Edición del 14 al 21 de noviembre de 2004

Considerado como uno de los pintores más destacados del país, César Menéndez habla sobre su nueva faceta artística, que lo mantiene muy ocupado en su estudio en un proceso de aprendizaje.

Orsy Campos
Fotos: Arely Umanzor


Reseña en breve

• César Menéndez nació en Sonsonate en 1954.
• En 1981 fue becado por Procultura, por gestiones de su amiga Rhina Avilés, para estudiar pintura y grabado en “Art Student Ligue” en Nueva York.
• Ha realizado más de cien exposiciones, entre individuales y colectivas, en El Salvador, Estados Unidos, Panamá, Argentina, Guatemala, Costa Rica, España, Colombia, Cuba, Ecuador e Italia.
• Ha sido galardonado y distinguido en seis ocasiones: 1971, 1979 y 1990 en El Salvador; 1986 en Miami, Florida; 1987 en Cuenca, Ecuador y 1996 en Francia.
• Obras de Menéndez forman parte de las colecciones permanentes del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, Museo de Arte Latinoamericano (MoLAA), en Long Beach, California; el Museo de Arte de las Américas (OAS) en Washington D. C. y el Museo del Barrio en Nueva York.

Arquitecto de vocación y pintor por consagración, César Menéndez trabaja afanosamente para dominar una nueva disciplina de las bellas artes. Ahora es el turno de la escultura.

Por ese motivo a él se le puede ver trabajando pacientemente en su estudio, tallando un caballo y otras figuras hechas con plastilina color café.

Busca manejar el arte de la escultura lo mejor posible, ya que tiene un compromiso muy delicado: hacer una estatua de la poetisa Claudia Lars, que estará en forma permanente en el parque de Armenia.

“Claudia es un símbolo nacional de las letras que merece su relevancia. La escultura estará al aire libre, porque si fuera un cuadro estaría encerrado y poca gente lo disfrutaría... Además no soy un especialista en retratos”, menciona Menéndez.

Aunque se le conoce como el pintor mejor cotizado del país, “después de Mincho Cañas”, afirma él, César asegura que siempre le interesó la escultura.

Sus primeros intentos con este arte lo recuerda con nostalgia y alegría de cipote pícaro: “de niño jugaba con el barro en Armenia, siempre hice procesiones, indios, ángeles... y si se puede ser un artista integral me hace falta hacer escultura”, afirma.

Pero es desde este año que comenzó a incursionar en su nueva disciplina artística, aprendiendo como autodidacto, por lo que estudia los clásicos de la figura humana, y luego, con un tono entre broma y serio dice: “Me autobecaré para ir a estudiar escultura a Nueva York”, en Estados Unidos.

No obstante, la escultura que representaría a Claudia Lars debe estar antes de viajar a la metrópoli estadounidense, y aunque no se arriesga a decir en qué fecha estaría lista, con mucha firmeza Menéndez asegura: “Esa escultura de Claudia no sale de mi estudio hasta que no sienta que valga la pena... Si algo tengo es mucho sentido de autocrítica... y Claudia Lars sería mi punto de partida”.

Por ese motivo Menéndez batalla con la plastilina, utilizando sus dedos pulgares para aplastarla, para darle la forma, para conseguir el volumen y alcanzar la perfección de ese arte milenario.

Evolución artística


Aunque César Menéndez se encuentra muy entretenido con el perfeccionamiento de la escultura, no deja de lado su trabajo cotidiano con la pintura, y en su estudio de trabajo se pueden ver las escultura a medio andar y los cuadros que aún les falta retoques.

A diario, César trabaja en sus modelos de plastilina para lograr el dominio del volumen.

“Yo creo que se puede llevar las dos cosas a la vez, y trabajar con el volumen enriquece más a la pintura o viceversa”, señala Menéndez mientras nos enseña cómo talla metódicamente las piezas escultóricas que le sirven de prueba.

Menéndez señala las ventajas de entrar a esa nueva faceta de escultor: “Descansaría un poco de la pintura, para refrescar, y me daría la pauta para otro periodo evolutivo de mi obra”.

Como un maestro de la plástica también afirma que “en el arte hay que ser como un niño juguetón, con lo lúdico se descubren cosas”, y así como un niño entretenido con su nuevo juguete, parece divertirse con las pequeñas esculturas que realiza.

No obstante, su labor pictórica pasa por un buen momento, de hecho el pasado octubre terminó la exposición en el prestigioso “Museum of Latin American Art”, de Long Beach, en California, una muestra individual de 24 pinturas titulada “César Menéndez, cazador de fantasías”, que duró cuatro meses.

César Menéndez, pintor consagrado y ahora novato en la disciplina de la escultura, nació en Sonsonate en 1954, pero su niñez la vivió en el municipio de Armenia, donde fue declarado “Hijo meritísimo”.

Sin embargo, uno de sus deseos es volver a exhibir su obra en El Salvador, ya que la última exposición la hizo hace diez años.

“Posiblemente exponga en febrero en la Sala Nacional de Exposiciones.

Nunca he expuesto ahí y quiero que el pueblo vea mi trabajo”, señala con mucha entusiasmo.

La razón por la que ya no ha mostrado sus creaciones en el país se debe a que, según él, ha estado ocupado con muchos compromisos en el extranjero, porque se le estaba abriendo el campo internacional y había que aprovecharlo.

Y con mucho sentido crítico asegura: “Mi obra ha gustado mucho, me he mojado en el río y no me he quedado quejándome por la falta de apoyo.

Hay que salir a buscar oportunidades, y con esfuerzo yo darle a mi país y no que el país me dé con la lástima acostumbrada”.

Y aunque su obra pictórica es un referente de la pintura salvadoreña, ahora la lucha comienza con la escultura, dedicando su tiempo al estudio de esta disciplina para después, según Menéndez, romper esquemas.

“Quiero aportar algo de mi conocimiento (a la escultura), sin pretensiones de llegar a decir que soy el mejor, pero quiero dar mi aporte”, menciona el artista, y para lograr ese otro paso profesional será la estatua de Claudia Lars la que le permitirá incursionar en el nuevo campo de las bellas artes.

 

Intimidades del artista
¿Cuándo y cuál fue la primera pintura que vendió?
En 1977, fueron dos: “Parto prematuro” y “Autodestrucción”.
¿Quién fue el comprador?
El escritor Hugo Lindo, quien pagó ¢75 por cada una.
¿Qué hizo con ese dinero?
Me fui al mercado a comprar comida.
¿Cuál es el cuadro que más tiempo le ha dedicado a pintar?
Es el “Remolino”; lo he pintado por un año.
¿Cuáles son los artistas que admira?
El pintor (británico nacido en Irlanda) Francis Bacon, y entre los artistas salvadoreños Benjamín Cañas y Walter Iraheta.
Si no fuera pintor, ¿en qué le gustaría trabajar?
Tengo tremenda vocación por la arquitectura.
¿Cómo es su rutina diaria?
Me levanto a las diez de la mañana, hago ejercicios, desayuno, llego al estudio para ver qué se hace en el día, o salgo a las ventas de chatarra; luego pinto toda la tarde hasta las dos de la madrugada.
¿Qué piensa del arte joven en el país?
Lo importante es apoyar al artista joven... Es importante que se caiga para que aprenda más. El Instituto Superior de Arte en este país es primordial. Si tenemos un museo de primer mundo como el MARTE es necesario el instituto. Ahora yo propongo que Concultura sea un Ministerio de Cultura y se separara del Ministerio de Educación, porque demasiados problemas tiene éste. De aquí a 20 años más se ve un buen futuro para el artista joven.
¿Participaría usted en la creación del instituto?
Sí, participaría en el aspecto de asesoría.
Este tipo de figura es la que incluiría en un proyecto lúdico a futuro llamado “El circo”.
Este cuadro sin título forma parte de la serie “Remolinos”, donde la cama simboliza el nacer, vivir, amar y morir en una vida convulsionada.
Una de las dificultades que Menéndez encuentra para su trabajo escultórico es que no está claro con quién fundir; posiblemente lo haga en una fundición hondureña, aunque el transporte sería difícil.



 
 


1995 - 2004. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com