Edición del 15 al a 22 de agosto de 2004

Convencida de que Dios le dio este don para salir adelante, elabora
delicadas artesanías con la esperanza de expandir su negocio.
Por ahora le sobra talento y fe para lograrlo.

Tania Urías
Fotos: Arely Umanzor


Orgullosa de la originalidad de sus creaciones, planea probar con nuevos diseños que quiere exportar a Estados Unidos.

A sus 25 años, Desiree Morazán ha logrado establecer en la cocina de su casa una próspera empresa de artesanías que ella misma elabora y vende.

Botes de pegamento, pinturas de todos los colores y pequeñas figuras de ángeles a medio terminar se confuden con las cebollas y los trastos de cocina que inundan la mesa del comedor.

Ahí, mientras los cuatro perros de la casa se disputan el cariño de su dueña, ella se entretiene elaborando las más delicadas figuras en madera.

La cocina y el comedor son los sitios donde pasa de ocho de la mañana hasta bien entrada la noche, concentrada en un trabajo que no sólo le da para vivir a ella y a su familia, sino además la llena de alegría.

Su especialidad son los ángeles y las figuras de niños y niñas colgantes para adornar dormitorios infantiles.
También las casas para decorar el jardín y artículos para la cocina, como servilleteros, hueveras, toalleros, basureros y otros.

Todo lo que hace tiene su sello personal, pintados en colores pastel y con mensajes bíblicos, que ella misma optó por colocar, como una forma de darle gracias al Creador por esta habilidad.

Mujer de fe

Lo que más sorprende al conocerla es la enorme fe que tiene en que el Creador la sacará adelante de cualquier dificultad que se presente.

“Dios es la razón de todo lo que hago, es el pilar principal de mi vida”, dice convencida la joven.

Nacida en San Salvador, es la segunda de tres hermanos, y vive junto a su madre, la familia de su hermana menor y su hermanito David, adoptado hace apenas un par de años, luego que fuera abandonado por su madre natural.

Desde niña, Desiree tuvo inclinaciones por el arte y por la decoración; su sueño era convertirse en diseñadora ambiental. Sin embargo, comenzó a estudiar ingeniería en busca

de obtener ingresos rápidos.

A media carrera, su madre quedó sin empleo y ella debió abandonar los estudios y junto a ella buscar una forma de ganar dinero.

Meses antes, ella había tomado un curso de artesanías en madera, sin saber que luego ese oficio que aprendió con tanta facilidad ahora le daría para vivir.

Compró una sierra caladora a crédito con el dinero que le prestó Hugo, su mejor amigo, y movida por una enorme fe comenzó “Arte Madera Jerusalem” como bautizó a la empresa.

La familia y los amigos cercanos fueron los primeros clientes; más tarde decidieron expandir la clientela y tocar las puertas de una reconocida librería cristiana.

Hoy esta librería —que cuenta con seis sucursales en todo el país— les pide al menos 100 figuras en temporada alta, especialmente en Navidad.

“Es un buen negocio, la gente siempre nos pide. Gracias a Dios nunca nos ha faltado. Mi mamá, mi hermanito y yo vivimos de esto”, dice.

“Yo digo que Dios siempre prepara, nunca nos deja solos. Mi mamá se quedó sin trabajo y esa fue la oportunidad para que yo descubriera mi talento. Era una chica normal, pero aun estudiando la ingeniería no me veía como ingeniera, sino como dueña de un negocio..., aunque no sabía ni de qué”, añade Desiree.

Sueños por cumplir

Si bien es un trabajo pesado, pues en ocasiones se va a la cama de madrugada, cuando son pedidos grandes, Desiree tiene tiempo para soñar. “Yo quiero poner un local y ser una fuente de trabajo para personas que el Señor les ha dado ese don”, dice.

Otro de sus anhelos es convertirse en maestra de niñas que necesiten ganar dinero y tengan habilidades para este trabajo. También le gustaría exportar sus artículos. De hecho algunos ya han cruzado las fronteras y han llegado a Australia y Estados Unidos.

Sin embargo, Desiree está consciente de que para cumplir sus metas hace falta mucho trabajo, apoyo y recursos económicos.

El comedor de su casa se ha convertido en el taller de su empresa.

“Me hace falta dinero. Me encantaría que alguna empresa o institución me apoyara para que pudiera poner mi escuela y además hacer crecer mi empresa”, dice.

Su fe es tal que asegura que dentro de unos años no sólo será una empresaria de éxito sino que podrá cumplir sus
sueños de expansión.

“Yo veo mi local; es más, lo declaro que lo voy a tener. Yo sé que va ser así, voy a exportar lo que hago. Sé que así será”, asegura convencida.

Mientras ese día llega, Desiree pasa la mayor parte del tiempo junto a sus amigos del grupo del templo cristiano de las Asambleas de Dios, donde asiste.

Dos personas dentro de esta congregación, el pastor Orlando Flores y su líder Francisco Mejía, han sido, según ella, de una enorme influencia en su vida.

Si bien apenas tiene 25 años ya se proyecta como una mujer segura de sí misma y con muchas ganas de echar a andar sus numerosos proyectos.

“Dios nunca pone un sueño en alguien si uno no lo puede alcanzar”, asegura, mientras acaricia un pequeño ángel de madera, una de sus últimas creaciones.

Proceso delicado
Para elaborar las figuras, se sigue un proceso delicado:
• Se consigue la madera prensada en cualquier ferretería. Los pliegos son de distinto grosor y la medida es de 2.44 por 1.22 metros.
• Se dibuja en la madera el objeto a elaborar. Ya cuenta con la mayoría de moldes hechos en cartón.
• Con ayuda de una sierra caladora se corta la figura.
• Se procede al lijado y al pintado de la base, que es de color blanco.
• Una vez se seca la pintura de base se realizan los acabados finales y se dibujan los detalles.
- Se aplica pintura acrilica, como barniz, para proteger el artículo y evitar que el agua o el sol lo despinten.
• Se coloca lana o pita y el mensaje cristiano para la elaboración final.
Si quiere apoyarla
Puede comunicarse con Desiree al teléfono 208-7493.
Desiree tiene especial amor por sus mascotas.
Aquí con dos de sus cuatro perros.

 



1995 - 2004. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com