Edición del 15 al 22 de agosto de 2004

Es un arte, un arte perdido. Así definen los hacedores de toneles
la fabricación de estos recipientes con años de tradición.

Gretchen Parker
AP

La maquinaria con que elaboran los barriles tiene más de cien años.

Dentro de un taller oscuro y polvoriento cerca del río Choptank, en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos, media docena de hombres trabaja para fabricar lo que equivale a un verdadero anacronismo.

Usan máquinas que deberían estar en un montón de chatarra o en un museo. Fueron patentadas hace más de cien años y construidas en una época tan lejana como la década de 1930.

Siguen operando gracias a un manejo constante y un cuidado exigente. Los hombres fabrican miles de barriles de madera.

Estos contenedores de mercancías secas, conocidos como barriles “no herméticos”, casi desaparecieron debido a las cajas de cartón después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, Brooks Barrel Co., una de sólo cuatro tonelerías de barriles no herméticos que aún operan en Estados Unidos, está prosperando a base de vender estas antiguas vasijas para su exhibición en escenarios de películas de Hollywood y en tiendas especializadas, como las de café.

Los amantes de esta bebida pueden disfrutar ver cómo sacan sus granos para el café expreso de barriles estilo antiguo.

“Son tan escasos. Mucha gente sólo ha visto un barril en las revistas”, dijo Paul Brooks, de 82 años, al explicar el atractivo de estos toneles. Brooks inició la tonelería de Cambridge en 1950 cuando la industria de mariscos de la Bahía de Chesapeake estaba en auge.

Los barriles no herméticos, que se ven más como los barriles de roble herméticos comunes que se usan para almacenar vino y whisky, eran perfectos para transportar cangrejos y ostras antes de que los camiones tuvieran refrigeración.

A través de los siglos los toneleros se dieron cuenta de que no podían mejorar el viejo diseño.

Las tapas superior e inferior se ajustan justo dentro de los extremos del barril y tienen chaflanes en las orillas de forma que, cuando se llena el tonel, el peso de su contenido hace que las tapas queden fijas. Sus dimensiones los hacen fáciles de transportar, porque uno lleno usa su peso como impulso cuando se le hace rodar acostado.

No pasan de moda


Después de la aparición de la refrigeración y del cartón corrugado, los barriles no herméticos se volvieron menos comunes, pero nunca pasaron de moda. Los toneleros tienen sus teorías sobre por qué los barriles aún son atractivos y cómo es que siguen fabricándose después del siglo XX.

El legado de las tonelerías es fuerte, dijo Ken Knox, que era un técnico en un laboratorio médico antes de empezar a trabajar en el taller en 1980. Se enamoró del negocio de los barriles y se lo compró a Brooks en 1991.
Debido a su historia, ver un barril es agradable, dijo Knox.

“Actualmente la gente trata de aferrarse a algo de nuestro patrimonio”, agregó. “Esto es algo que se hacía cuando nuestros antepasados llegaron a este país. Toneleros, herreros, fabricantes de velas, todas estas personas tenían oficios vitales para nuestra nación. Así empezamos todos”.

Dos mil toneles por semana se fabrican en esta tonelería de Cambridge.

Lo único que cambió en la fabricación de barriles fue el advenimiento de la maquinaria. El equipo antiguo en la Brooks Barrel Co. no es fácil de operar. Si una parte se rompe, tiene que ser reconstruida; ya nadie fabrica estas máquinas.

“Conocemos hasta cómo respiran”, dijo Knox sobre los viejos artefactos.

Cuando es puesto en movimiento, el equipo se engrana bajo capas oscuras de aceite y polvo de pino. Una máquina remacha las bandas de acero para formar círculos, y otra las estira hasta formar aros planos.

Después de que las partes están preparadas, Knox y sus cuatro toneleros pueden hacer un barril por minuto cada uno.

El proceso es casi más rápido que la vista. El tonelero toma unos 10 tablones, los acomoda dentro de un aro, martilla para fijarlos en el interior y deja caer un cable para jalarlos hasta que toman forma. Quedan en simetría perfecta, mientras el tonelero pisa un pedal en una máquina que maniobra los aros.

El producto es un barril simétrico, perfectamente liso. Dos mil por semana. El costo promedio de cada uno es de 50 dólares, y son enviados a toda Norteamérica.

“Definitivamente es un arte, un arte perdido”, dijo Bob Fairbanks, que ha trabajado como tonelero en Brooks Barrel durante 10 años.

Como Knox, Doug Boyd, propietario de Maine Bucket, una tonelería de barriles no herméticos en Lewiston, Maine, los vende para que sean exhibidos en tiendas de abarrotes y para personas que siembran plantas en centros de artículos para el jardín y el hogar, no para transportar papas, manzanas o piedra caliza, como cientos de toneleros del estado lo hicieron a mediados del siglo XIX.



1995 - 2004. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com