Edición: 18 de enero de 2004

Si como artista resultara un ser humano admirable y talentoso, como ser humano
resultaba ser un artista de la sencillez, de la convicción y de la constancia.

Juan Carlos Rivas

Conocí su trabajo en la década del 90. Recuerdo dos muebles viejos; uno era una especie de armario, cuyas gavetas estaban saturadas de gente, un cuadro oscuro tratado con grises y marrones y donde sobresalían, de manera genial, las sombras.

El otro era una cocina doméstica, en el interior muchos personajes dramáticamente juntos, revueltos, atrapados. De pronto, un detalle surrealista o un magistral acento de humor cambiaban radicalmente el sentido de la historia.

Sin embargo, en uno y en otro, el uso de símbolos: el elefante, las sombras, las superficies y los espacios, los novios, etc. establecen el sello de su estilo maduro y contemporáneo. Una mezcla moderna de fantasía, urbanidad y humanidad.

Iturria transforma las proporciones (camas, armarios gigantes y seres humanos mínimos). “Es el existencialismo llevado a sus últimas consecuencias”, dijo Ángel
Kalenberg, director del Museo de Bellas Artes de Montevideo, Uruguay.

Y es precisamente de su natal Montevideo y Buenos Aires de donde toma sus personajes: “bailarines, gauchos, soldados, jugadores de fútbol, uniformados chicos de escuela, amantes abrazados; a todos Iturria los pinta posando o reposando en mateles o gigantescos sofás que se convierten en paisajes”, reseñó Edward Gómez, de The New York Times.

“Álbum de figuritas”, óleo sobre tela pintado en 1996.

Sobre el artista

Ignacio Iturria nació en Montevideo, Uruguay, pero su origen familiar se remonta al País Vasco. Criado en la capital uruguaya estudia ilustración y diseño gráfico antes de dedicarse de lleno a la pintura y a las bellas artes. Vivió mucho tiempo en el Mediterráneo, Cadaqués, donde evolucionó dramáticamente su formación como artista. De ahí su periodo español.

Para 1995 participa en la Bienal de Venecia, uno de los certámenes artísticos más importantes del mundo, y gana el Premio Especial. En 1998 gana la Bienal de Cuenca, Ecuador, y la Bienal del Grabado de San Juan, Puerto Rico.

Comienza otro periodo junto a la fundación Praxis en Nueva York y sus galerías en Sur América.

Ha expuesto individualmente en la Sexta Bienal de La Habana, Cuba; en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en el Museo de las Américas de Puerto Rico y en el Museo de Arte de North Dakota, Estados Unidos.

En 1998 realiza una importante muestra que incluyó pinturas, esculturas y construcciones en técnica mixta en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina.

Esta exposición luego viajó al Museo Rufino Tamayo de la ciudad de México, y en 1999, al Museo de Monterrey, en ese mismo país.

Para finales del 2003 es invitado a El Salvador por la Fundación Paiz de Guatemala, como jurado de la II Bienal de Escultura, Pintura, Fotografía y Arte Alternativo Paiz-El Salvador.

Grupo de artistas “Hetero”, o grupo Coatepeque con el maestro.
El grupo Coatepeque
Todo surgió con una comida. Ignacio Iturria conoce el lago de Coatepeque y decide pintarlo. Un grupo de amigos y seguidores de su obra nos concentramos.

Creyendo conocer a un pintor importante descubrimos a un artista de primera categoría, a un hombre sencillo del tamaño del mundo.

En arte, las lecciones fueron desde las primeras palabras; conocimos la importancia del diálogo que se logra con las sombras, del sentido del paisaje cuando se pinta desde el paisaje, de la liberación de la razón a la hora de pintar un cuadro, etc.

Me gusta llamarle el grupo Coatepeque, porque no solo redescubrimos un paraíso tropical, sino que descubrimos muchas posibilidades como artistas, como creadores que aspiran a serlo, cada uno con una trayectoria reconocida y un lenguaje personal.



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