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Edición:
18 de enero de 2004

Después
de un periodo de tristeza, este joven cayó en las fauces
de la esquizofrenia
mientras que su madre se ha enfrentado a la depresión.
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En la
escuela, Marvin Antonio Vásquez siempre fue aplicado
e inteligente. Su promedio no bajaba del ocho,
rememora Leticia Zamora, su madre.
Marvin quería estudiar bachillerato y una carrera profesional,
pero cuando finalizó el noveno grado se sumió
en una tristeza profunda porque su madre no pudo ayudarle
para que continuara sus sueños.
Comenzó a trabajar en una fábrica, en la capital.
Al recibir el primer salario compró un bolsón
y cuadernos y luego los guardó en su humilde vivienda,
ubicada en el cantón Quitasol, carretera a Chalatenango.
Pensaba continuar sus estudios al siguiente año, pero
a los seis meses de estar trabajando, su progenitora descubrió
algo extraño en él. A veces se dormía
en el bus de regreso a la casa, se desorientaba y se subía
en otro y se quejaba de las madrugadas de todos los días.
Una noche, luego de volver a casa, se echó a llorar
sin decir una palabra. Ha pasado el tiempo y nunca me
dijo qué le pasaba, cuenta Leticia. En esos días
se paraba en el patio de su casa para ver pasar a sus compañeros
y oír el murmullo de sus voces que se escuchaban desde
el centro escolar.
Dejó de trabajar, ya no salía de la casa y sentía
pena cuando sus amigos le interrogaban por qué no había
seguido con sus estudios. Hasta que llegó el desenlace.
Pasaba la noche prendiendo y apagando la luz. A veces se levantaba
presa del desasosiego y trataba de arrancar las plantas que
florecían en el patio.
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La
pescadores de San Antonio Los Blancos no cuentan con
equipo de pesca sofisticado.
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Llegó
el momento en que su familia no pudo controlarlo. Lanzaba
piedras y quebraba los platos donde Leticia le servía
la comida. La única salida que ella y otro de sus hijos
encontró fue encadenarlo. Allí pasaba noche
y día, amarrado de la enorme cadena que pendía
de una de las vigas de la vivienda.
Yo
no he hecho nada, no molesto y soy trabajador repetía
Marvin. La historia de este joven se dio a conocer en un noticiero
televisivo local y fue entonces que Rafael Tercero, un médico
sicoterapeuta, se ofreció a brindarle ayuda
Aunque no se ha curado por completo, los medicamentos lo mantienen
tranquilo y ya no presenta episodios de agresividad.
Su día transcurre entre las visitas a una cancha y
a un vendedor de cocos de la zona, pero en su mente cree que
trabaja como constructor de viviendas.
Leticia, quien ha tenido que sobrellevar el viacrucis de la
enfermedad de su hijo, también ha pasado por momentos
oscuros. En diciembre pasado tuvo la idea de suicidarse con
una matarrata. Uno cree que sólo muerto va a
dejar de sufrir, dice.
Un artículo sobre la depresión, publicado el
12 de diciembre en un periódico matutino, le hizo redescubrir
una luz en el mar de oscuridad. Hablé con el
doctor que lo escribió y él me ha hecho entender
que mis hijos me necesitan, comenta.

Los
siquiatras han detectado que los episodios depresivos y las
adicciones
a las drogas y al alcohol son los trastornos mentales con
tendencia a incrementarse.
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Esmeralda
A., de 24 años, ha tratado de hallar la causa de esa
sensación de ebriedad y de soledad profunda que la
envuelve. Esta situación me ha llevado a pensar
en el suicidio, en morir, comenta.
Ha repasado su infancia y sólo ha podido evocar a una
niña juguetona que le encantaba deslizarse por las
laderas con mucho cuidado, zambullirse en las pozas y jugar
al fútbol con sus amigos en las calles de San José
Guayabal, Cuscatlán.
Pero una crisis nerviosa que hizo que su madre la ingresara
en el hospital Siquiátrico, en la capital, permitió
a los siquiatras desentrañar el origen de su depresión.
Los problemas matrimoniales e incluso aquellos de estructura
familiar que arrastra desde su adolescencia la han llevado
a esa crisis.
A nivel de todo el Sistema Nacional de Salud Pública,
los trastornos siquiátricos se sitúan entre
la novena y la quinceava causa de consulta. Y entre éstas,
los episodios depresivos o angustiosos, como los que embargan
a Esmeralda, llevan tendencia a incrementarse.
El aumento de las adicciones al alcohol y a las drogas también
ha comenzado a preocupar a los especialistas. Durante el 2003
se ingresaron alrededor de 750 pacientes por esta razón
en el hospital Siquiátrico, y hace diez años
ni siquiera aparecían entre las causas de consulta.
La depresión y las adicciones son los dos trastornos
mentales de moda, refiere Ulises Gutiérrez, subdirector
del centro nacional de salud, donde se atiende al 80% de las
personas que adolecen de estas enfermedades.
Entre las principales razonas de consulta atendidas en el
sanatorio se hallan los trastornos mentales orgánicos,
la esquizofrenia con sus diferentes tipos, la epilepsia, las
depresiones o angustias y las adicciones.
Hay
salud mental cuando...
Se piensa, se dice y se hace el bien.
Tenemos coraje para enfrentar la vida.
Encontramos encanto a la existencia.
Tenemos autoestima y entusiasmo por vivir
y estamos serenos.
Tenemos capacidad de servir, amar, perdonar,
comprender.
Cuando nuestra seguridad sicológica
no depende de alguien.
Cuando tenemos capacidad de superar las
dificultades diarias.
Cuando establecemos relaciones positivas
y armoniosas con otros.
Fuente: Hospital Siquiátrico |
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Señales
de alerta
Una persona que adolece de alteraciones mentales comienza
a experimentar cambios dentro de los espacios vitales
en que suele desenvolverse, es decir la escuela, el
trabajo, la familia y la red social. Por ejemplo, si
alguien ha sido buen estudiante y tiende a bajar sus
promedios, un trabajador responsable que descuida su
empleo, un joven que se aísla de sus amigos y
prefiere encerrarse en su cuarto.
DepresiOn
en boga
Una persona con depresión llora sin motivo, siente
dolores de cabeza, insomnio, pérdida de peso
y deseo sexual.
En su etapa severa se asocia al suicidio. De 100 pacientes
depresivos, nueve presentan ideaciones suicidas y uno
llega a consumarlo. Quien ya presentó la primera
crisis tiene más del 70% de posibilidades de
recaer. La que tuvo dos tiene el 80% y el que ha sufrido
la tercera siempre vuelve a sumirse en una cuarta.
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Estresores
sociales
El año pasado se atendieron unas 45 mil consultas programadas,
12 mil de emergencia y se ingresaron entre 2,500 y 2,700 personas.
Estas cifras demuestran que, al igual que en otros países
del mundo, el 1% de la población salvadoreña
está propensa a enfrentar padecimientos mentales.
Pese a ello, considera el siquiatra Carlos Héctor Acevedo,
estos males no reciben ni la atención ni los recursos
necesarios, pues por ser prolongados y con efectos a largo
plazo requieren tratamientos costosos. Además de medicamentos
se necesitan intervenciones sicosociales.
Por si fuera poco, los pacientes deben cargar con el estigma
de la locura.
Muchos pueden ser productivos
para la sociedad, pero llevan consigo una marca, refiere
Acevedo. Si alguien ha tenido una crisis nerviosa y
consulta al siquiatra comienza a ser señalado,
añade.
Y en esta sociedad vertiginosa, cargada de estresores sociales,
como las crisis económicas, el desempleo, la delincuencia
y las divergencias familiares, son muchos los salvadoreños
que están susceptibles a presentar problemas de salud
mental.
Marvin Antonio González, de 25 años, originario
del cantón Quitasol, carretera a Chalatenango, enfrentó
periodos de depresión y agresividad, debido a que su
sueño de estudiar bachillerato y una carrera profesional
se vio interrumpido al terminar el noveno grado.
Solía pararse en el patio de su casa para escuchar
las voces de los estudiantes que cursaban educación
media en el centro escolar, a pocas cuadras de su casa. Todos
mis compañeros me preguntan por qué no sigo
con las clases, se quejaba con Leticia, su madre.
Después le sobrevinieron los ataques de violencia que
obligaron a su familia a mantenerlo encadenado. Pero ¿qué
otros factores, además de los sociales, pueden influir
para que una persona haga un cuadro siquiátrico?
Estos padecimientos tienen múltiples factores de riesgo,
explica el doctor Ulises Gutiérrez. Entre ellos también
influye la educación recibida durante los primeros
doce años de vida. Esta edad es fundamental para estructurar
en el niño la personalidad y prepararlo ante las adversidades
de la vida.
Otros de los desencadenantes que ha identificado el especialista
es la disgregación, la violencia y la emigración
de las familias. Pero aunque no existe un solo factor desencadenante
se ha comprobado que un individuo que crezca en un ambiente
con mucho afecto y comunicación crea una coraza más
fuerte para soportar este mal.
Las que sí presentan un riesgo genético son
las esquizofrenias. Esta se manifiesta con ideas delirantes,
alucinaciones, pobreza del habla y comportamiento y lenguaje
desorganizados, entre otros síntomas.
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Los
pacientes con crisis mentales deben
cargar con el estigma de la locura. |
La mayoría
de trastornos mentales se desarrolla entre los 20 y los 45
años. A juicio del doctor Gutiérrez, este comportamiento
se debe a que es la época de la vida en que estamos
más expuestos a los estresores sociales. De hecho se
trata de la población económicamente activa.
Pero más allá de eso, ¿de qué
depende el hecho de que las crisis sean llevaderas para unos
y catastróficas para otros? El médico sicoterapeuta
Rafael Tercero considera que la vivencia particular de cada
ser humano tiene el poder para dar o quitar la salud. Lo
que a una persona no le afecta, a otra puede destruirla,
resume.
Por eso, en estos casos lo más recomendable es buscar
ayuda profesional. Israel S. ha ingresado siete veces al hospital
Siquiátrico, pues su adicción al alcohol lo
ha llevado a extremos. El alcohol me ha dejado marcado,
relata.
Aunque ha vuelto a recaer muchas veces, Israel ha buscado
medicina para desintoxicarse de los altos niveles de alcohol
y salir de las alucinaciones que llegan a su mente. También
ha recibido tratamiento sicoterapéutico. Sé
que el vicio es destructivo, pero hay algo más fuerte
dentro de mí, subraya.
Sin embargo, quienes sufren de alguna crisis mental y la población
en general deben saber que todas las alteraciones siquiátricas,
sin excepción alguna, son controlables y a veces curables.
La sicoterapia y la farmacología no han hecho que Marvin
regrese a su vida normal, pero al menos lo mantienen tranquilo
y en armonía con su familia.
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Además
del tratamiento, la colaboración
de la familia es vital para superar estas crisis.
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Las
adicciones han pasado del décimo
lugar a ocupar el quinto en los últimos años.
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