay, no!, prefiero caminar.

Yo no uso internet, aquí no hay... Las cartas han disminuido bastante, yo creo que por los teléfonos; hasta en los cantones hay, pero no creo que desaparezca el correo, porque hay mucha gente que no tiene internet y porque las cartas siempre son necesarias”.

Satisfecha con el trabajo que realiza, María Higinia sale de su oficina de casi tres metros cuadrados para iniciar su recorrido casa por casa y repartir las cartas.

Aunque no usa el carterón y el uniforme correspondiente de cartero porque no le talló bien, los pobladores de Agua Caliente ya saben que esa mujer es la que lleva y trae las buenas o las malas noticias del pueblo.

El correo nacional

• El servicio postal salvadoreño viene funcionando desde los tiempos coloniales y como servicio público desde 1847.

• La Dirección General de Correos tiene 256 carteros y 21 mujeres carteras.

• El rango de edades de los carteros, incluyendo mujeres, es desde los 30 años hasta los 50 años.

• A pesar del avance de la tecnología y el servicio privado de mensajería, los correos públicos siguen brindando servicios con una leve disminución en la entrega de cartas y paquetes, aunque por el momento no se vislumbra su desaparecimiento.

 



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