| Edición
del 18 al 25 de julio de 2004


Brasil
vuelve a poner acento en hidroenergía, estrategia que
ya
desplazó a un millón de personas.
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Brasil
construirá centrales hidroeléctricas bajo
nuevas reglas.
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Para enfrentar
su creciente demanda de energía, el gobierno de Brasil
receta la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas,
que en el pasado le causaron varios conflictos ambientales
y sociales. Sin embargo, ahora promete que todo será
diferente.
Está en marcha un nuevo modelo con el que
espera estimular las inversiones para hidroeléctricas
que serán sometidas a una estricta evaluación
y previendo todos los problemas, aseguró a Tierramérica
el secretario ejecutivo del Ministerio de Medio Ambiente de
Brasil, Claudio Langone.
Hasta ahora, las centrales hidroeléctricas fueron aprobadas
por la autoridad energética sin considerar posibles
problemas sociales y ambientales que estallaban luego, incluso
encareciendo el proyecto original por paralizaciones e indemnizaciones
a los afectados, reconoció Langone.
La mitad de las grandes centrales hidroeléctricas aprobadas,
algunas de ellas aún en construcción, están
bloqueadas por acciones judiciales, en la mayoría de
los casos por problemas ambientales.
El Movimiento de los Afectados por Represas (MAB, por sus
siglas en portugués) calcula que 300.000 familias,
integradas por un millón de personas en total, fueron
desplazadas por embalses hidroeléctricos en Brasil.
Por ello, esa organización impulsa cambios en la política
energética, rechazando las grandes centrales que según
afirma, ya inundaron 34 mil kilómetros cuadrados
de tierras fértiles, expulsando así a
miles de agricultores.
Langone sostiene que el nuevo modelo, que insiste en la construcción
de hidroeléctricas, es muy positivo en la cuestión
ambiental y social, pues atenderá esos frentes
con una estricta evaluación previa.
El nuevo modelo prevé estudios de impacto ambiental
de forma integrada, por cuencas hidrográficas,
y no proyecto por proyecto, como se ha hecho hasta ahora.
Según el funcionario, eso permitirá identificar
los puntos de mayor sustentabilidad en cada cuenca,
y abrirá paso a una planificación para el mejor
aprovechamiento con los menores efectos indeseables.
La transición será difícil,
por la urgencia de incrementar la oferta de energía
con mayor celeridad y la herencia de concesiones con problemas
ambientales y judiciales, señaló Langone.
La ministra de Minas y Energía, Dilma Rousseff, confirmó
que la fuente hidráulica se mantendrá como la
más importante para el sistema energético brasileño
en las próximas décadas.
Esa prioridad es bienvenida, por ser más sustentable
que la termoelectricidad a gas natural que viene aumentando
en Brasil con los planes de emergencia impulsados desde la
crisis de 2001, opinó Emilio la Rovere, profesor de
Planificación Energética en la Universidad Federal
de Rio de Janeiro.
Para Delcio Rodrigues, investigador asociado de la organización
no gubernamental Vitae Civiles construir hidroeléctricas
es bueno por un lado, porque es una fuente renovable
que tiende a ser más barata con el tiempo.
Pero no está claro cómo tratará
el gobierno la cuestión de los efectos ambientales
y sociales, observó.
Al poner acento en la construcción de hidroeléctricas,
estrategia brasileña expuesta en la Conferencia Internacional
sobre Energía Renovable realizada en Bonn a comienzos
de junio, el país abandonó el liderazgo internacional
que venía ejerciendo en favor de nuevas fuentes
renovables, lamentó Rodríguez, quien es
además un físico experto en energía.
No obstante, reconoció que Brasil avanza también
en ese terreno, con el Programa de Incentivo a Fuentes Alternativas.
Ese programa tiene como meta, en su primera fase, agregar
3,300 megavatios al sistema eléctrico nacional a partir
de 2006, cuyas fuentes serán, en partes iguales, eólica,
biomasa y pequeñas centrales hidroeléctricas.
Pero falta un pensamiento estratégico,
que defina para quiénes y para qué sectores
se generará más electricidad, es decir qué
industrias se quiere desarrollar y abastecer con energía
más barata, sostuvo Rodrigues.
Su temor es que la nueva política se limite a incrementar
la oferta para asegurar el crecimiento económico, con
un desarrollismo a cualquier costo que no se preocupe
de la conservación de energía.
Brasil es un país singular y privilegiado en términos
energéticos, beneficiado por el mayor flujo mundial
de agua en sus ríos y por la fotosíntesis que
le permite producir mucha biomasa.
Setenta y siete por ciento de su capacidad generadora de electricidad,
con potencia instalada de 88 millones de kilovatios, proviene
de fuente hidráulica, renovable y barata.
Pero esa disponibilidad de recursos no impidió que
el país sufriera en 2001 graves problemas de suministro
de energía, que sólo se superaron con ocho meses
de racionamiento y estímulos al ahorro, y cuya reiteración
aún se teme si la economía crece sin las inversiones
necesarias en el sector eléctrico, que según
cálculos del gobierno deben ser más de 2.000
millones de dólares por año.
El
autor es corresponsal de IPS.
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