Edición del 15 al 22 de agosto de 2004

Carlos Vilanova ha pasado 50 años de su vida embelesado en el arte
de la música. Su pasado son las orquestas, el canto, el piano y sus
presentaciones.

Morena Rivera
Fotos: César Avilés


Sus manos bailaban sobre las teclas del piano el día que conoció a su esposa, hace 40 años. Antes de eso había poseído amores fugaces gracias a su don de músico.

Recorrió suelos extranjeros, acompañó con sus pistas a reconocidos artistas, su voz se infiltró en clubes centroamericanos y por seis años pregonó su pasión en barcos turísticos; la música ha sido la brújula de su vida.

Ese mismo arte lo vio despuntar cuando a los ocho años comenzó a manipular la marimba de su padre. “En esos días pensaba en llegar a ser grande”, cuenta ahora.

También lo acompañó durante los años de gloria de su carrera, esos en que desfiló por orquestas como “La Sonolux”, la “Alfredo Mojica” y la “Internacional Polío”, dirigida por Paquito Palaviccini.

Y lo sigue haciendo a sus 73 años, ahora que se ha vuelto un hombre consagrado a su pasión. “Si tuviera la oportunidad de nacer otra vez volvería a ser músico”, sostiene.

Vestido con su traje azul y una corbata con trazos de notas musicales lo encontramos una tarde frente al bar
“Churchills” en el salón La Rotonda del hotel Princes, en la capital.

Allí toca el piano de cuatro a seis de la tarde, mientras los huéspedes se van acercando para tomar el té, saborear un postre o simplemente sostener una charla.

Bajo la luz tenue de las lámparas, Carlos Vilanova los deleita con melodías como “A mi manera”, “Ojos españoles”, “La vida en rosa”, “El hierberito” y “Piel canela”.

Su paso por las orquestas

Cincuenta años han transcurrido desde que Carlos Vilanova se tomó en serio su paseo por la música. Tenía 23 el día que ingresó como vocalista a la orquesta “Melódica” de Luis Alonso Polío.

Esta era muy renombrada en esa época por ser la única que contaba con siete saxofones. Solían presentarse en los clubes, en las universidades y en los hoteles de la capital.

Su vida ha sido la música, y aun ahora a su edad no deja de componer.

La oportunidad de viajar a Colombia y de ofrecer conciertos en los carnavales de Barranquilla lo llevaron a cambiarse a la orquesta “Barrientos”.

“Allí la gente, acostumbrada sólo a las cumbias, se deleitaba bailando otros géneros como salsa y tropical que eran los que nosotros llevábamos”, rememora.

Al volver de Colombia, Carlos Vilanova se pasó a la “Internacional Polío”, donde tuvo el placer de cantar, tocar el piano y presentarse en el hotel Terrazas de Nicaragua.

En Honduras fue contratado para formar, junto a los mejores músicos de Centroamérica, un conjunto estilo sonora.

En esas tierras pululaban por los puertos, Tegucigalpa y San Pedro Sula. Los conciertos se extendían durante ocho horas ininterrumpidas.

Eran tiempos en que la gente adoraba las imitaciones y él sabía copiar a la perfección las tonadas de los músicos mexicanos Luis Alcaraz y Celio González.

En uno de sus recorridos por Costa Rica coincidieron con la visita del cantante y compositor Armando Manzanero. Lo acompañaron en uno de sus conciertos, y aunque más tarde no les pagó por su trabajo les quedó la satisfacción de estar con uno de los grandes.

Seis años en los cruceros

Una noche de 1970 el grupo “The Five Amigos” amenizaba una fiesta en un hotel capitalino. Allí llegó un señor que se fijó en sus talentos y les propuso trabajar en los barcos turísticos.

Interpretó melodías en yates, en hoteles y en diversos lugares de América y Europa.

Durante seis años anduvieron de puerto en puerto; de Miami, Estados Unidos, a todas las islas del Caribe. A bordo del “Mardi Grass”, el “Free Port”, el “Atlas”, el “Bolero” y el “Bon Vivant” cantaron y tocaron hasta saciarse.

Se paraban junto a la puerta del barco para recibir con música a los tripulantes. En las noches tenían espectáculo de artistas y los pasajeros bailaban y gozaban hasta el amanecer.

El buque más grande y más alegre era el “Mardi Grass”.

Habían contratado cinco orquestas, entre ellas una de israelíes. “Al principio la vida en los barcos era linda, pero después se volvió aburrida”, cuenta.

Visitaba a su familia en El Salvador cada seis meses. En medio de las aventuras que vivía en los cruceros, como el azote de los huracanes y el quedarse encallados por varios días al pie de islas deshabitadas, él sentía nostalgia por sus hijos y por su esposa.

“Hijo, no te vayas que te necesitamos demasiado aquí, además los niños están creciendo”, le dijo un día su esposa. A partir de entonces, Carlos Vilanova siguió luchando en su tierra y formó el grupo “Los internacionales de Carlos Vilanova”.

En la actualidad sigue presentándose en hoteles y en cualquier recepción donde su música de piano sea bien recibida. A veces asiste solo, otras ofrece un dúo, un trío y hasta un grupo para pachangas. “Es que tenemos que luchar contra la competencia”, dice el hombre con 50 años de vida artística.

Reseña sobre su vida
Carlos Vilanova nació en la Avenida Independencia, en la capital, en 1931. A los ocho años ya tocaba la marimba, propiedad de su padre.

Se llama José Adalberto Vilanova, pero adoptó el nombre artístico de Carlos en honor a un padrino. Nadie, ni siquiera su familia, lo conoce con su verdadero nombre, sino sólo como Carlos.

En 1953 se graduó de contador. Al principio quería trabajar en un banco para darle gusto a su padre, pero comprendió que su vocación era la música.

Conoció a su esposa Mirta Alicia Flores en el programa de televisión “Buscando estrellas”, donde él tocaba el piano y ella había llegado a concursar en el canto. Procrearon siete hijos.

Se enorgullece de haber vivido de su arte. “Con suerte y capacidad sí se puede vivir de la música”, considera.
Ha grabado dos discos y en la actualidad ha formado un dúo junto al violinista Salomón Torres y producciones Carlos Vilanova, donde se ofrece como pianista internacional.

Si usted desea contratarlo puede contactarle en los teléfonos 278-0072 y 725-8029.

Su paso por siete grupos
“La Melódica”, de Luis Alonso Polío.
“La Barrientos”, de Rafael Barrientos.
“La Internacional Polío”, dirigida por Paquito Palaviccini.
“La Sonolux” (sonido de lujo).
Orquesta de “Alfredo Mojica”.
“The Five Amigos”.
“Los Internacionales de Carlos Vilanova”.

 



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