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Edición:
11 de abril de 2004


Dos mil hectáreas
de maíz transgénico se cultivan comercialmente
en Honduras. En el resto de la región, cuna de la gramínea,
la polémica persiste.
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El
maíz fue usado por los dioses para crear al primer
hombre, según la tradición prehispánica.
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En Mesoamérica,
donde el maíz se originó hace unos nueve mil
años, Honduras es el único país que permite
la siembra comercial de variedades transgénicas de
esa gramínea.
Allí, fuentes oficiales opinan que quienes rechazan
esos cultivos lo hacen por desinformación o por creer
que se relacionan con la brujería.
Pero la batería de argumentos contra tal siembra es
mucho más compleja, e incluye razonamientos científicos
sobre los riesgos que puede implicar para los ecosistemas,
la seguridad alimentaria y la cultura de la región.
Las variedades transgénicas sólo han generado
beneficios a Honduras, dijo a Tierramérica Francisco
Gómez, uno de los portavoces del estatal Instituto
de Información Agropecuaria de ese país, que
en 2003 autorizó la siembra comercial de ese cereal.
Cerca de dos mil de las 350 mil hectáreas hondureñas
dedicadas al maíz están ocupadas por variedades
genéticamente modificadas.
La oposición a esos cultivos se debe a desinformación
y a que mucha gente cree que lo transgénico tiene
relación con la brujería, pero lo
único que hacemos es acelerar y mejorar las producciones,
sostuvo Gómez.
En México, donde hay un amplio debate sobre el tema,
la brujería no ha sido ciertamente uno de los argumentos
esgrimidos.
En este país, la controversia viene subiendo de tono
desde 2001 cuando se reportó que maíz transgénico,
que por una ley de 1999 no puede cultivarse, contaminó
a su pariente natural.
Para gran parte de los habitantes de Mesoamérica, la
gramínea es un ingrediente básico de la dieta,
y tradiciones prehispánicas sostienen que fue usada
por los dioses para hacer al primer hombre.
En México, el maíz se cultiva cada año
en cerca de ocho millones de hectáreas, 60 por ciento
de ellas de pequeños agricultores que lo siembran para
su consumo y el de sus familias.
Por considerar que la contaminación del maíz
es un asunto de vital importancia, la Comisión de Cooperación
Ambiental de América del Norte (CCA) decidió
en 2002 iniciar una amplia investigación al respecto,
cuyos resultados se esperan para junio.
Sin embargo, aún no se sabe si los gobiernos socios
de la CCA, Canadá, Estados Unidos y México harán
públicas esas conclusiones.
El problema de la introducción de variedades
transgénicas en regiones de diversidad genética
es que las características de los granos genéticamente
modificados se extienden hacia las variedades locales que
los pequeños productores suelen sembrar y ello podría
diluir la sustentabilidad natural de estas razas, señala
uno de los informes preliminares de la Comisión.
Otro elemento a considerar es que el maíz transgénico
cuenta con toxinas para repeler plagas, que podrían
desplazarse a través de las cadenas alimenticias
de los insectos, y ello entraña graves implicaciones
para el control biológico natural en los campos de
cultivo, apunta.
En Guatemala, país clave en el origen del maíz
junto con México, se prohibió desde 1998 la
experimentación, el cultivo y la importación
de variedades genéticamente modificadas.
La prohibición se justifica porque al usar polinización
un transgénico puede mezclarse con variedades nativas
y generar una situación difícil, dijo a Tierramérica
el agrónomo Salvador Sandoval, de la estatal Área
de Fitozoogenética de la Unidad de Normas y Regulación
del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Guatemala.
Ese país dedica a producir maíz unas 60 mil
hectáreas, insuficientes para cubrir la demanda interna,
y cada año importa unos 11,5 millones de toneladas
del grano. Situaciones similares se presentan en toda América
Latina y el Caribe.
La región compra cerca de 90 por ciento de la producción
de maíz de Estados Unidos, el mayor productor mundial,
y un tercio de los cultivos estadounidenses del grano son
transgénicos, pero llegan a América Latina sin
etiquetado que lo indique a los consumidores.
Investigaciones mexicanas indican que la contaminación
del maíz nativo pudo deberse a polinización
accidental, que quizás haya ocurrido también
en otros países mesoamericanos.
En Costa Rica, donde se permite desde inicios de los años
90, la producción de semillas transgénicas de
maíz con fines exclusivos de exportación, no
hay evidencia de contaminación, dijo a Tierramérica
Alex May, de la Comisión Nacional de Bioseguridad del
Ministerio de Agricultura y Ganadería.
Ese país dedica unas 18 mil hectáreas al maíz,
e importa anualmente de Estados Unidos unas 70 mil toneladas
de la gramínea.
El científico mexicano Luis Herrera, a quien se considera
uno de los padres de la biogenética, sostiene que a
pesar de todo el debate en curso, la introducción de
los transgénicos es irreversible en el mundo.
Lo que los países deben hacer es controlar, usar y
desarrollar su propia versión de transgénicos,
mientras continúan impulsando las tecnologías
tradicionales, opina.
El
autor es corresponsal de IPS
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