Edición del 17 al 24 de octubre de 2004

Vestigios históricos y encantos naturales se esconden en el parque El Manzano. Allí el esfuerzo de Consuelo y de Maclovio están generando nuevos atractivos.

Morena Rivera
Fotos: Arely Umanzor

A Consuelo Roque y a Maclovio los seducen la pureza de un “montón de cosas” en el parque El Manzano, cantón El Ocotal, Dulce Nombre de María, Chalatenango.

Allí bajan las corrientes de agua cristalina que nacen entre los peñascos de los cerros, las nubes se cuelan por las rendijas de las cabañas de madera durante los atardeceres de lluvia y el bosque de pinos, cipreses y robles purifican el aire.

Consuelo Roque es una licenciada en Letras, con experiencia en investigaciones sobre literatura oral y cultura indígena, que ya lleva casi diez libros publicados sobre estos temas.

El último, “La cultura Lenga de Guatajiagüa”, lo acaba de recibir en su nueva vivienda, enclavada entre las montañas de El Manzano.

En el 2001 se jubiló de su trabajo como catedrática en la Universidad de El Salvador, y sin pensarlo dos veces mandó a edificar una cabaña en el cantón El Ocotal. Poco a poco se llevó sus libros y todas sus pertenencias hasta convertirse en una habitante más de la zona.

Ahora es el cerebro principal del parque. Como directora de la cooperativa de la comunidad ella lucha por vender servicios turísticos y que la gente del lugar, 98 en total, puedan convertir este rubro en fuente de ingresos.

Carlos Chacón, conocido como Maclovio, es un desmovilizado de la guerrilla. Luego de los Acuerdos de Paz, junto a 53 excombatientes más, confió en que el mejor destino para 400 manzanas de terreno que habían obtenido mediante el Programa de Transferencia de Tierras (PTT) era la explotación turística.

El río Ereguan (río de halcones en significado indígena), ahora también conocido como La Conquista, es uno de los atractivos turísticos que se vende a los visitantes.

En el local que había dejado la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL) habilitaron las primeras habitaciones y pusieron a la disposición los camarotes que ellos mismos habían usado.

Allí se hospedaban los primeros visitantes, sobre todo cooperantes extranjeros y encargados de proyectos en El Salvador, mientras hacían caminatas a los cerros y se bañaban en el río Ereguan.

En esos días, Consuelo Roque llegaba desde la capital para encontrarse con la naturaleza y como una enamorada se dejaba seducir por El Manzano, llamado así por los árboles con este nombre que pueblan el bosque y el río Ereguan.

Los sueños de Consuelo

Cuando ella se fue a vivir a la zona, los esfuerzos de Maclovio y los miembros de la cooperativa no habían producido mayores frutos. Tenían los mismos camarotes y el local que habían bautizado como “El Hotelito” ya comenzaba a ceder ante la lluvia y las raíces de los árboles.

Consuelo Roque mandó a cortar los camarotes por la mitad y los convirtió en camas. Los instaló en cuatro casas, propiedad de las familias del lugar, y se habilitaron para recibir a los turistas que con los contactos de la nueva presidenta se incrementaban cada vez más.

Ahora, cada posada exhibe un rótulo con el nombre. Ella se ha encargado de ponérselos de acuerdo a algún suceso o situación que las rodea. “La que el viento se llevó”, cuyo techo fue levantado un día de ventisca; “La del diablo”, propiedad de un hombre apodado de esa forma...

Consuelo y Maclovio tienen fe en que su proyecto algún día llegará a beneficiar a toda la comunidad. “Yo veo las 16 microempresas funcionando”, visualiza.

Además, El Manzano cuenta con 15 tiendas de campaña que los visitantes pueden instalar en algún punto de las 110 manzanas a las que se ha reducido el parque luego que algunos cooperativistas decidieran vender sus porciones de tierra.

Parte de los atractivos naturales ofrecidos en la actualidad son las caminatas a los cerros La Tortilla, El Candelero y El Aserradero, y la visita al Ereguan.

Además se pueden ver las alas de un avión que fue derribado durante la guerra y hoy se exhiben a la entrada del parque.

Pero Consuelo Roque y Maclovio tienen más sueños que están a medio andar. Un comedor recién instalado donde se ofrece gallina india y un plato típico que incluye frijoles, arroz, crema y queso son los platillos que se ofrecen a los turistasque llegan, sobre todo en fin de semana.

Desde que llegó a El Manzano ella ha recorrido el bosque en su afán de recolectar orquídeas y formar un orquideario. Ha encontrado 60 especies, y de éstas ya ha clasificado 45. Su finalidad es escribir un libro sobre estas plantas.

Piensan instalar un museo histórico natural. Para eso guardan algunas reliquias que les heredó la guerra, como tres casquillos de una bomba de quinientas libras, piezas de helicópteros y unas dos mil fotografías de personas que murieron durante los doce años de conflicto.

En sus tres años de vivir ahí, ella ha identificado 110 especies vegetales. Entre estas ha detectado las que tienen propiedades curativas, pues ya ensaya la creacción de un vivero de plantas medicinales.

Consuelo Roque, de 58 años, en su nueva vivienda desde hace tres años. Desde esas tierras, ella lucha por demostrar las bellezas turísticas del parque El Manzano.

La tarea de promoción

En la actualidad, la cooperativa ha solicitado cooperación económica al Programa de Reconstrucción y Modernización Rural (PREMODER) para financiar 16 proyectos, entre ellos una panadería, mejoramiento de las cabañas e instalación de granjas de codornices, conejos y gallinas.

A la par de eso, cada quien trabaja a su manera. Maclovio sirve como guía turístico de los visitantes, procedentes de San Salvador y de países como Estados Unidos, Canadá y hasta de Europa.

A veces él les habla sobre las especies vegetales y animales que habitan en la zona, otras les comenta sucesos específicos de la guerra. “Primero les pregunto qué quieren saber, y muchos me piden que les hable de los aviones y las armas con que contaba la guerrilla”, dice Maclovio.

Consuelo promueve El Manzano entre sus contactos en la capital. Casi siempre lleva con ella un álbum de fotografías, un desplegado sobre la medicina natural que crece en el sitio y un folleto con las imágenes más atractivas del lugar.

Maclovio se ha convertido en el guía turístico que habla de los sucesos históricos que envuelven la zona del parque El Manzano. También sabe de vegetación y de animales.

Gracias a eso ha logrado que el parque se convierta en centro de estudios biológicos y antropológicos.

Tres estudiantes del Departamento de Letras de la UES llegaron para recoger historias de vida entre los excombatientes, luego publicaron un libro.

Un estudio del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CORDES) también reflejó que existen, por lo menos, unas 26 especies de pájaros en la zona.

Biólogos de la UES también han comenzado a llegar para hacer una investigación sobre murciélagos.

Y Claudia Martínez, una estudiante de biología, está cumpliendo su anhelo. En julio se fue a vivir a esta montaña para realizar el estudio “Mamíferos silvestres del parque El Manzano y la interrelación con los asentamientos humanos”.

Las primeras entrevistas con los lugareños ya le han aportado datos sobre los posibles mamíferos que se hallan en el área, entre ellos cotuzas, gatos de monte, tepezcuintles, tacuacín blanco y negro, zorros y hasta pumas.

Al concluir la investigación ella quiere quedarse en El Manzano. “Ya encontraré la forma de hacerlo, pues no quiero privarme de este ambiente”, detalla Claudia, quien renta una cabaña de madera en 28 dólares.

Consuelo y Maclovio tinen fe en que su proyecto algún día llegará a beneficiar a toda la comunidad.

“Yo veo las 16 microempresas funcionando en el parque. Aquí tengo trabajo para más de una vida”, dice la catedrática que cambió la ciudad por las bellas montañas de Chalatenango.


¿Le gustaría visitarlo?

El parque El Manzano, con una extensión de 110 manzanas, se encuentra a ocho kilómetros al norte de Dulce Nombre de María, en Chalatenango. Se halla en una zona montañosa, entre los 1200 y 1300 metros sobre el nivel del mar.
La entrada cuesta un dólar y el precio de las cabañas oscila entre cuatro y cinco dólares.
Si usted quiere hacer reservaciones para visitar el lugar puede comunicarse con Consuelo Roque al 736-3216.

Otros atractivos
* Además de las cabañas, los vestigios de la guerra, el comedor, el río y la posibilidad de las caminatas a los tres cerros, los visitantes podrán observar una granja de conejos y la forma en que se procesa el café Ereguan en “La casa del café”. Estas iniciativas son administradas por habitantes de la Cooperativa El Manzano.
* El pino, el ciprés, el roble y el manzano son los árboles que más predominan en el área. Animales como venados, cotuzas, cusucos, ardillas, mapaches, pezotes y tepezcuintles se albergan en sus fauces, y se han contabilizado unas 26 especies de pájaros.

 

 



1995 - 2004. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com