Edición: 15 de febrero de 2004

Los responsables del programa espacial europeo explican los retos que deberán
vencer para enviar un ser humano al planeta rojo.

Julio Godoy 
PARÍS
Vista general del planeta rojo, Marte, tomada por la NASA.

La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) anunció que planea enviar una primera misión tripulada a Marte en 2033. Pero le esperan tres décadas de arduo trabajo en la creación de tecnologías, aún inexistentes, para lograrlo.

“Nosotros tenemos un calendario detallado que debemos satisfacer antes de enviar una misión tripulada a Marte”, dijo a Tierramérica el director de investigaciones de la agencia a cargo de misiones tripuladas, Dietrich Vennemann.

“La ESA debe primero confirmar las premisas técnicas establecidas por sus ingenieros durante los últimos tres años”, señaló.

La investigación de Marte forma parte del programa Aurora, lanzado en 2001 por la
Unión Europea para la exploración del Sistema Solar.

El calendario hacia una misión tripulada al planeta rojo se abre en 2007 con una misión destinada a probar tecnología para el reingreso a gran velocidad de una nave especial a la atmósfera terrestre.

“Esa misión es un primer gran desafío técnico. A fin de reducir la duración de una misión a Marte, hemos calculado que la velocidad mínima necesaria es 12 kilómetros por segundo. Hasta hoy, la ESA ha usado naves capaces de viajar a una velocidad máxima de 7,6 kilómetros por segundo. Entre ambas velocidades, y dadas las consecuencias sobre la resistencia de materiales que se derivan de ellas, hay una diferencia abismal”, destacó Vennemann.

En 2009, si la ESA consigue alcanzar velocidades satisfactorias, enviará una primera nave de investigación biológica a Marte, a fin de obtener pruebas minerales y gaseosas del planeta rojo, con el fin de identificar huellas de vida pasada o presente.

“Nuestras primeras misiones deberán operar con microtecnología que pueda ser transportada en una nave espacial y ser usada en Marte. La microtecnología va a ser desarrollada para el análisis de las muestras minerales y gaseosas que consigamos traer a la Tierra”, indicó el director del programa Aurora, Franco Ongaro.

La ESA planea probar hacia 2014 tecnologías de apoyo a misiones tripuladas, como sistemas para respiración y equipo de protección contra la radiación solar.

Vennemann recordó que la atmósfera de Marte consiste mayoritariamente en bióxido de carbono, irrespirable para el ser humano, y que la radiación solar es mucho más elevada que en la Tierra. “Antes de enviar astronautas a Marte, tenemos que desarrollar la tecnología necesaria para superar esos obstáculos, y ser capaces de establecerla en forma permanente en ese planeta”, precisó.

Además, los viajes espaciales tripulados realizados durante los últimos 40 años han durado no más de 400 días, y “una misión tripulada a Marte durará probablemente unos mil días. Eso significa que tenemos que trabajar mucho para crear apoyos técnicos” a la supervivencia en el espacio, apuntó el funcionario.

Ongaro afirmó que el envío de astronautas a Marte es indispensable para llevar a cabo una investigación exhaustiva, ya que robots y computadoras disponen de una capacidad reducida de análisis.

Sobre el costo de una misión tripulada a Marte, Ongaro opinó que sería una buena inversión para Europa, ya que representaría menos de un dólar anual por persona, y “gastamos un promedio de 50 dólares en cosméticos por persona en un año, y un promedio de 10 dólares por persona por año en ir al cine”.

“La mitad de los gastos reingresará en las cajas de los Estados en forma de impuestos y la otra mitad servirá para pagar salarios de ingenieros y profesores, que incrementan el acervo científico del mundo”, enfatizó.

La sonda europea Beagle II, que aterrizó en Marte en diciembre, perdió contacto con la estación de control en la tierra, pero la primera nave europea de exploración de Marte, Mars Express, es considerada un éxito total. La nave alcanzó su órbita definitiva alrededor de Marte el 28 de enero y logró identificar agua y dióxido de carbono congelados en la superficie de ese planeta.

El autor es corresponsal de IPS.

ECOBREVES

HONDURAS
Indígenas protegen tortugas 

Comunidades indígenas miskitas impulsan la creación de un vivero al noreste de Honduras para conservar y proteger las tortugas verdes (Chelonia mydas), caguama (Caretta caretta) y baula (Dermochelys cariacea), en peligro de extinción.
Plaplaya, en la región de la Mosquitia, es uno de los sitios donde más habita este tipo de tortugas, víctimas del saqueo de nidos para consumo de huevos y de los accidentes de embarcaciones de pesca.
Los miskitos iniciaron hace cuatro meses un proceso de concientización que culminó con la presentación del proyecto, dijo Hugo Galeano, del Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
También habrá una campaña educativa de ocho meses en escuelas y en doce comunidades aledañas a Plaplaya, y se prevé crear empleos de patrullaje y vigilancia en la zona donde anidan las tortugas. 

ARGENTINA
Lana de vicuña ilesa 

Científicos y pastores de Argentina demostraron que se puede obtener pelo de vicuña (Lama vicugna) silvestre para hacer lana, que llega a cotizarse a $500 por kilogramo, con métodos que no hacen daño a esos animales andinos.
El equipo capturó a 120 vicuñas, de las cuales esquiló 75, y obtuvo unos 250 gramos de lana por animal en la localidad de Cieneguillas.
El Proyecto Manejo Sostenido de Camélidos Silvestres Sudamericanos es liderado por la bióloga Bibiana Vilá, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Junto con ella trabajaron científicos y pastores integrantes a la asociación Los Pioneros.
Vilá calcula que en el período de dominación incaica había 1,5 millones de vicuñas en Perú, Bolivia y las zonas norte de Argentina y Chile, pero la caza para comercializar lana las llevó a 10 mil ejemplares en 1970, cuando se decidió protegerlas.

 



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