Edición del 18 al 25 de julio de 2004

En América Latina, el Caribe y en el resto del mundo, los tabúes ya
no pueden ser obstáculos en la lucha contra el sida. Sólo un liderazgo
fuerte y valiente puede hacerles frente.

David de Ferranti
y Jean-Louis Sarbib 


El flagelo del VIH/SIDA sigue al acecho, y los países de América Latina no son la excepción. En la región, actualmente dos millones de personas viven con el virus y éste ha causado la muerte de otras 600.000.

En promedio, se estima que uno de cada 200 adultos tiene la enfermedad, aunque en algunos lugares la tasa es muy superior.

Además se calcula que seis por ciento de los adultos está infectado en Haití y alrededor del dos por ciento de toda la población del Caribe, tasas sólo superadas en el África Subsahariana.

En Argentina, la incidencia es de 0,70%, y en Chile y México de 0,30%. Bolivia, por el contrario, reporta hasta ahora tasas de infección inferiores al 0,1%, aunque el número de casos no reportados en algunos países es importante dado el estigma que todavía conlleva el ser seropositivo.

Si no logramos enfrentar la amenaza con acciones decididas, el mundo corre el riesgo de pagar un precio terrible en términos humanos, sociales y económicos.

Por ello, líderes y expertos de la comunidad internacional se dieron cita en la XV Conferencia Internacional sobre Sida, que se celebró en Bangkok, a fin de encontrar soluciones y respuestas.

Los representantes de América Latina y el Caribe llegaron a la reunión con experiencias y resultados diversos.

Brasil fue pionero en la creación de alianzas entre el gobierno y la sociedad civil, lo que incluye organizaciones que representan a los grupos de alto riesgo, para promover la educación sobre el sida y reducir de manera efectiva las tasas de nuevas infecciones.

Más recientemente, cuando hizo su aparición la terapia antirretroviral, Brasil fue líder en su adopción generalizada, lo que ha tenido su recompensa en cuanto a la reducción del número de personas hospitalizadas y la incidencia de infecciones secundarias (y se estima además que se han ahorrado más de mil millones de dólares en costos en el presupuesto destinado a salud).

Argentina busca ofrecer terapia antirretroviral gratuita a aquellos cuyos exámenes den resultados positivos y ha estado ampliando los servicios de consejería y exámenes, lo que ha incentivado a muchas personas a asistir a los centros y a tomarse en forma voluntaria el examen del VIH y llevar a cabo el posterior seguimiento.

Por su parte, las islas del Caribe han adoptado en forma colectiva un plan de acción estratégico a nivel regional, que han adoptado como base para sus propios planes individuales a nivel nacional.

Grandes desafíos

A pesar de estos logros, aún quedan grandes desafíos. Los países que todavía no adoptan una protección efectiva y realista enfrentan costos potencialmente enormes, como el aumento en los gastos de salud, pérdidas de salarios por parte de quienes viven con la enfermedad y de quienes los atienden, más el inevitable impacto a nivel nacional.

Una preocupación alarmante es la creciente “feminización” de la epidemia. El porcentaje de mujeres infectadas crece rápidamente, y en Brasil, por ejemplo, había 25 hombres infectados por cada mujer a principios de los 80,
pero ya en 2003, esa relación había disminuido a sólo 1,7:1. En Guyana, Haití, Honduras, Suriname y República Dominicana, el 50% de los adultos infectados son mujeres.

En Trinidad y Tobago, cinco veces más muchachas que muchachos (entre 15 y 19 años) son VIH positivo. La transmisión heterosexual es el principal canal de contagio de la epidemia en el caso de las mujeres.

Para avanzar en la lucha contra el VIH-SIDA es fundamental contar con un liderazgo decidido para romper con los tabúes públicos y forjar respuestas efectivas que combinen la prevención con el tratamiento.

En la mayoría de los países aún queda espacio para una participación mayor de las organizaciones de la sociedad civil, las cuales suelen tener más posibilidades de llegar a los grupos socialmente marginados.

Asimismo, las nuevas infecciones sólo se podrán reducir de manera sustancial mediante un amplio acceso a terapia antirretroviral aparejada de mayores esfuerzos de prevención. Esto implica sistemas confiables de financiamiento y prestación de salud efectiva, y también exige negociar precios convenientes para estos importantes medicamentos. 

Por otro lado, es necesario que los países fortalezcan sus sistemas de evaluación y monitoreo para poder contar con información exacta y oportuna sobre la incidencia de la enfermedad. Para respaldar una mayor vigilancia de la epidemia es necesario además actualizar las redes de laboratorios y equiparlos con las herramientas necesarias para realizar exámenes modernos.

Si queremos disminuir la creciente feminización de la enfermedad y satisfacer las necesidades de una cantidad cada vez mayor de mujeres infectadas, los gobiernos y la sociedad civil deberán encontrar mejores formas de abordar los factores biológicos, económicos, sociales y culturales que ponen a las mujeres en una situación de mayor vulnerabilidad.

Y es que las mujeres siguen enfrentando la falta de acceso a información y servicios de prevención, servicios de tratamiento inadecuados y patrones culturales que les impiden tomar el control total de su propia vida sexual.

David de Ferranti es vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, y Jean-Louis Sarbib es vicepresidente de Desarrollo Humano en el Banco Mundial.



1995 - 2004. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com