Edición: 18 de abril de 2004

La relajación es reconocida como una importante herramienta para mejorar
el funcionamiento de la salud, así como una gran aliada en el campo de la estética.

Karina Stern
DPA

La relajación, una importante herramienta para mejorar el funcionamiento de la salud y una gran aliada en el campo de la estética.

Un estado de armonía mental y espiritual se refleja en un aspecto físico más saludable, coinciden los expertos en belleza.

Dentro de esta área, uno de los métodos clave para alcanzar ese estado armónico es, desde hace siglos, el ritual del baño.

El agua, símbolo de la purificación y de la transparencia, resulta un vehículo ideal a la hora de sumergir la mente y el cuerpo en un estado de relajación profunda, que deriva en una sensación posterior de revitalización y de mayor energía.

Aunque cuando se habla de relajación, el baño de inmersión es la “vedette”, ese estado no es el ideal para arrancar una jornada de actividad intensa, sino para cerrarla. Una ducha tonificante por la mañana, en cambio, tendrá un efecto benéfico a lo largo del día.

Los especialistas aconsejan hacer de este hábito por lo general puramente higiénico y rutinario un modo de “inyectarse energía” a través de un par de fáciles técnicas. Se recomienda utilizar agua templada y, siempre que la temperatura exterior lo permita, alternar brevemente chorros de agua fría sobre todo el cuerpo.

En lugar de dejar impactar el agua sobre la coronilla y derramarse en forma “adormecedora” sobre el resto del cuerpo también se aconseja enfrentar el chorro con el rostro y la parte frontal del cuerpo, para “despertarse” más fácilmente.

Un par de gotas de ciertos aceites esenciales colocados en una esponja o guante de baño, masajeando ligeramente el cuerpo bajo el agua, permitirán un mayor despeje a través de la inhalación y de la activación de la circulación sanguínea.

Se recomiendan los aceites cítricos como pomelo, limón o naranja, así como el eucalipto para una mejor descongestión de las vías respiratorias.

En el momento de disminuir la actividad, el baño de inmersión es, ciertamente, una de las mejores formas de alcanzar el estado de relajación ideal para conseguir un sueño reparador por las noches.

También en este caso la temperatura del agua debería no ser extremadamente caliente, dado que esto podría provocar deshidratación, sequedad de la piel y hasta baja de presión arterial. Tampoco conviene sumergirse con el estómago lleno, y el ambiente exterior debería ser lo más tranquilo posible, si es posible con velas o una luz moderada y una música agradable.

Poco tiempo en la bañera

En las grandes ciudades, donde el agua suele ser muy calcárea o clorada, no se recomienda permanecer dentro de la bañera más de 20 minutos.

Durante todo el proceso, la mente, indican los especialistas, debería estar lo más “en blanco” posible, alejando los pensamientos negativos y dejando para otro momento la resolución de problemas y los cálculos complicados.

Entre los complementos ideales del baño de inmersión figuran las espumas y sales perfumadas, las hierbas aromáticas y los aceites esenciales.

Mientras que el baño de espuma da una sensación de limpieza y purificación total, las sales pueden tener propiedades aromaterapéuticas si son perfumadas con aceites esenciales naturales.

Lo mismo sucede con el agregado al agua del baño de unas pocas gotas de estos aceites que se obtienen mayormente por destilación, maceración o extracción con solventes de diversos vegetales, y que, contrariamente a lo que su nombre indica, por lo general no poseen consistencia oleosa y no dejan residuos en la piel. Si en lugar de puros se aplican diluidos en algún vehículo de consistencia aceitosa, unas gotas de champú agregadas al agua bastarán para contrarrestar su residualidad en la piel.

 



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