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Edición
del 11 al 17 de julio de 2004

Llegan
a aquellos sitios donde no hay ni hospitales ni doctores,
cruzan peligrosos rios y caminan largas horas para llevar
salud
hasta los rincones más olvidados del país.
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Basta
visitar cualquier cantón o caserío para toparse
con ellos. Vestidos con sus trajes caqui y sus zapatos empolvados
recorren los accidentados caminos cargando sus mochilas al
hombro.
Son hombres y mujeres —la mayoría bachilleres—,
con edades que oscilan entre 23 y 45 años, que si bien
no son doctores especializados sí son capaces de hacer
curaciones menores, colocar vacunas, atender partos de emergencia
y enfermedades que no requieran hospitalización.
Este trabajo ha contribuido no solo a mejorar la salud de
las áreas rurales, sino además a ampliar la
cobertura de vacunación de un 40% hace 15 años
a un 97% en la actualidad, según registros del Ministerio
de Salud.
Una de las labores principales de los promotores es la vigilancia
nutricional de los menores de cinco años a través
del control de peso y talla.
Esto último contribuye a salvar la vida de decenas
de niños. “En el 98 se estaban muriendo 35 niños
por cada mil que nacían, ahora se están muriendo
25 y eso es fruto de ese trabajo”, dice el licenciado
David López, coordinador nacional de los promotores
de salud.
Además tienen a cargo el programa de salud reproductiva
que incluye atención a la embarazada y difusión
de los métodos de planificación familiar, tarea
que no ha sido fácil para la mayoría, sobre
todo porque les ha tocado lidiar con las creencias y los prejuicios
de muchos pobladores que creen que deben engendrar los hijos
que Dios mande y nunca planifican.
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Algunos
se valen de caballos para cruzar accidentados caminos. |
Mario
Amaya, promotor del cantón El Pinalito, en Morazán,
incluso fue amenazado de muerte por un molesto habitante cuando
intentaba repartirle pastillas anticonceptivas a su mujer.
“Me sacó con machete en mano y hasta me persiguió,
diciéndome que no se me ocurriera acercarme de nuevo
a hablar sobre esas cosas a su mujer. Me pegó un gran
susto”, cuenta con una carcajada.
Lidiar con hombres machistas no es el único desafío
al que se enfrentan los trabajadores rurales de salud.
Berta Rodríguez, de 43 años, también
de Morazán, asegura que lo difícil es recorrer
las enormes distancias que separan los caseríos donde
viven sus pacientes, sobre todo cuando el río está
crecido.
“A veces me ha tocado cruzar cuando está pachito
(superficial), pero al regreso el río está tan
crecido que me ha tocado casi nadar”, explica.
Al atravesar estos caminos, los promotores también
se enfrentan a los numerosos perros que cuidad celosamente
las casas de sus amos.
“En algunas casas hay más chuchos que niños.
Yo siempre ando mi palo a la mano para espantarlos, pero ya
me han mordido varias veces”, cuenta el señor
Amaya.
Estos caminos que recorren casi siempre a pie también
pueden ser a veces peligrosos por la presencia de delincuentes.
Francisco González, del cantón El Potrero, Cabañas,
dice que él no deja de lado “su amiguita”
(como llama a una pistola 38 que acomoda junto a los medicamentos
de sus “pacientes”).
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Una
de las principales obligaciones de los promotores es
vigilar el peso y la talla de los menores de cinco años |
“Me
toca pasar zonas solitarias y por eso no la dejo, ya varias
veces he disparado al aire, especialmente cuando me agarra
la noche y sé que pueden haber mañosos”,
dice.
Aunque no hay registros, el coordinador nacional asegura que
al año, al menos un 2% de los promotores es víctima
de asaltos o violencia por parte de pandilleros o ladrones
comunes que les roban sus maletines.
Ahuachapán, Chalchuapa y Sonsonate han sido catalogadas
como las zonas de mayor riesgo.
Recursos insuficientes
Según registros del Ministerio, en la actualidad hay
1708 promotores de salud distribuidos en los 14 departamentos
del país. Cada uno de ellos debería atender
un promedio de entre mil y 1500 habitantes; sin embargo, en
la mayoría de casos se sobrepasa este número.
David Jiménez, de Jucuapa, para el caso, tiene a su
cargo no menos de 2500 habitantes; Bertha Rodríguez,
de Morazán, atiende un promedio de 1500, y su colega
Francisco González, en Cabañas, sobrepasa los
2000.
Los recursos humanos son insuficientes en la mayoría
de departamentos. Por ejemplo, en Morazán, si bien
hay 96 promotores que dan cobertura a 84 cantones, todavía
hay 17 cantones que no cuentan con promotor.
La población a la que no se da cobertura se ve obligada
a caminar largas distancias cuando necesita un medicamento
o una vacuna.
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Mes
a mes también vigilan el peso de las embarazadas. |
Según
el licenciado López, el Ministerio de Salud está
consciente de la necesidad de contratar más recursos,
pero el dinero destinado a este rubro ha sido insuficiente.
“Para occidente hay un proyecto de extensión
de cobertura. Sesenta y seis nuevos promotores han comenzado
su labor este año, pero hacen falta más”,
reconoce el licenciado López.
Según López, los lugares con más demanda
son Morazán, Ciudad Barrios (San Miguel), Chalatenango,
Metapán y Ahuachapán y hacia ahí están
apuntando las nuevas contrataciones, que aún no se
sabe cuándo estarán listas.
Otra de las necesidades comunes entre los trabajadores rurales
de la salud es la escasez de equipo con el que algunos cuentan.
Si bien Salud debería entregarle cada año un
maletín que incluya tensiómetro, báscula
de calzón y de piso, y medicamentos básicos
como analgésicos, desparasitantes, sueros y otros,
no todos lo llevan consigo, ya sea porque les ha sido robado,
porque está en mal estado o porque simplemente nunca
se les entregó.
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En
la capacitación aprenden sobre salud bucal y
primeros auxilios. |
En relación
a los medicamentos, la demanda también es grande. El
licenciado López reconoce que en ocasiones no se cuenta
con suficientes medicinas para dotar a todos de lo que necesitan.
“Ellos deben recoger una vez por mes en los SIBASI lo
que necesitan , pero sabemos que a veces se tarda o no hay
suficiente. Estamos trabajando en eso”, aclara.
Mientras estas dificultades se resuelven, estos hombres y
mujeres continúan haciendo su trabajo lo mejor que
pueden, una labor que va más allá de una simple
atención médica y que no cuenta con el reconocimiento
que merece, a pesar de que a diario contribuye a salvar la
vida de decenas de personas.
| Requisitos
y preparación
• Para convertirse en promotores,
el aspirante se somete a un curso de preparación,
que se basa en doce módulos.
• En estos módulos se incluye cuidado de
la mujer en edad fértil y embarazada, atenciones
simplificadas (gripes, diarreas y otras enfermedades
comunes), atención del adolescente y del niño
menor de cinco años, entre otros temas.
• Los criterios de selección es que sea
originarios de la comunidad a donde será enviado
y que haya cursado al menos el bachillerato.
¿Dónde empezó todo?
• La idea de crear promotores de salud en el país
nace en los municipios de Sesori y Nueva San Juan a
finales de 1975. Al principio se cuenta con 20 líderes
comunitarios, a quienes se da en llamar ayudantes rurales
de salud.
• Los primeros 20 líderes fueron pagados
durante un año por la Agencia Internacional de
Desarrollo (AID), luego de un año entraron a
la ley de salarios de Salud.
• El Salvador es el único país de
Centroamérica que tiene promotores de salud asalariados;
en otros países es un trabajo voluntario.
• Ellos reciben todos los beneficios de un empleado
público, ISSS, AFP y un salario entre tres mil
a seis mil colones. |

Es
uno de los tantos héroes de la salud rural, un hombre
que no conoce límites
a la hora de trabajar por su comunidad.
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La
pérdida de su mano izquierda nunca lo ha limitado
a desarrollar su trabajo. |
En el
cantón Tapesquío Bajo, a unos a 14 kilómetros
de Jucuapa, San Miguel, no llegan ni los autobuses, no hay
carretera y la única calle de acceso está hecha
pedazos.
Los más de 1500 habitantes tampoco cuentan con energía
eléctrica ni agua potable.
El territorio que rodea los cuatro caseríos es árido,
los escasos árboles dan paso a un asfixiante sol de
mediodía y en medio de ese escenario surge montado
en una vieja y diminuta moto David de Jesús Jiménez,
uno de los hombres más queridos y respetados por esta
comunidad.
Él no es sólo el líder comunitario de
mayor influencia en la zona, sino que además gracias
a él, los habitantes de Tapesquío Bajo cuentan
con una clínica de salud.
Gracias al trabajo de este hombre sencillo y conversador hay
no menos de 25 personas organizadas en comités de salud
que han aprendido a curar heridas, a inyectar y a aplicar
cuidados básicos de salud.
Se convirtió en promotor allá por 1978. Se encontraba
sembrando maíz y frijol en la parcela de sus padres
cuando escuchó sobre la oportunidad de obtener un empleo
como trabajador de salud rural.
Su primer trabajo lo desempeñó en el cantón
El Llano Chilamate, en Jucuapa, y ahí lo agarraron
los primeros años de la guerra, una época que
recuerda fue muy dura para él.
“Los guerrilleros me iban a traer cuando tenían
un herido. Me tocó sacar balas con cuchillo de destazar
cuche. Ya por último, cuando no soporté esa
situación, le pedí a mi supervisor que me trasladara”,
cuenta este hombre que ya cruzó los 43 años.
De ahí fue enviado a Miraflores, también en
San Miguel, donde trabajó por seis años hasta
que un ataque por parte de algunos pobladores del cantón,
que estaban en desacuerdo con sus ideas, le cambió
la vida.
Tres hombres lo atacaron a machetazos, perdió su mano
izquierda y casi pierde la mano y el pie derechos. “Pensé
que me iba a morir, pero Dios me dejó vivo por algo”,
dice convencido
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| La motocicleta es su mejor aliada a la
hora de viajar hasta Tapesquío Bajo. |
Hombre
del campo
Sin contar con su mano izquierda, con dificultades para caminar
y sacado de emergencia de la comunidad a la que había
dedicado seis años, David no se dejó vencer.
Lo primero que hizo fue construirse por sí mismo una
mano mecánica, que le ayudara a desenvolverse. “Como
quería mi mano, me inventé una. Me la hice con
alambre de amarre, la rellené de gasa y la pinté
de mi color, luego me enteré de un lugar donde vendían
prótesis y decidí comprar una a crédito.
Diez mil colones me costó”, dice.
Si bien ahora su prótesis está en mal estado,
se siente orgulloso de contar con ella porque le permite hacer
su trabajo de promotor sin ningún problema.
Luego de aquel incidente obtuvo una constancia para hacer
“labores menores” y fue enviado a realizar trabajos
de oficina en la Unidad de Salud de Jucuapa; sin embargo,
David se sentía incómodo; quería estar
en el campo.
Por eso cuando se enteró de que había una plaza
para promotor en el cantón Tapesquío Bajo, a
una hora a pie desde Jucuapa aprovechó para pedir su
traslado.
Cuando llegó al cantón no había ni sede
para el promotor, así que se colocaba en cualquier
corredor de las humildes viviendas para atender a sus pacientes.
No conocía a nadie, pero pronto se ganó la confianza
y el cariño de la comunidad.
Como el cantón está compuesto por cuatro caseríos,
desde el principio le tocó caminar largas distancias
por accidentados caminos.
Al regresar de realizar los recorridos diarios de hasta tres
kilómetros tenía los pies inflamados, sobre
todo el derecho con el que aún tiene problemas para
andar.
Sin embargo, un día se dio cuenta que no podía
seguir así, y decidió comprar la moto, que hasta
hoy es su más fiel compañera.
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El
contacto con la gente es lo que David más disfruta. |
Una vez
resuelto el problema de transporte, David continuó
organizando a la gente y luchando por obras de mejoramiento
en el cantón.
De los corredores de las casas de sus “pacientes”
pasó a una pequeña sede hecha de varas de cacahuanance
y lámina.
Luego, con ayuda de la alcadía, logró que le
construyeran la clínica, que ahora tiene tan orgullosa
a toda la comunidad.
Pero David aún está inquieto; todavía
hay muchos problemas por resolver, como la introducción
de letrinas en todas las casas, la dotación de más
medicamentos para la clínica, el mejoramiento de la
calle y otros tantos.
Si bien él es un promotor, su labor va más allá;
no sólo coloca vacunas o pesa a los niños, sino
que también se involucra como el líder comunitario
que es en los problemas de la gente.
Nada lo limitó a seguir adelante, nada lo detiene cuando
se propone algo. Quizá la próxima vez que visitemos
Tapesquío Bajo ya habrá autobuses y energía
eléctrica y sin duda David habrá tenido algo
que ver con eso.
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