|
Edición
del 20 al 26 de junio de 2004

La
iniciativa de la hermana Eliana Rodríguez pule los
talentos
musicales de pequeños con discapacides y de empleados
del
hogar del niño minusválido abandonado “Padre
Vito Guarato”.
| 
|
Ella,
la hermana Eliana, como le llaman los mayores, y “mami”,
como le dicen los pequeños del hogar del niño
minusválido “Padre Vito Guarato”, acompaña
con las notas de su guitarra las melodías del coro
que siempre soñó dirigir.
Es un proyecto que da sus primeros pasos. Las clases de canto,
impartidas por el solista de música cristiana Ángel
Gutiérrez, están moldeando las voces de los
vocalistas y los ensayos constantes con la batería,
el contrabajo y las guitarras ya comienzan a afinar las notas
que acompañan la letra.
No se trata de un gran conjunto de cantantes que interpretan
melodías exclusivas, pero esa iniciativa y ese esfuerzo
que pone cada miembro al momento de presentarse en la capilla
del hogar llega incluso a impactar al más duro de corazón.
Minutos antes de ofrecer sus piezas musicales, durante la
misa matinal y la reunión de la tarde para el rosario,
los integrantes más pequeños (diez en total)
entran por la puerta de la capilla con el entusiasmo brillando
en sus ojos.
Algunos llegan en sus sillas de ruedas, otros caminan con
cierta dificultad física, pero con la alegría
dibujada en sus labios. Se colocan junto a los demás
que componen el grupo, adultos empleados del hogar, y el entusiasmo
comienza a reinar en el ambiente.
Anita Altamirano, una pequeña de cuatro años
que padece de hidrocefalia y parálisis en las piernas,
apenas puede pronunciar las estrofas de los cantos; sin embargo,
cuando no se sabe la letra calla con atención y palmea
sus manitas.
“Es que hemos elegido a los niños que pueden
hablar”, refiere la hermana Eliana. Maritza Bautista,
otra niña de ocho años, tampoco puede levantarse
de su silla de ruedas. Desde allí interpreta con gozo
el canto religioso “Él tiene poder”. “Cada
vez que lo hago me siento alegre”, musita.
| 
|
| Guille
tiene diez años, síndrome
down y a veces toca la batería
en las presentaciones. |
Otros
pequeños no sólo están luchando por cantar,
sus habilidades para los instrumentos de percusión
han comenzado a descubrirse.
Guille y Juancito, el primero con síndrome down y el
segundo con retraso mental, intentan acompañar las
letras al arrancarle sonidos a los tambores.
Anhelo cumplido
Hasta el 2003, los cantos que amenizaban las misas en la capilla
estaban a cargo de otros grupos que eran invitados por el
hogar.
Los sueños de la hermana Eliana seguían sin
cumplirse; de lo único que disponía para formar
un coro era una guitarra y la idea de que el mejor medio de
evangelización es la música.
Ella siempre había sentido que los niños con
capacidades especiales tienen gran facilidad para cantar y
aprender, y además tenía la inquietud de involucrar
al personal en el coro de sus sueños. Hasta que un
día de diciembre del año pasado, luego de haber
solicitado los instrumentos musicales, estos llegaron hasta
la puerta del hogar.
Fueron donados por los empleados de Seguros e Inversiones
(SISA). “Recuerdo que a mí y a los niños
nos impresionó tanto ver una batería completa
y seis guitarras”, dice la hermana Eliana. Desde entonces
ya no tienen que invitar otros grupos para amenizar las misas
en la capilla.
Las veinticinco personas que integran el coro se reúnen
para interpretar y acompañar los cánticos religiosos
en las misas y el rosario ante más de cien espectadores,
entre personas minusválidas, trabajadores y religiosas
del hogar.
| 
|
| La
hermana Eliana repasa las cuerdas de la guitarra junto
a dos niños que integran el coro. |
Presentaciones
externas han tenido una sola en la iglesia El Carmen, de San
Salvador, durante la celebración del decimoséptimo
aniversario de la fundación de la casa “Padre
Vito Guarato”
La hermana
Eliana, con su semblante pacífico y vestida con su
atuendo blanco hasta la punta de los pies, los acompaña
con una de las guitarras.
Por momentos suele verlos de reojo. “Yo les he dicho
(a los que componen el coro) que pueden llegar muy lejos”,
comenta.
—¿Hasta dónde quiere llegar con este proyecto?
—le interrumpo. Al principio su imaginación vuela.
“Sería interesante presentarnos en otras iglesias”,
dice. Después parece rectificar, “pero la evangelización
empieza en casa”.

"Nadie
es profeta en su propia tierra”, y a la hermana Eliana
esta frase le suena a la perfección. De nacionalidad
brasileña y enamorada de las obras humanitarias, esta
religiosa de 33 años comparte su vida con los moradores
del hogar del niño minusválido abandonado “Padre
Vito Guarato”.
| 
|
| Monumento
al Ángel de la Independencia, de gran valor para
los mexicanos. |
A ellos
se ha entregado en cuerpo y alma. Su labor va más allá
de enseñar a rezar a los niños; se levanta de
madrugada para asistirlos en actividades como la comida, la
recreación y el aseo personal.
Atiende a los pacientes en el área de enfermería,
pues sus conocimientos como estudiante de esta carrera se
lo permiten. Además ensaya y dirige el coro “Padre
Vito Guarato”, proyecto que anheló desde que
conoció la vida religiosa.
Nació en una zona del estado de Minas Gerais. “Éramos
una familia muy humilde en lo material, pero muy rica en lo
espiritual”, relata. Creció entre los cultivos
de arroz, maíz, piña, sandía y mandioca;
a veces ayudaba a su padre en los trabajos del campo.
A los doce años se trasladó a Belo Horizonte,
capital de Minas Gerais, donde estudió en un colegio
de monjas, cantaba en grupos de la iglesia y a veces escribía
poesía espiritual y tocaba la guitarra que con esfuerzo
le había comprado su padre.
Al finalizar el octavo grado ingresó al convento “Hijas
de Nuestra Señora del Monte Calvario”. “Eso
me ayudó a definir lo que quería”, comenta.
De los años en que transcurrieron el aspirantado, el
postulantado y el noviciado recuerda el encierro, los días
de silencio, los nuevos hábitos de estudio y oración,
la contemplación y la misión que ella eligió
en El Salvador.
Tomar esa decisión no fue fácil. Un día,
mientras se encontraba reunido el grupo de las novicias, la
madre provincial, encargada de todas las comunidades, les
dijo que quería una candidata para trabajar en El Salvador.
Pasaron los minutos y ninguna de las novicias demostraba su
interés por viajar a ese país que ellas identificaban
por el recién pasado conflicto armado. A la hermana
Eliana Dios le dio el deseo. “Yo quiero ir”, le
dijo a la madre provincial.
El 28 de enero de 1995 arribó a su destino, del que
no sabía nada más que su misión era con
los niños, y para ella eso era suficiente. Nueve años
han pasado desde entonces y ha aprendido a amar a sus hijos,
quienes suelen llamarle “mami”.
De allí no sale más que a la universidad donde
cursa la carrera de enfermería o cuando asiste a algún
retiro o llevan los niños a algún sitio recreativo
o a comer. “Me gusta estar aquí. Nosotras no
debemos elegir donde estar, sino aceptar”, resume.
El trabajo en el coro es una actividad que le llena el alma
de entusiasmo. Después de cantar y tocar la guitarra
durante el rosario, en un día cualquiera, ella atiende
a los enfermos y carga en sus brazos a los más pequeños.
“Hasta cuando Dios lo permita voy a entregarme a los
niños gota a gota”, detalla
| Actividades
del coro
• El coro “Padre Vito Guarato” es
dirigido por la hermana Eliana Rodríguez y está
integrado por veinticinco personas: diez niños
con capacidades especiales y quince empleados del hogar.
• Ellos se presentan en la capilla del hogar “Cristo
sufrido” durante las misas de siete de la mañana
y el rosario los días de semana, y la homilía
dominical.
• Se caracterizan por interpretar cantos religiosos
como “Él tiene poder”, “Maná”,
“La paz”, “Espíritu Santo”,
“Acto penitencial”, “María,
tú”, entre otros.
|
|