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Edición
del 15 al 22 de agosto de 2004

El
gobierno de Brasil propone conceder tierras amazónicas
a privados para
explotación forestal limitada. El debate parlamentario
se anuncia turbulento.
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La polémica
tomó un aire absurdo. Hubo versiones periodísticas
sobre un proyecto de privatización de la
Amazonia brasileña, cuando el objetivo era el inverso:
frenar la apropiación irregular de tierras públicas
por particulares, que trae consigo deforestación.
Grupos ultranacionalistas alegan que el correspondiente proyecto
de ley, cuya redacción aún no está terminada,
entregará la Amazonia al capital extranjero.
Pero funcionarios señalan que la propuesta legislativa,
que parece ir a un turbulento debate parlamentario, tiene
el propósito contrario.
Se trata de consolidar la soberanía nacional
sobre ese territorio, dijo a Tierramérica el
secretario de Bosques y Biodiversidad del Ministerio de Medio
Ambiente, Joao Paulo Capobianco.
El proyecto de ley propone crear un marco legal para la gestión
y uso sustentable de los bosques en tierras del Estado, con
tres modalidades.
Dos de ellas ya son conocidas: las unidades de conservación
y el uso comunitario por indígenas y pobladores tradicionales.
La tercera y polémica es la concesión a privados
para explotación forestal limitada.
Los estados amazónicos brasileños suman más
de cinco millones de kilómetros cuadrados. De esa área,
25 por ciento ya es propiedad privada, y 29 por ciento está
ocupada por unidades de conservación y reservas indígenas,
detalló Capobianco.
El proyecto prevé seleccionar las áreas para
concesión a madereras con filtros poderosos
para que la explotación sea sustentable, y mediante
un proceso gradual, que en los primeros diez años otorgará
no más de 20 por ciento del área disponible,
destacó.
La extracción de madera deberá regirse por criterios
de eficacia probada en bosques tropicales, con un límite
de cinco a seis árboles por hectárea, es decir
tres por ciento de los árboles adultos, cada 25 o 30
años, apuntó Capobianco.
Podrá disputar las licitaciones cualquier empresa constituida
en el país, aunque sea controlada por capital extranjero,
y no habrá privatización, porque la propiedad
de la tierra seguirá siendo pública, alegó.
La idea está en discusión desde hace años,
y la mayoría de los ambientalistas la aceptan en términos
generales, con
reservas sobre cuestiones específicas y dudas sobre
su eventual aplicación.
La condena tajante partió de nacionalistas como Aziz
Ab´Saber, geógrafo y respetado ambientalista
de 79 años.
Estoy en contra, es el comienzo de un plan estratégico
de ocupación de la Amazonia, de su internacionalización,
dijo a Tierramérica Ab´Saber.
El Ministerio de Medio Ambiente cedió a presiones
extranjeras y adoptó un modelo que dañará
la biodiversidad e interesa sólo a los empresarios,
principalmente internacionales, afirmó.
Hay en la Amazonia experiencias locales exitosas que podrían
multiplicarse para promover el desarrollo sustentable y combatir
la deforestación, sostuvo el géografo.
Sin embargo, las medidas de control y represión no
han frenado la destrucción de más de 23 millones
de hectáreas de bosque por año, asociada con
tres cuartas partes de las emisiones brasileñas de
dióxido de carbono y otros gases causantes de efecto
invernadero (retención de calor en la atmósfera)
y eso ha estimulado la búsqueda de otras soluciones.
En la base del problema está una situación legal
caótica de la Amazonia, donde casi la mitad de las
tierras son públicas pero sin propiedad registrada,
dijo a Tierramérica el coordinador de la organización
no gubernamental (ONG) Amigos de la Tierra-Amazonia Brasileña,
Roberto Smeraldi.
El principal mérito del proyecto es que obligará
el Estado a regularizar su propio patrimonio, aunque eso llevará
tiempo y no será fácil, adujo.
Actualmente hay una privatización fraudulenta de esas
tierras, al amparo de una norma que permite a organismos gubernamentales
reconocer la propiedad de áreas de hasta dos mil 499
hectáreas a quienes aleguen ser sus poseedores de hecho,
explicó Smeraldi a Tierramérica.
Eso favorece ocupaciones, muchas veces con violencia
y expulsión de pequeños agricultores,
que amplían el dominio privado de las tierras sin beneficio
para el Estado, que es su verdadero dueño, señaló.
Hay dos razones básicas a favor del mecanismo de concesión,
dijo Smeraldi.
Por un lado, 99 por ciento de los planes presentados para
uso sustentable de recursos naturales amazónicos son
rechazados por falta de documentación adecuada
de la propiedad, y la actual inseguridad jurídica
aleja a empresarios bien intencionados, atrayendo
a los dispuestos a todo, sostuvo.
La segunda razón, según Smeraldi, es que concesiones
prolongadas y renovables estimularán la inversión
a largo plazo, si se hace un buen trabajo.
El
autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS).
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