Edición del 13 al 19 de junio de 2004

Ambientalistas en Estados Unidos condenan la disposición
de peligrosos desechos nucleares en subsuelo de Carolina del Sur,
al tiempo que se desarrollan más armas atómicas.

Haider Rizvi 
NUEVA YORK

La administración de George W. Bush está bajo el fuego crítico de parlamentarios y grupos ambientalistas por su intento de producir una nueva generación de armas nucleares, al tiempo que descuida las tareas de limpieza de la contaminación causada por millones de litros de sus propios desechos atómicos.

El presupuesto para el próximo año fiscal, que comienza en octubre, incluye más de seis mil millones de dólares para investigación y desarrollo de armas nucleares, una suma similar a la que se asignaba a esas tareas en plena Guerra Fría. En 1995, el gasto autorizado en la materia fue tres mil millones.

El Senado estadounidense aprobó el 4 de junio una provisión incluida en la Ley de Autorización de Defensa 2005, impulsada por Bush, que permite la flexibilización de los requerimientos de limpieza de contenedores con millones de galones de peligrosos desechos radiactivos.

Según la provisión, el Departamento de Energía podrá reclasificar desechos radiactivos como “incidentales”, disminuir las medidas de limpieza y mantenerlos en 51 tanques subterráneos en el complejo del río Savanna, en el sudoriental estado de Carolina del Sur, en lugar de ser dispuesto en el desierto de Nevada, como lo marca la ley actual.

Aunque la provisión solo se aplica a Carolina del Sur, legisladores y ambientalistas en los estados de Washington y Idaho, que poseen similares de desechos nucleares, alegaron que la decisión crea un claro precedente que podría obligarlos también a hacer la reclasificación.

El Departamento de Energía “trata de ahorrar dinero dejando más desechos tras de sí, y poniendo en peligro a las futuras generaciones”, dijo Bob Schaeffer, de la Alianza por la Responsabilidad Nuclear (ANA, por sus siglas en inglés), una red de más de 30 comunidades residentes cerca de instalaciones nucleares.

La iniciativa tendría “graves consecuencias para recursos vitales de agua en todo el país” y “socavará el derecho de estados y tribus a proteger sus poblaciones”, sostuvo la ANA en una carta abierta a los integrantes del Senado.

El complejo de Savanna, establecido desde 1950 en un área de más de 777 kilómetros cuadrados, emplea a más de 12 mil personas, y la mayoría de ellas está involucrada en el manejo de sustancias tóxicas.

Se calcula que en ese sitio hay unos 130 millones de litros de desechos radiactivos.
Los críticos de la iniciativa sobre desechos tóxicos aprobada por el Senado piensan que se busca disimular los planes para construir en Savanna una fábrica de combustible de plutonio, con intención de producir cabezas nucleares para proyectiles.

Un informe titulado “Administrando los materiales nucleares de la nación. La visión para 2025 del Departamento de Energía”, revela la intención de producir nuevas armas.

Según ese documento, “los elementos inactivos de las fuerzas nucleares deben ser reconstituidos”, y “existe la oportunidad de usar Savanna para procesar excesos de plutonio residual”, y hacerlo utilizable en armas.

Ese complejo “es el lugar más contaminado sobre la faz de la tierra”, y representa “un horrible legado de la guerra fría, que se vuelve aun más horrible por la búsqueda estadounidense de más armas”, comentó el activista Louis Zeller, de la Liga de Defensa Ambiental Blue Ridge.

El autor es colaborador de Tierramérica.



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