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Edición:
15 de febrero de 2004

Se
conocen tantos detalles sobre los patos residentes y migratorios
que, al parecer
, ya no hay secretos. Pero la falta de un manejo sostenible
de sus hábitats refleja
que se está a mitad del camino.
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Los
conteos realizados por el MARN han detectado que el
lago de Güija y el Cerrón Grande albergan
mayor número de especies.
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Al mediodía,
las zarcetas ala azul (Anas discors) y los pichiches ala blanca
(Dendrocygna autumnalis) suelen reposar en la superficie del
espejo de agua de la laguna El Jocotal.
Parecen quietos, relajados. Pero ante la menor perturbación,
el ruido de una vaca que come pasto en la ribera o el de un
pescador que rema en su cayuco, las bandadas alzan el vuelo
para detenerse en un sitio más solitario, incluso entre
el lodo y la vegetación.
Estas especies de nacionalidades diferentes, la primera de
Norteamérica y la segunda nativa de El Salvador, suelen
juntarse y hacerse compañía durante la temporada
que va de octubre a mayo.
En ese tiempo, los patos originarios de Alaska, Canadá
y Estados Unidos, sobre todo de las praderas del Photole,
una región del sur de Norteamérica donde se
reproduce el 55% de estas especies a nivel mundial, emprenden
el viaje en busca de los climas del trópico.
Son viajeros sin visa y sin pasaporte. Algunos se detienen
en México, otros siguen hasta Centroamérica
e incluso Colombia y Venezuela. Los que deciden quedarse en
El Salvador se alojan en el Cerrón Grande, el lago
de Guija, la laguna El Jocotal y Olomega.
En estos cuatro cuerpos de agua, según el Conteo de
Anátidos en Humedales de El Salvador 2001-2002, realizado
por el Ministerio del Medio Ambiente (MARN), en coordinación
con la Organización Duks Unlimet (Patos sin fronteras),
se han identificado quince especies.
De éstas,
sólo cuatro son residentes. El resto son migratorias,
pero hallan en los humedales del país las condiciones
propicias para alimentarse y reponer energías para
cuando llegue el momento de emprender el regreso.
El conteo que inició en el 2000, considera Ricardo
Ibarra Portillo, técnico en recursos naturales de la
Dirección General de Patrimonio Natural del MARN, les
ha dado tantos visos sobre la forma de vida de estos animales.
Estamos cuadriculándolas cada vez mejor”, indica
Ibarra. A través de los monitoreos se han dado cuenta
de las condiciones que prefieren, que el Cerrón Grande
hospeda mayor número de individuos, pero El Jocotal
y Güija sirven de hogar a más especies.
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Durante
las mañanas, los anátidos suelen permanecer
en el agua abierta.
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Han detectado
que el principal punto de entrada de los patos migratorios
es el lago de Güija, que cuando El Jocotal y Güija
comienzan a desnudar sus playas y van quedando zonas secas
los visitantes se marchan hacia el embalse.
Se han despertado sospechas de que algunas especies que se
cree son sólo visitantes podrían estar anidando
en el país, entre ellas el pato lentejo o candilejo
(Oxyura jamaicensis), que se caracteriza por ser un perfecto
buceador y permanecer en las aguas abiertas.
Incluso en uno de los recorridos por el lago de Güija,
en mayo del año pasado, descubrieron una pareja que
ya se había vestido con su plumaje reproductor y estaba
a punto de retirarse. Se trata de la Aythya colaris, una zarceta
migratoria que se constituyó en la especie número
quince.
Descubrieron la potencialidad que tiene Olomega y los pantanos
que la rodean para albergar a los patos migratorios, así
como la preferencia que tienen por los inmensos playones de
lodo y arena que se hallan en el Cerrón Grande, donde
encuentran un caldo nutritivo para alimentarse.
Casi desaparecidos
Ricardo
Ibarra considera que el manejo de un humedal se hace a partir
de las especies indicadoras. “Y unos de los principales
indicadores son los patos”, dice. “Entre más
variedad hay en lugar significa que está mejor conservado”,
agrega.
Es decir
que los anátidos encuentran diferentes nichos ecológicos
para habitar y alimentarse. A cambio de esos beneficios que
les prodigan los humedales, ellos contribuyen a mantener las
condiciones estables de éstos.
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Durante
las mañanas, los anátidos suelen permanecer
en el agua abierta.
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Estos
animales acuáticos contribuyen a la cadena alimenticia,
pues además de saciar el hambre de algunas aves rapaces,
ellos también se alimentan de caracoles y de otras
especies acuáticas.
Además, al alimentarse de plantas acuáticas
contribuyen a controlarlas y a evitar grandes brotes de vegetación.
“Sin su ayuda se podría descontrolar el ecosistema
y llegar a perderse la diversidad de las especies”,
comenta Néstor Herrera, coordinador de proyectos del
Programa de Ciencias de SALVANATURA.
Los biólogos savadoreños que han estudiado la
forma de vida de los patos suelen tomarlos como una línea
para interpretar las condiciones de los humedales. De hecho,
por ser primitivos y ser parte de los animales menos evolucionados
son más vulnerables a cualquier perturbación.
De las
quince variedades que habitan los humedales de El Salvador,
sólo cuatro han sabido adaptarse al ambiente. Y de
estas últimas, sólo el pichiche de ala blanca
y el real o canelo (Dendrocygna bicolor) han poblado con más
abundancia estos cuerpos de agua.
El pato real (Cairina moschata) que anida en los árboles
de las zonas costeras es muy escaso en el país, y raras
veces se deja ver. Y la situación del pato enmascarado
es aún peor. Observar su pico brillante y su cuerpo
pequeño mientras se arrastran sobre el agua es casi
imposible.
Oliver Komar, gerente del Programa de Ciencias de SALVANATURA,
sospecha que la casi extinción de estos anátidos
podría ser el resultado del uso de agroquímicos
en los cultivos de la zona. Y en el caso del pato real es
posible que ya no encuentra los árboles con huecos
donde acostumbra anidar.
“Hablamos de posibilidades. No hay datos que nos enseñen
una razón”, refiere Oliver. Tampoco hay estudios
que permitan afirmar que se ofrece a los patos un buen hospedaje,
es decir si el manejo de los humedales es adecuado.
¿Y el manejo sostenible?
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En
los últimos años, el pichiche ala blanca
y el canelo han aumentado sus poblaciones.
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Sí
se han encontrado algunos sucesos que dan luces sobre los
principales perturbadores de estas aves acuáticas.
Jesús López, uno de los pescadores de la laguna
El Jocotal, cuenta que en este humedal la cacería es
prohibida, incluso la de subsistencia es aborrecida por los
lugareños.
Mientras
hacemos un recorrido por los sectores de “La pipianera”
y “Puerto viejo”, nos damos cuenta de que el hábitat
de los patos es invadido por la presencia y el bullicio de
los pescadores y por las vacas que flotan en la laguna.
A menudo, las bandadas de pichiches ala blanca y las zarcetas
ala azul deben dejar sus sitios de descanso en busca de recodos
más solitarios. Néstor Herrera datalla que en
sus recorridos por los humedales han detectado que algunos
patos se quedan enredados en los trasmallos.
En una visita reciente encontraron muerto un pato boludo (Aythia
affinis) en el lago de Güija. Además, añade,
han tenido conocimiento de que algunos lugareños salen
a capturarlos durante las noches, mientras las aves se encuentran
dormidas.
El obstáculo, según él, es que la cacería
de subsistencia no se contempla en la Ley de Vida Silvestre,
como el caso de la deportiva. “Sí hay delito,
pero también un vacío”, considera Herrera.
Perturbadores
Cacería deportiva
y cacería de subsistencia. Algunos se quedan atrapados
en los trasmallos.
Depredadores
como el halcón peregrino y otras especies de aves
rapaces.
La tala de algunos
árboles que les sirven para anidar, en el caso
de las anátidos nativos.
u Se supone que la contaminación en general y el
uso de agroquímicos podría ahuyentar a algunas
especies, como en el caso del pato calvo (Anas americana)
y el golondrino (Anas acuta). |
Perturbadores
Cacería deportiva y cacería de subsistenci |
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Praderas
de Pothole, desde donde los patrópico.
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Praderas
de Pothole, desde donde los patrópico.
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Praderas
de Pothole, desde donde los patrópico.
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Praderas
de Pothole, desde donde los patrópico.
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