Edición del 12 al 19 de septiembre de 2004

Quienes se rinden ante sus posturas lo alaban porque les permite llevar
una vida equilibrada, en armonía el cuerpo con la mente, pero los escépticos
tienen sus dudas. ¿Es el yoga en realidad una panacea?

Marilyn August
AP

“Inhalamos y sentimos pantorrillas, rodillas y muslos; sentimos la espalda, brazos, codos y pies. Dialogue con su cuerpo, ahora expiramos nuestras cargas, todo lo que nos molesta”.

Los practicantes apenas abren los ojos para ver e imitar las posturas de la maestra.

Levantan las piernas a la altura de la cabeza hasta asentar los pies por arriba de ella. “Vamos a convertirnos en un nudo energético”, vuelve a indicarles la instructora.

Al final de la sesión, que dura una hora con treinta minutos, los seguidores de esta práctica, que se remonta a unos 5,000 años en la India, dicen sentirse renovados y liberados física y emocionalmente.

“Me ha ayudado a recobrar el sueño, he controlado la depresión y los problemas gástricos”, comenta Lilian Menjívar, una profesional de 31 años a quien se le han hecho varias cirugías y hasta hace poco andaba en busca de una nueva forma de vida.

En sus dos años de practicarlo, Jorge Molina, un joven estudiante de sicología, dice haber experimentado cambios que van desde su forma de caminar, pasando por el manejo del estrés, hasta un moldeamiento de su carácter.

Los testimonios despiertan la atención hasta de los más escépticos, incluso de quienes creen que el yoga se reduce a una rutina de ejercicios sin efectos penetrantes en el cuerpo y en la mente.

Algunos médicos especialistas rehúsan hablar de los beneficios que representa para determinados órganos del cuerpo, pues consideran que no tienen estudios científicos a la mano para sustentarlo o no le han puesto atención a su posible eficacia.

Pero más allá de ese tira y encoge entre los incrédulos y los que sí avalan sus bondades terapéuticas está la gente que tiene varias interrogantes. ¿Promete el yoga la cura de achaques como el cáncer? ¿En realidad ayuda a tener una vida más larga y sana?

¿Ofrece curar? No. ¿Prevenir? Sí, cree el doctor Óscar Molina, médico general y especialista en medicina alternativa. A su juicio, lo que el yoga hace es permitir que el cuerpo funcione de forma óptima con base en la regulación y en el equilibrio de las energías biológicas.

Prenatal y postnatal

De las posturas se han escogido algunas para embarazadas.
Eva Hernández, profesora certificada de yoga prenatal y postnatal, se ha ocupado, desde hace tres años, de que el momento del parto resulte más llevadero para muchas embarazadas que se adhieren al taller de estimulación intrauterina y sensibilización corporal.
Unas 150 mujeres han sentido la eficacia de esas posturas que les ayudan en la circulación, la pelvis, la columna vertebral, la espalda y las mamas. Además han aprendido a controlar el estrés y las crisis emocionales.
“Ayuda durante el parto y luego de éste permite que los músculos vuelvan a su normalidad”, dice Eva. “También contribuye a sobrellevar la responsabilidad que implica el ser madre”, sostiene.

Su significado
La palabra yoga se deriva de la raíz sánscrita “YUJ”, que significa unirse, o unión.
En la India es reconocido como un matrimonio entre el espíritu y la materia. Se cree que ayuda a evitar condiciones que interfieren con las actividades normales, como el malhumor, el temor, la depresión, la timidez
y la obesidad.

Las posturas del yoga producen estímulos específicos sobre determinadas zonas del cuerpo, en especial donde se hallan las glándulas endocrinas como el cerebro, la pituitaria, la tiroides, el corazón, los pulmones, las glándulas suprarrenales, los riñones y los órganos reproductores.

Estas glándulas no son más que los chacras (siete en total), denominadas de esa forma por los hindúes. Se trata de centros donde se acumula energía que al ser activada con el yoga se dispersa hacia diferentes órganos.

Aparte, considera el doctor Molina, los estiramientos suaves masajean los nervios, los músculos, los tendones, los ligamentos y las articulaciones. Algunas posturas comprimen los vasos sanguíneos, las venas, las arterias, y eso ejercita el corazón.

A nivel del sistema nervioso, casi todas las posiciones estimulan la médula espinal y las terminales que salen de ahí controlan mecanismos tan importantes como la digestión y los latidos del corazón. “Todo esto produce una sensación de salud en general”, explica el doctor Molina.

Pero aun después de todo esto —muy estudiado por los hindúes, la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, y la Escuela de Medicina Francesa—, el yoga no puede verse como una panacea; tampoco se ha considerado como parte de la medicina alternativa.

“Sólo ayuda a evitar enfermedades y a armonizarnos con nuestro cuerpo si lo adoptamos como un estílo de vida”, enfatiza Lorena Aceto, instructora de yoga de figura esbelta, con apariencia de menos edad y con casi veinte años de experiencia en esta práctica.

“Iniciemos un diálogo con nuestras sensaciones corporales, centremos nuestra atención en el área de la tiroides para que la sangre y la energía fluya con mucha fuerza”, indica Lorena a los estudiantes de yoga.

Ellos elevan las piernas apoyados en la espalda y parte de la cabeza; al mismo tiempo cierran sus ojos, como si ello les ayudara a ubicar su pensamiento en la garganta, a la altura de la tiroides.

Unión entre mente y cuerpo

Esta actitud demuestra que el yoga no se reduce a simples posturas. “Es un proceso en el que se une el cuerpo con la mente”, detalla el dermatólogo Antonio Zúniga Velis, quien avala y trata de explicar su funcionamiento a nivel físico y emocional.

Unas 84 posturas generales
Se han contabilizado por lo menos unas 84 posturas generales, sin embargo de éstas se derivan muchas más. La mayoría está relacionada con nombres de animales y algunos elementos de la naturaleza. Entre ellas se encuentra la posición del pez, la del águila y la del árbol.

Las sesiones de yoga inician con posturas menos difíciles.

Se cree que el yoga desbloquea la energía del cuerpo.

Pero ¿cómo lograr esa armonía entre el cuerpo y la mente? No es muy difícil: se alcanza por medio de la concentración.

Cuando hay una actitid meditativa y hay conciencia de lo que se hace, entonces todo sale mejor.

“Si los ejercicios se hacen pensando en los beneficios, resultan más efectivos”, subrayan sus defensores.

En la vida diaria la gente suele desenvolverse sin tener conciencia de las actividades que realiza; conduce un vehículo, respira y trabaja por inercia, sin siquiera sentirlo.

El doctor Zúniga cree que las sociedades han dejado de ver hacia adentro y están más volcadas hacia afuera. Hay frustración, las personas no se sienten bien, hay uniformidad en la manera de pensar, y todo es el corre corre, las metas y la competitividad.

“Hay falta de vida interior y de otra cosa distinta al mundo presionante tan lleno de los estímulos externos”, explica. Yoga quiere decir unión, y como dicen en la India es un matrimonio del espíritu con la materia; en otras palabras, ayuda a vincular lo interno con lo externo.

Jorge Molina dice que en el proceso del yoga lo primero es sentirse uno mismo. Los ejercicios de respiración pausada ayudan a situarse en el presente y de esa forma el ser humano puede construirse un mundo más positivo.

“El yoga es también respetar ciertas normas y comportamientos”, dice Jorge Molina. De nuevo los escépticos vuelven a preguntarse cómo puede una práctica milenaria lograr esos efectos en la vida de una persona, ¿por qué se pinta fácil pero a la hora resulta tan difícil?

El doctor Zúniga responde que sólo es necesario tener una mentalidad amplia, pues a pesar de que en países como Australia, Canadá y Francia, el yoga ha sido motivo de muchos estudios, las culturas occidentales siguen pidiendo más pruebas sobre su eficacia.

“No vamos a pedir demostración para todo ni a tener esa actitud materialista que existe, porque entonces no vamos a entender lo que el yoga es”, refiere el doctor Zúniga.

Es probable que en los tiempos actuales la gente no logre entender qué son los chacras o por lo menos dónde pueden ubicarse en el organismo; sin embargo, la ciencia va mejorando y en cien años es posible que haya una respuesta más científica para esto.

Influye en la tiroides y en la buena circulación de las piernas.

Torsiona la columna vertebral para
que no se acumule grasa.

Las posturas invertidas estimulan el área de los riñones, los órganos reproductivos y el aparato digestivo.

Se trabaja la columna vertebral, el aparato digestivo, la tiroides y la pituitaria.

Permite concentrarse en los órganos estimulados.

Ayuda en las glándulas suprarrenales
y la tiroides.


No se ha convertido en un “boom”

Más mujeres que hombres suelen practicar el yoga en El Salvador. De 18 personas que por ahora asisten a un curso de esta práctica en la Red GFU (Gran Fraternidad Universal), cinco son hombres; el resto, féminas.

Es gente de los 20 años en adelante; muchos son profesionales, llevan una vida agitada y a menudo son presas fácil del estrés.
La presencia del yoga en El Salvador se remonta a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. En esta época pasa por el país el doctor José Manuel Estrada, fundador de la Gran Fraternidad Universal, y comienza a entrenar a algunas personas, entre ellas a doña Rosita de Escobar.
Por muchos años, ella se dedicó a la enseñanza del hatha yoga, una de las modalidades más prácticas y accesibles del yoga.
En la década de los setenta arriba al país el mexicano José Michán, discípulo del doctor Estrada, y funda institutos de yoga, donde se comienzan a capacitar los mejores instructores hasta la fecha.
La yoga aún no ha tenido su momento de apogeo en El Salvador. De hecho, muchos lo ven como una práctica más mística que beneficiosa para el cuerpo y la mente.
En los últimos tiempos ha comenzado a difundirse como un deporte en los gimnasios, y a veces sin tomar en cuenta sus valores terapéuticos. La red GFU imparte cursos de yoga, pero allí se hace hincapié en que es más que un ejercicio, es una forma de vida.



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