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Edición
del 17 al 24 de octubre de 2004

Su
nombre es Geneviève Patte. Después de trabajar
por muchos años en una biblioteca en París,
Francia, se dedica a recorrer países para leer con
los niños pobres.
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| La
francesa Geneviève Patte se dedica a estimular
la lectura entre los sectores más carenciados de
la población y particularmente entre los niños
de los cinco continentes. (Foto DPA/Carlos Castillos) |
La imagen
de la abuela compartiendo un libro de cuentos con sus nietos
parece haber quedado en la prehistoria ante el avance del
mundo moderno, globalizado y computarizado.
También es cada vez menos frecuente ver a cualquier
adulto disfrutando de la lectura con niños. Pero esa
devaluada costumbre podría recuperarse, fortalecerse
y expandirse por el mundo si se extiende el ejemplo de la
mujer biblioteca.
Se trata de una francesa que dirigió una biblioteca
en París y que cuando se jubiló se dedicó
a estimular la lectura entre los sectores más carenciados
de la población y particularmente entre los niños
de los cinco continentes.
Se llama Geneviève Patte y su historia parece salida
de un cuento fantástico.
Tras participar en un congreso mundial de bibliotecas, en
Buenos Aires, Geneviève contó algunos detalles
de su experiencia.
Recorro lugares tan distantes como Armenia, Azerbaiyán,
México, Nicaragua, Colombia, Camboya y algunos países
del África, continente donde recién están
descubriendo la importancia del libro para los niños,
puntualiza.
Interrogada sobre el método didáctico que utiliza
para incentivar la lectura, explica con categórica
naturalidad y entusiasmo: Ninguno.
Y agrega: Es muy simple. Llego a una comunidad con una
canasta donde hay entre 30 y 50 libros. Me siento en la vereda,
en una esquina cualquiera y los niños empiezan a aparecer.
No importa si son muchos o pocos; así sean dos es importante
y valioso, confiesa.
A esa misma esquina vuelvo todos los días, a
la misma hora, durante una semana por lo menos y mientras
leemos juntos, o conversamos, anoto algunas reacciones que
después comparto con los amigos de la red, un
grupo que ella estimula con su entusiasmo y que se va extendiendo
por el mundo.
En cada lugar también toma contacto con jóvenes
y adolescentes, a quienes convencerá para que tomen
la posta y mantengan el interés por los libros,
hasta su nueva visita.
Entonces se acuerda y puntualiza con orgullo: La actividad
no se suspende por lluvia; si hay mal tiempo, entonces salgo
puerta por puerta y me anuncio: soy la biblioteca.
Nunca me recibieron mal en ninguna casa y algunos adultos
a veces también se enganchan, dice con alegría.
También en presidios
Geneviève ha visitado algunas cárceles, principalmente
de mujeres que están recluidas con sus hijos pequeños.
La experiencia en esos lugares es formidable porque
el libro se convierte en una esperanza, asegura.
Defiende los efectos de su particular manera de promover la
lectura. Es fantástico porque es libre, ya que
allí no hay preguntas ni condicionamientos.
Actúa fuera de las grandes instituciones
y hace una mueca de desagrado cuando se refiere a ellas, porque
al niño siempre le interesa el libro, lo que
pasa es que en las instituciones se los imponen como obligación
y eso es un error, sostiene.
Es natural preguntarle por la computadora, considerada casi
como el adversario natural de la lectura de libros
impresos.
Para Geneviève Patte, la computadora es una herramienta
muy útil que hay que saber aprovechar porque, entre
otras cosas, tiene a su favor el hecho de que elimina la formalidad
y alienta la libre expresión de las personas.
Su experiencia de tantos años le permite asegurar que
desde muy pequeños, aún no sabiendo leer,
los niños se sienten atraidos por el libro impreso.
El niño descubre rápidamente que los libros
le hablan, lo escuchan y le enseñan, dice.
Destaca la importancia de la incorporación de los adultos.
El niño siente placer y disfruta, pero también
es importante cuando comparte con el adulto, por lo cual el
libro se convierte en una experiencia cultural y afectiva
que cambia la relación con los padres, sostiene.
El gigantesco desafío que se impuso Geneviève
Patte se solventa con ayuda de la embajada de Francia, algunas
veces, y de organizaciones no gubernamentales, que la ayudan
a pagar los pasajes. El resto se encara con lo que haya,
así de simple, dice.
La mujer biblioteca se define como una mediadora,
porque está convencida de que el adulto es un
intérprete lingüístico y musical
y que ser entusiasta es lo fundamental.
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