Edición del 15 al a 22 de agosto de 2004

Luxemburgo es conocido como el corazón verde de Europa Central
por sus lagos, verdes colinas y pueblos de ensueño con inolvidables castillos.

Texto y fotos:
Nuria Romero


El pueblo de Vianden es uno de los más hermosos de la campiña de Luxemburgo, por sus incontables atractivos.

Este precioso paraíso terrenal lo encontramos entre las fronteras de Francia, Alemania y Bélgica. Su encanto se confunde entre la realidad y la fantasía.

Mientras caminamos por sus praderas encontramos lagos azules, pequeñas casas de campo y algún castillo. Allí la naturaleza está en perfecta armonía con viejos edificios medievales y palacios llenos de historia y de encanto.

Los amantes de los deportes acuáticos y terrestres pueden hacer sus sueños realidad entre la gama de opciones que ofrece esta maravilla europea.

En la capital encontramos un lujoso centro financiero y a sus habitantes que gozan de excelente calidad de vida. Esa fue la primera impresión que tuvimos con mi hermana Magdalena cuando lo visitamos en junio.

Al llegar caía una llovizna, típica de ese país frío en todas las estaciones del año. El ambiente sombrío que se percibía en sus alrededores le daba un toque de misterio al lugar, por lo que parece que el tiempo no ha pasado por allí.

La capital está enclavada en una colina y se divide en la ciudad alta y baja. Comenzamos el trayecto en la parte superior, donde están las grandes edificaciones que guardan en su interior lujosos hoteles, cafés, restaurantes, discotecas y prestigiosas “boutiques”.

Las inclemencias del tiempo no dejaban salir a las personas de sus casas; sólo los turistas parecían desafiar el clima. Todos estaban dispuestos a fotografiar los rincones mágicos de este destino.

En el área antigua de la ciudad o la zona baja se observan las pintorescas casitas con techos cafés, al estilo sombrero de brujas, que dan la impresión de que saldrá al paso uno de estos personajes mitológicos.

En este sector están los restos de la antigua fortaleza del conde de Ardennes, declarada patrimonio de la humanidad, que aún guarda con recelo grandes celdas y pasadizos subterráneos, refugios de los combatientes de la Segunda Guerra Mundial.

En la metrópoli, las amplias calles peatonales estaban rodeadas de prestigiosas tiendas de ropa y de calzado. Nos detuvimos en una de las terrazas de una cafetería. Cuando empezó a oscurecer, el entorno tomó un brillo diferente al que captamos al llegar: las calles estaban invadidas por jóvenes dispuestos a amanecer en cualquier discoteca o restaurante.

Paseo entre castillos

A la mañana siguiente dejamos el bullicio de la capital para emprender un viaje por los pintorescos pueblitos de Luxemburgo.

Durante el recorrido se contemplan los escenarios más hermosos de los que se pueda imaginar un amante de la naturaleza y los paisajes mágicos.

Pasamos por Ettelbruck y Diekirch, donde está el Museo Militar Nacional, que hace viajar hasta la época de la liberación del Luxemburgo de los nazis.

Sin embargo, esos lugares no se comparan con la belleza de Vianden, región de la que se enamoró el poeta francés Víctor Hugo y buscó de refugio durante su exilio.

Ahí se respira paz y tranquilidad en la inmensidad de sus campos que sirven como telón de fondo a su imponente castillo. Y es que según sus habitantes aún conserva su encanto y apariencia de sus orígenes en el siglo IX.

El toque de ensueño se lo da su palacio, incrustado sobre una colina, a la que se puede subir a pie o en góndolas. En el interior se exhiben las armaduras que los guerreros usaron durante muchos siglos.

Desde lo alto de la ciudad se observa esta panorámica de la parte baja o antigua de la capital. Aquí está la fortaleza del conde de los Ardennes, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Desde lo alto se aprecia una espectacular vista panorámica de sus peculiares casas grises de doble piso, con ventanales adornados de preciosas flores, a las orillas de las aguas que bajan de la central eléctrica más grande de Europa.

Seguimos la ruta hacia Clervaux, otra peculiar campiña situada en las laderas de Las Ardennes. Su castillo es fiel testigo de las cruzadas. Una de sus atracciones es el monasterio St. Mauricio, una gran fortaleza con techos rojos que armoniza con el bosque que lo rodea.

Luego nos dirigimos al valle de la Moselle, famoso por sus viñedos y los festivales de agosto. Lo pasamos de largo y fuimos hacia Mullerthal o la pequeña Suiza.

Mientras continuábamos el trayecto nos llamó la atención un pequeño pueblo donde resaltaba una torre, en la que la luz del faro sólo alumbraba su parte alta. Según una leyenda, esta era la residencia de una bruja. Cuando decidieron quemarla, ella, al no dejarse atrapar, dio tres vueltas alrededor de la fortaleza y desapareció.

Alemania antigua


Mientras amanecía nos embargó la tentación de cruzar las fronteras de Alemania, ya que estábamos a dos horas de la ciudad más antigua de ese país: Tréveris.

Sus dos mil años de historia se respiran por doquier. El reflejo de esta época es su patrimonio arquitectónico compuesto por su catedral, la imponente Puerta Negra, el anfiteatro romano y sus baños imperiales, ideales para recorrerse a pie.

Lo más impresionante es el palacio, compuesto por un espectacular jardín al aire libre y una gran pileta decorada por estatuas que limitan con uno de los cafés más prestigiosos de la zona.

El centro de Tréveris lo componen sus singulares casas que parecen un arco iris, típicas de la infraestructura alemana. Al subir a la espesura de sus bosques se señalan con los dedos todos los atractivos turísticos y el río Mohoséela.

Culminamos el viaje en Luxemburgo, pero no nos marchamos sin antes conocer, un poco alejado del centro de la capital, las fortificaciones de los edificios modernos que guardan un centro comercial, bares y restaurantes.


Generalidades

Nombre oficial: Gran Ducado de Luxemburgo
Ubicación geográfica: Europa Occidental, entre Francia y Alemania.
Superficie: 2,586 km2
Población: Mas de 400 mil habitantes.
Idiomas: luxemburgués, alemán, francés, inglés
Moneda: euro

Durante el viaje no pueden faltar los majestuosos monumentos que distinguen a sus pueblos, contrastados con la verde campiña y con sus peculiares infraestructuras,


 



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