Edición del 13 al 19 de junio de 2004

Una flor de diminutos pétalos, de tonos blanco, rojo y morado,
conocida como aster, contrasta con el verdor de otros cultivos
y ocupa pequeñas extensiones de tierra en dos cantones de
Nahuizalco, en Sonsonate.

Morena Rivera
Fotos: Luis Villalta

El aster es la flor estrella para los moradores de los cantones Pushtan y Tajkuilujlan.

La mayoría de ellos conserva entre sus cultivos, que puede ser cilantro, lechuga, cebollín, hierba buena y maíz, unas pequeñas extensiones de tierra dedicadas a la belleza y al color.

Cuando las flores han extendido sus pétalos y han alcanzado el matiz adecuado, después de tres o cuatro meses de siembra, los productores —unos cuarenta en total— distribuyen su trabajo entre el cuido de las hierbas y uno que requiere más delicadeza.

Con las mismas manos tierrosas arrancan la flor desde la raíz, la van amarrando en pequeños rollos y luego introducen las raíces en agua y las salpican con algunas gotitas para que se conserven frescas hasta el siguiente día cuando son comercializadas.

Los propietarios o las gentes dedicadas a la reventa bajan muy temprano desde los cantones con el cargamento de flores para ofrecerlas en el mercado de Nuhuizalco y Sonsonate.

No es que el cultivo de aster —también conocidas como margaritas— generen muchas ganancias, ni siquiera tantas perspectivas en los agricultores. Después de treinta años de su introducción en la zona, su floración se ha conservado más como una tradición.

Don Gabriel Tadeo, de 80 años, rememora que después de don Víctor Lima, él fue uno de los primeros que incursionó en la siembra de aster. “Él (don Víctor) me regaló unos palitos y de ahí se extendió por todos lados”, relata.

Las flores son regadas por gravedad con las aguas del río Las Monjas.

“El que primero fue mozo de las plantaciones de flores llegó a convertirse en productor”, agrega. Durante diez años el aster pobló quince manzanas de terreno y los tractores preparaban el suelo antes de regar la semilla.

Los agricultores recibieron capacitaciones de parte de CLUSA El Salvador para el procesamiento de la planta, vendían el producto a una empresa comercilizadora e incluso llegaron a tener iniciativas de exportación.

Con el tiempo, los precios decayeron y las áreas pobladas se redujeron a tareas e incluso metros cuadrados, pero casi nadie olvidó el aster por completo.

Sigue ahí, asociado con otros cultivos y contrastando el verdor de los campos con sus tonos blancos, rojos y morados.

Flor de días festivos

Por lo menos treinta agricultores de los cantones Pushtan y Tajkuilujlan viven de las flores y de las hierbas. En la cooperativa “Los Riitos” no faltan la lechuga, el cebollín y el cilantro, pero tampoco la pequeña área destinada a las margaritas.

Los campos de flores se hacen más extensos cuando se acercan días festivos, como el de la madre, el del padre, Semana Santa, Navidad y el de los difuntos. “Todos le apostamos a esas épocas”, comenta Juan Tepas Pérez, quien suele sembrar una tarea y hacer una inversión de 250 colones.

Durante esas fechas, los propietarios alistan los rollos hasta juntar los diez que, según sus cálculos, conforman mil. Luego se encargan de entregarlos a los intermediarios o de llevarlos personalmente a mercados de la capital y hasta de San Miguel y Usulután.

José Mario Urrutia, subdirector de CLUSA El Salvador, comenta que la ayuda de esta organización les ha permitido abrir mercados foráneos como el de la zona occidental, donde los diez rollos se comercializan hasta en 10 dólares, cuatro más que a nivel local.

Esta ONG también ha brindado a los agricultores asistencia técnica para el mejoramiento del cultivo y la limpieza antes de la comercialización. “Les hemos ayudado a un mejor manejo de su patrimonio”, refiere Urrutia.

Juan Tepas Pérez transfiere ese patrimonio a su esposa y a su pequeña hija. El día que corta los aster, por lo menos dos veces a la semana, suele llevarlas con él para que le ayuden en ese trabajo que aunque no le brinda grandes ganancias, no está dispuesto a abandonar.

Entre hierbas y flores

• Además de cosechar flores, los lugareños siembran hierbas comestibles. De las flores que se cultivan en Pushtan y Tajkuilujlan, el 90% lo ocupa el aster o margarita y el 10% el nardo.

• El aster se comercializa en mercados de Nahuizalco, Sonsonate, San Salvador, San Miguel y Usulután.

• Se estima que unos 30 agricultores siguen sembrando este tipo de planta y obtienen una ganancia del 33% con la venta del producto.

 



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