Edición del 17 al 24 de octubre de 2004

La irrupción de esta mariposa nocturna, alentada por el paso del huracán Iván, ha causado alergias en al menos tres mil personas.

Por Yensi Rivero
Caracas


La mariposa nocturna en su fase larvaria, que dura 58 días. Crédito: Frances Osborn

Miles de habitantes de pueblitos al noreste de Venezuela se refugian en sus casas cuando llega la noche, cierran puertas, ventanas y cortinas, apagan las luces y hasta rezan para salvarse de una plaga de palometas peludas, o sea mariposas nocturnas Hylesia metabus, que son atraídas por la luz y dejan un reguero de reacciones alérgicas.

Ya hay unas tres mil víctimas de los vellos alergenos que se desprenden del abdomen de esos lepidópteros, según informes de centros de salud en los estados de Sucre, Delta Amacuro y Monagas.

“Se trata de insectos de unos cinco centímetros, de color marrón, cuya vida adulta, de activa liberación de los urticantes vellos, dura una semana, y cada hembra puede poner hasta 400 huevos”, dijo a Tierramérica la investigadora Frances Osborn, de la venezolana Universidad de Oriente.

El género Hylesia “es neotropical, americano, desde Estados Unidos hasta Argentina, en tanto la especie metabus se encuentra en el oriente venezolano y las vecinas Guayanas. Habita las franjas de manglares, especialmente rojos”, explicó.

Reportes sanitarios dieron cuenta en las últimas décadas de casos de dermatitis epidémica causada por Hylesia en Argentina, Brasil, el sur de Estados Unidos, México y Perú.

En Venezuela, los primeros informes de alergias por palometa peluda se remontan a finales de los años 30, cuando los tripulantes de barcos petroleros en el oriente eran afectados y, al ser tratados, se les diagnosticaba “papillonite” (por “papillon”, mariposa en francés), nombre dado originalmente en la Guayana Francesa a las reacciones inflamatorias de las víctimas.

Fuertes vientos originados por el huracán Iván, que pasó hace un mes cerca de las caribeñas costas venezolanas, provocó el desplazamiento de larvas de Hylesia metabus desde desolados manglares hacia lugares más poblados.

Así, avanzaron primero sobre poblaciones del golfo de Paria, que separa a Venezuela de Trinidad, y en octubre llegaron hasta Caripito, separado del mar por casi 100 kilómetros en los que hay una serranía, en cuyo casco viven varios miles de personas.

Con su liberación de vellos llegaron las alergias, urticarias, conjuntivitis y, en algunos casos, dolores de cabeza, afecciones cuya intensidad varía según la vulnerabilidad individual. “Los niños son los más expuestos, debido a la sensibilidad de su piel”, señaló Osborn.

Ejemplares de Hylesia metabus, de cuyo abdomen se desprenden vellos alergenos.

“Como no todas las mariposas nacen a la vez y su ciclo de vida total dura tres meses, el problema se ha prolongado”, dijo a Tierramérica un alto funcionario del Ministerio de Salud que pidió no ser identificado.
Una vez culminada la fase larvaria, que dura unos 58 días, y entrada la fase adulta, las hembras van liberando vellos que protegerán sus huevos.

Los focos de luz atraen a un cada vez más alto número de palometas en las poblaciones.

“Todas las actividades socioeconómicas se han visto afectadas, pues apenas cae la noche, las personas evitan encender las luces de sus casas e incluso abrir sus refrigeradores, para no atraer a las mariposas.

Los comercios deben cerrar más temprano sus puertas y ello genera pérdidas económicas importantes”, apuntó el funcionario de salud tras un recorrido por la zona.

Severas inflamaciones que semejan picaduras de mosquitos, pero magnificadas, especialmente en cuello y brazos, son reportadas por centros de salud.

“El tratamiento médico que se aplica consiste en la administración de antialérgicos, pues la pelusa de la mariposa contiene una sustancia histamínica que produce la reacción”, dijo a Tierramérica Carlos Villalobos, director de salud ambiental de Fundasalud, instituto del estado de Sucre.

Mientras los expertos indagan, las autoridades aplican medidas de saneamiento, como la fumigación desde el aire, que se realiza con sustancias orgánicas, y el bombeo a presión de gasóleo en lugares donde se concentran las mariposas.

Para combatir la presencia de la mariposa, diariamente se emplean nueve mil litros de gasóleo y unos 15 mil de larvicidas orgánicos, con un costo previsto de “unos 260 mil dólares durante el periodo de operaciones”, que puede ser dos o tres semanas, señaló Villalobos.
La autora es colaboradora de Tierramérica



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