Edición: 18 de abril de 2004

Las manos de un experto y el análisis químico en el laboratorio detectan
los nutrientes presentes en los suelos y el manejo que se debe dar a los cultivos.

Morena Rivera
Fotos: Arely Umanzor

La presencia de por lo menos trece minerales en el suelo ayuda al buen desarrollo de las plantas.

¿Sabía usted que el verde intenso de los vegetales y la dulzura y el tamaño de los frutos están muy relacionados con los minerales que se hallan en el suelo al momento de sembrar una planta?

El fósforo desarrolla las raíces y acelera la maduración de los frutos, el potasio les brinda el color y la dulzura, el azufre les da el sabor característico y el zinc estimula la floración, sólo por mencionar algunos ejemplos.

Por lo menos trece elementos intervienen en el proceso de crecimiento, floración y producción de un cultivo, y cuando no todos están presentes en el suelo algunos deben obtenerse con la fertilización.

El Laboratorio de Suelos del Centro de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA) investiga el estado nutricional de los suelos a través de un análisis físico-químico.

“Si alguien quiere tener éxitos en sus cultivos es necesario que conozca la fertilidad del suelo”, dice Quirino Argueta Portillo, técnico del Laboratorio de Suelos y especialista en el manejo y en la fertilidad del suelo.

Las muestras que ingresan al Laboratorio se sacan de cinco o siete perforaciones hechas en el mismo terreno, mientras que la profundidad de la que se extraen depende del tipo de cultivo.

Para caña de azúcar la muestra debe tomarse de entre cero a 30 centímetros, para el pasto de cero a 10, para frutales de cero a 20 y de 20 a 40 y para hortalizas y granos básicos de cero a 20. Esto debido a que el 80% de las raíces que consumen nutrientes permanece a esa profundidad.

Análisis físico-químico

Quirino, quien ha desarrollado experiencia en el análisis físico del suelo, detalla que el 87% de la superficie de la corteza terrestre salvadoreña es de origen volcánico, muy rico en calcio, magnesio y silicio. Sobre ella se desarrolla una agricultura intensiva, y es donde se encuentran las plantaciones de café y de caña de azúcar.

Las cantidades de nutrientes de un fruto dependen mucho de la fertilidad del suelo. Este análisis se realiza en el Laboratorio de Química Agrícola del CENTA.

Después de secar, moler y colar las porciones de suelo, Quirino debe dar su aporte al análisis físico. Moja la tierra y la mezcla en su mano para sentir lo pegajoso o lo poroso, escuchar el casi imperceptible sonido que hacen los granos de arena, limo y arcilla al frotarse y observa la textura que va tomando el polvo.

“Identificamos doce tipos de texturas”, comenta. Y estos van a depender de la combinación de diversos porcentajes de limo, arena y arcilla.

Luego este proceso puede o no comprobarse con el análisis “textura de Bouyoucos”, con el que se mide la temperatura y la densidad de los sólidos en el agua y al final se determina el tipo de textura de la muestra.

Este examen, aunque no identifica los nutrientes del suelo, juega un papel importante para el manejo de riego y la frecuencia y dosificación de fertilizantes que deben aplicarse a las siembras que también contribuyen a la nutrición de éstas.

Pero el análisis más importante, considera Quirino, es el químico porque permite detectar cuántos y qué cantidad de minerales alberga la tierra. “La buena nutrición del suelo asegura calidad y rentabilidad al productor”, agrega.

Dentro de los elementos que en primer lugar se examinan se hallan el nitrógeno, el fósforo y el potasio. Los tres son básicos para el desarrollo de los cultivos, y aunque otros elementos pueden ser deficientes, ellos son imprescindibles porque intervienen en procesos como el crecimiento de raíces y follajes y la concentración de azúcar en los frutos.

Por lo menos cuatro técnicos de laboratorio participan en el análisis físico-químico de las muestras de suelo.

Estos resultados, además de la cantidad de acidez en agua o pH que presenta el suelo, se brindan a los agricultores que solicitan el servicio. Sólo para el uso de los investigadores se hacen análisis de elementos secundarios y microelementos que también sirven a las plantas.

Entre ellos el calcio, el magnesio y el azufre que cumplen funciones como darle resistencia a las células; es decir que evitan la debilidad o que se rajen los frutos, prodigan el color verde a las hojas y dan el sabor característico a productos como el ajo, la cebolla, el maíz y el café.

También se examinan microelementos como el cobre y el zinc que dan su aporte al metabolismo de la planta al acelerar o retardar procesos como el cuajado de las flores.

“Cada uno realiza su propia función y son importantes”, refiere Quirino. A su juicio, conocer la fertilidad del suelo es tan básica para el éxito de la agricultura y sólo de esa forma la fertilización recomendada será la adecuada.

 

Determinar las cantidades de fósforo y de potasio es primordial antes de comenzar un cultivo.
El color del fruto está muy relacionado con minerales.

 


El oído, el tacto, el olfato y la vista ayudan a Quirino Argueta Portillo a percibir el sonido de la tierra, lo pegajoso o arenoso, el aroma y el color. Y sólo con eso ya sabe detectar los trece tipos de textura del suelo.

Morena Rivera
Fotos: Arely Umanzor

 

¿Qué sentidos utiliza para determinar la textura de los suelos?
El oído porque hay que pasar la tierra entre las manos y escuchar el sonido chicloso o como lija del suelo. Pero también la mano puede sentir lo pegajoso, lo suave y lo áspero.

Siento los diferentes olores provocados por los microorganismos que mueren sobre él. Los colores me dicen mucho; por ejemplo, los blancos son suelos arenosos de cenizas volcánicos, los amarillentos son arenosos y con arcilla y los rojizos son franco arcillosos.

¿Para qué sirve el análisis de textura de suelos?
Sirve más que todo para el manejo del agua, es decir para decidir que sistema de riego va a utilizar alguien en su terreno. Si es arenoso, el sistema que más se apega es un riego por goteo, pero no uno por inundación. Además dicta el fraccionamiento de fertilizante. Con esto se puede hacer un mejor uso de los fertilizantes. Por ejemplo, si un agricultor tiene un suelo arenoso debe fraccionar el fertilizante, si es arcilloso debe ponerle menos.

¿Cuál es el aporte que los análisis físicos o de textura de suelos pueden dar a los agricultores del país?

Yo creo que el más grande aporte que hemos dado es el análisis químico en el laboratorio. En el caso del análisis físico es más difícil el aporte porque los suelos son heterogéneos y un mismo agricultor puede tener hasta cinco tipos de suelo. Pero en términos generales a los productores que están interesados se les puede ayudar a disminuir los costos económicos en la medida que sólo se aplica el fertilizante necesario.

¿Se ha equivocado al identificar la textura?

Es muy difícil que uno se equivoque. Pero si tengo dudas puedo aplicarle el análisis textura con Bouyoucos, porque a veces al hacer más de cien muestras diarias se tienen problemas de sensibilidad en la mano.

Minerales y sus aportes
Nitrógeno: formación de aminoácidos y proteínas. Desarrolla el follaje de la planta.
Fósforo: desarrolla raíces, acelera la maduración de los frutos y participa en el código genético de la semilla.
Potasio: mantiene el equilibrio hídrico, responsable de la concentración de carbohidratos en las plantas, el color y la dulzura de los frutos.
Calcio: da resistencia a las células de las plantas y contribuye al desarrollo de las raíces.
Magnesio: en unión con el nitrógeno proporciona el color verde a la planta.
Azufre: da el sabor característico a ciertos productos como la cebolla y el ajo.
Hierro: da sabor a frutos como el aguacate, la manzana y la piña de azúcar.
Manganeso: Participa en la regulación de otros minerales.
Cobre: responsable del metabolismo en la planta, por ejemplo en el cuajado de los frutos.
Zinc: actúa como una hormona natural que ayuda al crecimiento y frondosidad de la planta.
Boro: estimula la floración.
Molibdeno: actúa como fijador del nitrógeno.
Cloro: participa en la descomposición del agua en presencia de la luz.


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