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Edición
del 7 al 14 de noviembre de 2004

Quinientos
jóvenes se graduarán el próximo 15 de
diciembre del INFRAMEN; 270 de ellos no cuentan con los ingresos
mínimos para pagar con los gastos de graduación
y buscan manos amigas que les ayuden a cumplir sus sueños.
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Dos modalidades
* El
plan Padrinos incluye dos modalidades. Una es otorgar
nueve dólares mensuales por doce meses y 12
dólares adicionales para prácticas de
laboratorio al año, para jóvenes de
escasos recursos .
* La otra es donar $40 a los que ya se van a graduar.
Estos se invierten así: $15 cuota obligatoria,
$6 costo del anuario, $3 por un recuerdo de barro,
$2 por el pin, $18 por tres tarjetas para la fiesta
de graduación, $2 para cancelar la excursión
de fin de año y $6 de descuento que este año
ha otorgado la institución.
* El año pasado 250 padrinos cancelaron los
gastos de graduación de igual número
de jóvenes.
* Los padrinos pueden conocer a sus ahijados el día
que quieran, y algunos ahijados les obsequian una
invitación para asistir a la graduación
y otra para la fiesta.
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Hijos
de domésticas, albañiles, vendedoras, obreros
y desempleados, todos ellos son muchachos y muchachas que
luchan por salir adelante y por alcanzar el sueño de
convertirse en bachilleres.
Muchos viven en piezas de mesón o en improvisadas champas
de lámina en alguna zona marginal del gran San Salvador.
En ocasiones algunos no han tenido a la mano ni siquiera los
veinte centavos para pagar el pasaje de autobús y se
han visto obligados a caminar largas distancias desde sus
viviendas hasta el INFRAMEN para continuar estudiando.
Son alumnos normales, que pese a las limitaciones económicas
se han empeñado en graduarse de bachillerato. En algunas
familias ellos serán los primeros en lograrlo.
Ahora que se acerca la ceremonia de graduación enfrentan
un nuevo reto: conseguir el dinero para cancelar los gastos
que implica ese día tan especial.
Para graduarse necesitan 15 dólares reglamentados por
el Ministerio de Educación y 25 solicitados por la
institución. En total son 40 dólares que les
permitirán no sólo obtener su título,
sino varios objetos elaborados como recuerdo de esa fecha.
Se trata de un anuario con las fotografías de todos
los compañeros y maestros, un pin metálico en
el que se lee graduado en forma dorada, un adorno
de barro donde se detalla el año de la graduación,
las entradas a la fiesta y el pasaje para la excursión
de fin de año, que es ya una tradición para
los jóvenes alacranes.
Hay 320 jóvenes (de un total de 500) que necesitan
esta cantidad de dinero; hasta ahora sólo se ha conseguido
padrinos para unos 50, el resto espera con ansia que alguna
persona altruista los apadrine y les done ese dinero.
Esther de Andrade, la trabajadora social del INFRAMEN, emprende
una tarea titánica contra el tiempo, intentando tocar
todas las puertas que le son posibles.
Nosotros agregamos algunas cosas que hacen del día
de graduación un momento inolvidable; no es mucho dinero,
pero para ellos es difícil conseguirlo, dice.
La licenciada Andrade visita a los interesados y les muestra
los expedientes y las fotos de los muchachos para que se decidan
a apadrinar alguno.
Ya ha obtenido respuesta para 50 alumnos. Incluso algunos
padrinos piensan continuar ayudándoles porque la mayoría
de los jóvenes quiere seguir en la universidad, pero
todavía hay 270 a la espera de más padrinos.
Todos los días vienen aquí a preguntar
si alguien ya los apadrinó, porque quieren ir a la
excursión, venir a la fiesta y gozar igual que el resto
de sus compañeros, dice Andrade.
Los jóvenes que no consigan padrino podrán graduarse,
pero no obtendrán los regalos adicionales otorgados
por la institución.
Andrade aclara que el INFRAMEN no tiene presupuesto para pagar
esos gastos adicionales, porque apenas tienen para los aguinaldos
de los empleados.
Así que ya lo sabe, si está interesado en apadrinar
un alumno del INFRAMEN puede llamar a los teléfonos
276-6083 y 84. Aún hay muchos jóvenes esperando
cumplir sus sueños. Conozca a algunos de ellos.
Karla
Zúniga Martínez 16 años
Su madre es doméstica y gana 100 dólares
por mes; tiene tres hermanos más, menores que ella,
que dependen exclusivamente de los ingresos de la madre.
La familia entera escapó de la casa hace unos meses
huyendo de los maltratos del papá, quien es maestro
de obra y no les ayuda económicamente.
Con lágrimas en los ojos, Karla asegura que quiere
graduarse y seguir en la universidad para mejorar las
condiciones económicas de todos. Yo no tengo
sueños dice, sino aspiraciones, que
son más reales.
Estoy segura de que si tengo fe en Dios puedo cumplirlas.
Me gustaría ser pediatra o sicóloga de niños,
pero mi mamá me desalienta y dice que no puede
pagarme eso, cuenta.
Todo parece indicar que el destino de Karla será
convertirse en doméstica, porque la madre ya no
puede con los gastos de la casa.
La promesa de su madre es que Karla trabaje un par de
años para ahorrar y luego pueda ir a la universidad.
Yo sólo quiero graduarme y llevarme los mejores
recuerdos. Luego no sé qué me depara el
futuro, resume entristecida. |
Mirna
Lizette Bernal 18 años
Ella sabe muy bien lo que quiere de la vida. A su escasa
edad ya trabaja para sostenerse y lucha contra todo para
seguir estudiando.
Es empleada de una agencia de domésticas y viaja
a diario a distintos puntos de San Salvador para llevar
de un lado a otro a jovencitas que no tienen estudio y
se ven obligadas a trabajar como empleadas de servicio.
Ella no quiere eso para su futuro, por eso sigue en la
escuela. Ya terminó el bachillerato, y ahora su
reto es ir a la universidad y estudiar ingeniería
en sistemas.
No tiene nada ni a nadie. Su padre la abandonó
cuando era niña, su madre padece un trastorno mental
y vive con su pequeña hermanita de 10 años,
a quien quiere sacar adelante. |
José
Antonio Chávez - 19 años, estudia hostelería
y turismo
Es un muchacho alegre y conversador, le gusta bailar y
jugar al fútbol, pero no tiene mucho tiempo libre.
Trabaja de tres de la tarde a dos de la madrugada, en
un reconocido restaurante de la capital. Hace hasta tres
turnos por día (recibe $3 por cada turno), dispuesto
a ahorrar todo lo que pueda para continuar estudiando
una vez se gradúe.
Su madre es doméstica y su papá albañil.
Entre ambos reúnen unos 200 dólares mensuales
para alimentar a una familia compuesta de cuatro hijos,
todos en la escuela.
Él quiere continuar estudiando, Quizá
una carrera técnica en el ITCA, piensa. Su
mayor anhelo es obtener un salario fijo que permita que
su madre deje de ser doméstica. |
Janis
Villafranco -
18 años, estudiante de hostelería y turismo
No tiene apoyo de su madre porque ésta apenas gana
unos cinco dólares por día vendiendo tortillas
en San Martín. Su padre falleció hace seis
meses y ella continuó estudiando pese a las limitaciones
económicas.
Tiene cuatro hermanos, tres menores que ella, que también
dependen de la mamá.
El sueño de Janis es continuar una licenciatura
en idioma inglés y obtener un empleo como aeromoza
en una aerolínea. No ha aplicado en la universidad
porque no cuenta con dinero. Su meta por ahora es graduarse.
Quiere su anuario, dice, porque es el mejor recuerdo de
esa época tan especial en la vida. |
José
Gabriel Hernández - 17 años
Dice que en 10 años él será un licenciado
en administración de empresas que tendrá
un trabajo fijo, que su mamá y su papá estarán
tranquilos en casa y que él podrá correr
con los gastos de sus tres hermanitas.
Y es que pese a su corta edad, él sabe muy bien
que con esfuerzo logrará todo lo que se proponga.
A veces ni para el pasaje (de autobús) he
tenido, pero he caminado, porque quería graduarme
y ya estoy a un paso, dice este hijo de un maestro
de obra y una ama de casa.
Yo quiero seguir estudiando, pero en mi casa ya
me dijeron que es imposible que me den el estudio. Entonces
ya decidí que voy a trabajar dos años de
lo que sea: ordenanza, mesero, lo que sea. Voy a ahorrar
y después me voy a hacer licenciado, dice
convencido. |
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