|

Edición
12 al 19 de diciembre de 2004

La
llegada de una empresa atunera ha cambiado la vida de los
pobladores de Punta Gorda, en La Unión, un pueblo costero
amurallado por la mansedumbre de las azules aguas del Golfo
de Fonseca.
 |
En
las planicies áridas del sur de La Unión, donde
el sol quema sin clemencia y la humedad salitrosa es arrastrada
por la brisa marina hasta empapar el cuerpo, surge la ilusión
de que la actividad industrial despierte de su letargo con
el desembarco de unos extranjeros.
¡Listos... Ahí va uno, niños!,
es el grito que se escucha cuando alguien lanza un atún
y este se desliza a toda velocidad por los pisos resbalosos
de las bodegas de los barcos hasta llegar cerca de una red
gigante donde son colocados para sacarlos a las cubiertas
de los navíos.
Esta operación se repite a diario en las gélidas
entrañas de las bodegas de los barcos atuneros cuando
los hombres descargan el producto en el puerto de Punta Gorda.
El desembarco de atún de las especies Yellow
finn, Tunita y Big eye ha transformado
desde abril del 2002 la fisonomía de Punta Gorda, donde
cada día se divisan barcos atuneros y mercantes que
surcan las pacíficas y azuladas aguas del Golfo de
Fonseca.
Las actividades aumentaron en este pequeño puerto de
la Corporación Salvadoreña de la Inversión
(CORSAIN) a partir de 2002, cuando la empresa española
Calvo ancló operaciones en el lugar con la construcción
de su complejo atunero de 14,291 metros cuadrados.
Punta Gorda y las zonas aledañas se han beneficiado
con la apertura de la planta atunera que emplea a alrededor
de 700 personas en las áreas administrativa, desembarco,
corte, cocción, limpieza y enlatado de atún.
 |
| Los atunes viajan congelados
en los barcos que pueden almacenar hasta 1,450 toneladas
de pescado. |
La generación
de estos empleos ha paliado un poco la demanda de trabajo
en la zona. La mayoría de los empleados de Calvo reside
en caseríos y cantones como Playitas, El Piche, El
Gavilán, Las Pozas, Chiquirín, Pueblo Viejo
y El Farito, y algunos barrios de la ciudad oriental.
La
diáspora unionense
Según cifras del Departamento de Empleo del Ministerio
de Trabajo Regional de Oriente, la población económicamente
activa no supera las 41 mil personas, índice bajo si
se considera que el departamento de La Unión tiene
alrededor de 160 mil habitantes.
El alcalde Mario Sorto asegura que la falta de empleo en la
ciudad alcanza el 33%, cifra que podría triplicarse
en la zona rural, donde las oportunidades de trabajo son aún
más escasas.
Hasta antes de la llegada de la empresa española, la
mayoría de hombres se dedicaba a labores agrícolas
y a la pesca artesanal, mientras que las mujeres a los oficios
domésticos y a las ventas ambulantes en las estrechas
y calcinantes calles de concreto de la Ciudad de la Unión.
Otros, al no encontrar alternativas para obtener ingresos
fueron parte de la diáspora que se trasladó
a San Miguel, San Salvador y al extranjero en búsqueda
de mejores oportunidades.
 |
|
El producto se extrae
de las friías bodegas por medio de redes sostenidas
por las grúas de los barcos.
|
Una de
ellas es María Isabel Rodríguez, quien en 1998
llegó a la capital salvadoreña para trabajar
en una confitería. Debido a los horarios de trabajo
y a la distancia que hay de San Salvador a La Unión
casi no veía a su familia.
Pero ahora la joven trigueña y de ojos marrones manifiesta
sentirse satisfecha, porque tiene un empleo en Calvo que le
permite ganar un poco de dinero y estar cerca de sus seres
queridos y de su tierra natal.
Sin discriminaciones
Hasta los jóvenes que delinquían se unieron
a las filas de la empresa. Una muestra son 42 ex pandilleros
del sector Playitas que ahora conforman una cuadrilla de descargadores
de pescado.
Los pandilleros fueron rehabilitados por el centro Dios
al Rescate, quien pidió a la empresa española
una oportunidad de trabajo para ellos.
 |
| La temperatura de los grados
de congelación de los atunes es medida con termómetros
especiales. |
La respuesta
fue positiva y desde enero de 2002 laboran en Calvo.
Cada vez que los barcos atracan en el muelle, los muchachos
se adentran a las entrañas de estos gigantes de metal
para sacar de las bodegas los atunes, algo que les da la oportunidad
de ganar hasta 30 dólares por día.
Uno de los jóvenes rehabilitados es José Ángel
Valenzuela, de 23 años, quien manifiesta que antes
de trabajar en Calvo no tenía ni siquiera documentos
de identificación, ahora se siente un ciudadano útil.
El gerente de flota de Calvo, Raúl Parada, manifiesta
que la cuadrilla de los muchachos de Playitas tiene dinamismo,
en especial porque descargan atún congelado durante
la noche y la madrugada.
El mérito es mayor porque son muy respestuosos.
Mientras en otras cuadrillas se han perdido implementos de
trabajo como guantes, cascos o uniformes en la de Playitas,
nada, agrega Parada.
El surgimiento de estos empleos es la esperanza que los vientos
de cambio comiencen a soplar en la zona costera de la Unión
, con la posibilidad de la reactivación de la actividad
industrial.
Mientras tanto los pobladores unionenses aguardan la llegada
de más empresas que inviertan en Punta Gorda.
|
|
|
|
|
El corte de las cabezas
y la extracción de las vísceras es uno
de las primeros pasos en la elaboración de atún
enlatado.
|
Después de que
el pescado pasa por los hornos de cocción se
despoja de las espinas, de la piel y de los restos de
sangre.
|
Una vez cocinados y
limpios se empacan al vacío para su posterior
enlatado y exportación.
|
|
|
Con el vaivén de las olas
Con la apertura de la empresa es común
divisar en el horizonte del Golfo de Fonseca buques,
navíos mercantes, pesqueros y atuneros de diversas
partes de mundo.
Parte de ese grupo de gigantescas máquinas
flotantes que atracan en Punta Gorda por un tiempo
mínimo de quince días para descargar
atún son el mercante Santa Cruz, propiedad
de Calvo, y el atunero Carmela, de Venezuela.
A pesar de lo rústicas que son las bodegas
frigoríficas donde se almacenan los atunes
congelados, los barcos tienen las comodidades de una
casa, como cocina, comedor, bar, dormitorios, televisores,
equipos de sonido, computadoras con internet y correo
electrónico, y teléfonos satelitales.
|
Es muy poco lo que se desperdicia del
atún.
|
|