Edición del 14 al 21 de noviembre de 2004

Negociadores del tratado de libre comercio rechazan propuesta de Estados Unidos de patentar plantas y animales. El tema se abordará en la sexta ronda a fines de noviembre.

Por Constanza Vieira 
BOGOTÁ


Extraordinarios anfibios son parte de la riqueza biológica en Los Andes.

El acceso a los recursos genéticos en la región andina, que alberga la cuarta parte de la biodiversidad del planeta, es un punto de discordia en el tratado de libre comercio que Estados Unidos negocia desde mayo con Colombia, Ecuador y Perú.

La propuesta estadounidense establece acceso libre para patentar plantas y animales, a los que designa como “inventos” en el capítulo sobre propiedad intelectual del borrador del tratado, norma que entraría en contradicción con la legislación de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

La CAN, integrada por los tres países que negocian el tratado junto con Bolivia (observador en el proceso) y Venezuela, prohíbe expresamente patentar seres vivos, salvo microorganismos desde 1998.

Propiedad intelectual y agricultura son las dos áreas en las que, tras cinco rondas de negociación, no hay acercamiento entre las partes. Ambas se abordarán en la sexta ronda, prevista del 29 de noviembre al 4 de diciembre en la sudoccidental ciudad estadounidense de Tucson, dijo a Tierramérica Hernando José Gómez, jefe negociador colombiano.

Las normas en los países de la CAN, que suman cuatro millones 700 mil kilómetros cuadrados, establecen que la biodiversidad es patrimonio nacional y regional, y reconocen el saber tradicional asociado con el uso de recursos genéticos.

Los andinos se acogen además al Convenio de 1991 de la Unión para la Protección de las Obtenciones Vegetales, que establece un marco de propiedad intelectual de variedades de plantas muy semejante a las patentes, y reconoce derechos de científicos, fitomejoradores y agricultores.

Una fuente del equipo negociador colombiano dijo a Tierramérica que tiene instrucciones de “no contrariar la norma andina”, y que los representantes de su país, Ecuador y Perú trabajan en armonía.

Además, Gómez recordó que las tres delegaciones sudamericanas cuentan con respaldo de los otros dos miembros de la CAN. “El 99 por ciento de los textos andinos ya están sobre la mesa”, agregó.

Pero la propuesta estadounidense de patentar plantas y animales ha generado preocupación en amplios sectores de la comunidad andina.

El tratado “realmente es un negocio de patentes. Estados Unidos quiere, por decirlo así, imponer que todos los países adopten tratados sobre las patentes. Y ése es uno de los grandes problemas en el tema de la biodiversidad”, dijo a Tierramérica Manuel Rodríguez, ex ministro colombiano de Ambiente.

“Muchas cosas relacionadas con el acceso a recursos genéticos tienen que ver con las patentes. Por ejemplo, Estados Unidos no ha reconocido ni va a reconocer el conocimiento tradicional. Pero eso tampoco lo va a resolver el tratado, y uno puede suponer que van a encontrar la forma de aplazarlo (el tema) y sacar adelante el acuerdo”, agregó.

Washington logró que las negociaciones sean secretas, y su propuesta no es de dominio público, como tampoco lo es la de los andinos, aunque en la sede del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo colombiano, parlamentarios e investigadores de universidades pueden ver ambos textos en una terminal de computador, sin posibilidades de copia y previa firma de un compromiso de “confidencialidad”.

Funcionarios de ese ministerio indicaron que los periodistas no tiene acceso a esa terminal, pero Tierramérica pudo leer la propuesta andina sobre propiedad intelectual, bajo la condición de no tomar apuntes. En general, esa propuesta interpreta la norma de la CAN en la materia.

“No puede ser de otra manera. La norma andina se aplica de manera prevalente”, dijo a Tierramérica Luis Ángel Madrid, funcionario del ministerio y negociador portavoz en la mesa sobre propiedad intelectual.

Pero Margarita Flórez, abogada ambientalista del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos, con sede en Bogotá, discrepa con la apreciación de Madrid.

“Los estadounidenses quieren que se permita patentar plantas y animales” y prevalecerá “el tratado bilateral, que será más específico y posterior (a la norma andina)”, dijo Flórez.

“Los tratados se firman para cumplirlos, y Estados Unidos tiene muchísimas maneras de hacerlos cumplir”, aseveró.
El acuerdo podría estar listo en febrero y entraría en vigencia en 2006, si lo aprueban los parlamentos de los cuatro países.

Pero los opositores al tratado en las naciones andinas han pedido, como mínimo, la suspensión de las negociaciones y la difusión de las propuestas.

En Colombia, por ejemplo, el movimiento indígena propuso un referendo contra el tratado.
La autora es colaboradora de Inter Press Service (IPS)



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