Edición del 13 al 19 de junio de 2004

Le gusta la aventura y cuenta con poco presupuesto para sus
vacaciones, anímese a viajar hasta México en autobús.
Es un viaje seguro y económico.

Tania UrÍas

Monumento al Ángel de la Independencia, de gran valor para los mexicanos.

Un pasaporte con visa mexicana y doscientos dólares para sus boletos es loque necesita para viajar por tierra hasta México.

Ah, y eso sí, la disposición de permanecer sentado por unas 26 horas, tiempo que lleva recorrer los 1246 kilómetros que separan a San Salvador de la capital mexicana.

Nosotras viajamos en calidad de turistas, sin mayor información sobre semejante travesía.

El viaje inicia en Puerto Bus, a eso de las seis de la mañana de un domingo, subimos a un autobús equipado con televisores, aire acondicionado y un baño.

Unos 20 pasajeros, la mayoría salvadoreños, serán nuestros compañeros de viaje por nueve horas, tiempo que se tarda en llegar hasta Tapachula, ciudad mexicana fronteriza con Guatemala.

Heydi, la azafata, da la bienvenida y explica la importancia de llevar los papeles en regla para evitar contratiempos.

“El autobús no esperará a quien tenga problemas migratorios”, indica. Quizá acostumbrada a observar como varios salvadoreños intentan cruzar ilegalmente rumbo a Estados Unidos.

Luego de servir café y galletas, Heydi coloca una película que apenas se escucha y el viaje continúa hasta la frontera La Hachadura.

Una vez ahí, y como parte de un acuerdo entre ambos países, existe la frontera yuxtapuesta; esto quiere decir que sólo se necesita hacer el trámite de salida en la frontera de El Salvador.

Con los pasaportes sellados salimos por fin de la frontera. El siguiente paso es cruzar Guatemala. Como el viaje se realiza por la costa se pasa por muy pocas ciudades.

Al mediodía y luego de casi seis horas, el hambre aprieta. De ahí que la parada en Escuintla, para almorzar, es muy bien recibida.

La azafata indica que sólo se permitirá la compra de comida para llevar. Haciendo malabares para no botar las bebidas, los pasajeros devoramos las piezas de pollo recién compradas y luego, satisfechos, la mayoría opta por dormir.

Cuando a casi todos nos ha vencido el sueño, Heydi anuncia que hemos llegado a la frontera Talismán que separa Guatemala de México.

A la izquierda el Palacio de Bellas Artes, al fondo el Edificio de Corres en el D.F

Las terminales de buses en México son seguras, limpias y ordenadas.
Los mayores atractivos del Distrito Federal son sus monumentos.

“Recuerden, el autobús no esperará a quien tenga problemas migratorios”, insiste, y ante la frase, unas seis personas, todos hombres jóvenes, bajan apresurados del vehículo y se pierden entre la multitud de cambistas y vendedores que inundan la frontera. Ilegales o no, no volvemos a verlos el resto del viaje.

Al pasar a la ventanilla de Migración, tenemos el primer y único percance del viaje. Se le impide a mi compañera, quien viaja por primera vez a ese país, continuar su recorrido.

Ella contaba con su visa de turista; sin embargo, un oficial muy poco amable se negaba a dejarla pasar. Al final y luego de expresarle que trabajábamos en un periódico salvadoreño nos dejaron pasar.

Veinte minutos después del incidente estábamos ya en Tapachula, la mayoría de los pasajeros que viajaban con nosotros tenía a este lugar como destino final.
Otros se marcharon al aeropuerto para tomar un avión que en una hora y media los llevaría al DF.

Diecisiete horas más de recorrido

Tapachula no es un lugar seguro por la presencia de mareros y coyotes que cruzan ilegales por esa zona. Por eso es mejor continuar el viaje hasta la capital mexicana ese mismo día.

Nos esperaban 17 horas más en autobús para llegar a la capital de México; sin embargo, lejos de preocuparnos, el entusiasmo crecía.

La primera pregunta de la vendedora de boletos es si usted quiere ir a la terminal Tapo o del Norte o a la Tasqueña o del sur. Lo más recomendable es ir al sur, ya que está más cerca del centro histórico y hay hoteles más cómodos.

Salimos a las cinco y treinta de la tarde, bajo una fuerte tormenta, en un autobús casi nuevo, equipado también con baño y aire acondicionado.

La tarde comienza a caer y la lluvia acaba a eso de las siete de la noche.

El chequeo migratorio es frecuente. Cada dos horas, el autobús se detiene y un oficial de migración sube para revisar los documentos de los pasajeros.

A lo largo del recorrido, el pasajero tiene dos opciones: dormir o mirar la televisión. Nosotros optamos por dormir; sin embargo, echamos de menos una sábana para el frío y una almohada que paliara el dolor de cuello.

Luego de nueve horas de trayecto, el autobús hace la primera y única parada, en la ciudad de Oaxaca, a casi diez horas del Distrito Federal.

Medio adormitados bajamos a una cafetería, hipnotizados por el olor a café caliente. Es un lugar propicio para comer tamales o quesadillas mexicanas (tortillas de harina con queso).

En el lugar hay baños y lavamanos, así que es buen momento para lavarse la cara y los dientes.

Luego de media hora se emprende de nuevo el recorrido. Cuando la última película acaba, puede reclinar su asiento y dormir.

La mañana llega con un imponente sol que se cuela por las ventanas. A esa hora llegamos a Veracruz.

Las incómodas posturas de la noche anterior provocan un dolor punzante en el cuello (de ahí la importancia de la almohada) y ¿por qué no?, de las posaderas.

Cuando ya el cansancio está al límite, llega por fin la recompensa. A eso de las once de la mañana llegamos por fin al Distrito Federal.

La inmensa ciudad azteca nos da la bienvenida con el estrépito de sus numerosos vehículos y sus edificios coloniales .

Entusiasmadas recogemos nuestras maletas, apenas hemos visto un ápice de lo que ese país tiene para dar. Estábamos en México y la aventura comienza.

No olvide su visa

Antes de viajar debe obtener la visa mexicana. Es gratuita y se consigue en la embajada de México acá en San Salvador.

• Al obtener su visa mexicana le incluirán un recibo para pagar sus impuestos de entrada a ese país; deberá cancelarlos en cualquier banco mexicano una vez entre a México. El costo: 20 dólares.

Tome en cuenta

• El boleto desde San Salvador hasta Tapachula, es de $33.30.

• El autobús sale todos los días a las seis de la mañana en punto.

• No es buena idea cambiar dinero en la frontera; no siempre le pagarán el precio justo.

• En Tapachula, el costo del boleto hasta el Distrito Federal es de $65 y puede comprarlo usando pesos o dólares norteamericanos.

11.32 pesos
Por un dólar es el tipo de cambio vigente hasta esta fecha.

1246 kms.
separan a
San Salvador de la
capital mexicana.





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