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Edición
del 13 al 19 de junio de 2004

“Here
comes the sun”, cantan los Beatles en la radio, dándole
la bienvenida a una mañana veraniega que sirve de escenario
de uno de los eventos astronómicos más excepcionales
de toda
la naturaleza: el tránsito de Venus por el sol.
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Ningún
ser humano vivo ha sido testigo de un tránsito venusiano.
Este fenómeno solo puede disfrutarse una (o dos veces)
en la vida.
El último ocurrió el 6 de diciembre de 1882
y el próximo será el 6 de junio del 2012 (podrá
observarse desde San Salvador). Ese será el último
tránsito que podremos observar. El siguiente ocurrirá
en el 2117.
El tránsito sucede cuando el Sol, Venus y la Tierra
se encuentran alineados de tal forma que observamos el globo
de Venus recorriendo lentamente sobre el disco solar.
Esto no se produce con mucha frecuencia porque la órbita
venusiana tiene una inclinación de 3.4´´
sobre el plano donde nosotros observamos el recorrido del
Sol durante un año y hay que esperar mucho tiempo para
que estos tres cuerpos se encuentren alineados.
El parque Carl Schurz amaneció fresco, a pesar de las
corrientes cálidas que de repente se cuelan entre los
espacios de los enormes edificios.
Mi madre y yo nos instalamos frente a un barandal, a la orilla
del río. A esa hora apenas dos personas de la Asociación
Amateur de Astronomía de Nueva York se hacen presentes,
tomando los mejores lugares. Por supuesto que nosotros también
hacemos lo nuestro.
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INMENSIDAD:
Apenas un puntito sobre el sol. |
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ESPECTACULAR:
El recorrido duró seis horas. |
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VOLVERÁ:
Se repetirá dentro de ocho años. |
Un pequeño
telescopio refractor Celestron de 80 mm. con un filtro solar
Nexstar 80 nos servirán de instrumento para capturar
al tránsito, pero no serviría de mucho si no
tuviéramos el tránsito inmortalizado en imágenes.
Es así como mi pequeña cámara digital,
una Olympus D380 de 2.0 megapixeles, se hace presente en la
explanada del Carl Schurz. Es ahí cuando me doy cuenta
de que si mi compañero de ASTRO, Fernando García
Ramentol, no me hubiera prestado un pequeño mecanismo
para guiar el telescopio con movimientos suaves no hubiera
podido dominar el tosco trípode.
El grupo de astrónomos se hace más numeroso.
Un Celestron de cinco pulgadas montura GOTO, un Dobsoniano
de ocho, un reflector Orión de seis, entre otros, sirven
de soporte para observar el Sol. Extrañados por dos
que hablan español se acercan y conversan un rato.
—¿El Salvador? ¿Salvador, Brasil?, preguntan
unos.
Otros refieren a Costa Rica. Y otros se cruzan en brazos.
Pero a la vuelta de un rato dicen con el acento newyorkino:
“Ah! Salvadorean! Ok”.
Lo primero que hacen es preguntar por el horizonte Sur, Omega
Centauri. Yo les cuento de nuestra página “web”
y sobre nuestros oscuros cielos. Algunos comprenden que en
latitudes medias se puede observar el Cisne y la Cruz del
Sur.
¿Venus está ahí!
El Sol ya salió, pero un terrible banco de nubes de
unos diez grados bloquea totalmente la visión. Entre
los cables del Triborough Bridge un celaje rojo florece.
Finalmente entre las nubes se asoma el Sol. Apenas perceptible
por el filtro que me detiene el 99.998% de la radiación
solar le veo entre dos líneas de nubarrones la silueta
de Venus.
—¡Lo tengo! —digo. Y todos me observan...
“¿De veras se ve?”. Un miembro de la asociación
se acerca y trata de observar. Después de un rato acepta
la presencia del globo venusiano sobre el Sol. Está
ahí.
Luego el astro se vuelve a esconder entre las nubes. Todo
el cielo luce despejadísimo, solo habrá que
esperar minutos para que el Sol salga del banco de nubes.
Y así sucede. Después de un tiempo todos los
telescopios tienen a un Sol radiante con la silueta venusiana
sobre él. Se calcula que el Sol reducirá en
un 0.0001 magnitudes de brillo debido al tránsito de
Venus.
Y los Beatles vuelven a cantar “Here comes the Sun”,
pero esta vez en mi cabeza.
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