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Edición:
11 de marzo de 2004

Para
hablar de algunas de las imágenes que itineran a paso
lento por las calles de nuestos desvencijados pueblos, entre
nubes de incienso, la música de grandes y olvidados
compositores locales y otros de corte universal es necesario
remontarse a un marco histórico en el que influyen
varios factores.
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No
puede hablarse de las imágenes de la Pasión
en estas tierras sin aludir antes a sus antecedentes
guatemaltecos y, todavía más, a los modelos
establecidos en España.
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Entre
esos están los estatus de colonias que los Izalcos,
como el Reyno de Guatemala al que pertenecían, tendrían
por más de 300 años, respecto a la Corona española,
así como a la interpretación de las directrices
del Concilio de Trento (1543-1565) sobre la imaginería
y su didáctica, todo lo cual, más allá
del insuperable esplendor de Sevilla, Palermo o La Valletta,
y pese a la personalidad propia de cada una de las escuelas
de escultura, gracias al canon greco-romano y la iconografía,
los rasgos familiares de la misma van desde Andalucía
o la misma Italia.
No obstante, este carácter dependiente y jerárquico
en cuanto a geopolítica o modelos, la cuaresma y Semana
Santa se experimenta aquí como allá en toda
su expresión dramática, gracias a esa manera
de ser mediterránea, que tan bien se traslaparía
con el temperamento indígena. Tanto como al papel que
Cristo adquiere dentro de ciertas tradiciones sincréticas
locales; algunas de oscuro misterio como sólo podrían
serlo también en la cuenca mediterránea.
En cuanto a las representacones icónicas, motivo de
este escrito, ellas iban a humanizarse cada vez más
gracias a los postulados conciliares mencionados, como a la
evolución de las técnicas artísticas,
hasta cierto punto exigidas por el pueblo que deseaba imágenes
más virtuosas, más reales, más vividas.
Primeras esculturas
Así, en cuanto a los Cristos con la cruz a cuestas,
lo primero que debemos hacer saber a los lectores es que,
al menos en España, el primer Nazareno procesional,
hecho acorde a los nuevos planteamientos de Trento -los cuales
empezaron a ser asimilados sólo después de que
hubo pasado cierto tiempo-, fue el Jesús Nazareno del
Silencio, hecho en Sevilla en 1607, por Francisco Ocampo.
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Escultura
de la Virgen de la Soledad, una de las imágenes
más veneradas.
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Luego
vendría el de la Pasión, de Montañés,
entre 1610 y 1620, considerado por muchos el verdadero prototipo
de los Nazarenos procesionales, al que seguiría el
del Gran Poder, de Juan de Mesa, en 1620, en la misma Sevilla.
Todos
son de talla completa y policromados hasta el cuello, los
brazos y las piernas, pelo tallado sobre la cabeza, todavía
los ojos pintados sobre las cuencas de madera y, por supuesto,
de vestir.
Pese a que también es procesional, quizá porque
fue tallado de madera de la cabellera a los pies y encontrarse
en tierra granadina, aunque lo fuera por Pablo de Rojas, maestro
de Montañés, no se toma en cuenta el Nazareno
de la Sangre que se guarda en la iglesia de San Zoilo, en
Antequera, Málaga, el cual, hecho a finales del siglo
XVI, debía encabezar nuestro listado al otro lado del
mar.
Guatemala vería el primer Nazareno, acorde a los planteamientos
expuestos arriba, hacia 1655, en la imagen del Nazareno de
la Merced, ahora en la nueva capital, que obviamente se convertiría
en el modelo a seguir -aunque algunas veces se verán
ciertas diferencias- por toda la escuela de escultores del
reino.
La más antigua en El Salvador
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Procesión
del Santo Entierro, en Sonsonate, uno de los lugares
más religiosos.
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Como indican
el cabello tallado directamente sobre la cabeza y los ojos
pintados en vidrio soplado, el Nazareno de Sonsonate quizá
sea la más antigua imagen del Nazareno procesional
que se encuentre en lo que es ahora El Salvador.
Pero consideramos que se abusa en demasía de la cronología,
al querer fijarlo, gracias a afirmaciones locales, en una
fecha tan temprana como 1604; ya no digamos cuando se le retrotrae
al siglo XVI, y se le atribuye a Quirio Cataño, quien,
si bien es cierto trabajó para los franciscanos en
La Trinidad de Sonsonate, como estableció Heirinch
Berlin (Historia colonial de Guatemala, páginas
189-191), ninguna de las obras que pudieran adjudicársele
mediante el contrato existente, podrían calificarse
de barrocas, siendo él un artífice
de la filiación clásica o al menos pre-barroca.
Aparte lo anterior, 1604 y menos aun fines del siglo XVI,
son fechas en las que ni la metrópoli sevillana y mucho
menos Santiago de Guatemala, tenían imágenes
de Cristo con la cruz a cuestas de tamaño natural o
acorde a los nuevos usos didácticos conciliares, para
ser procesionados.
Así las cosas preferimos situarlo entre los siglos
XVII-XVIII, considerando improbable que la pequeña
villa de españoles que entonces era Sonsonate, fundada
apenas en 1553, y totalmente dependiente de Santiago, se haya
adelantado a la capital del reino y a la mismísima
Sevilla, en tener el suyo antes que ellas.
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Nazareno
de Sonsonate
Quizá la más antigua
de las imágenes del Nazareno procesional que
se encuentra en El Salvador. Posiblemente siglo XVII-XVIII.
Atribuido a Quirio Cataño. Hecho restaurar en
1987, por Marco Tulio Mejía, quien contrató
el servicio de Betty Gómez, una profesional del
Taller de Restauración de Patrimonio Cultural.
Mide 1.85 centímetros.
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Nazareno
de indios
Es la imagen que sigue en antigüedad
-tal como lo citan los papeles cofradieros- del pueblo
de Izalco, el cual habría que fechar también
entre el siglo XVII-XVIII. Muy venerado era realmente
el Cristo de los indios, quienes le adjudicarían
su carácter milagroso.
Este Nazareno es de rasgos también moros, los
cuales ni los cada vez más gruesos repintes logran
todavía ocultar.
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Nuestro
Señor de Juayúa
Uno de los más antiguos
Crucificados venerados por el pueblo, pudiéndose
fijar entre 1574 y 1590, cuando es encontrado según
unos al pie de un frondoso rosal y, según otros,
en el interior de una ceiba.
La imagen deja entrever un color aceitunado claro donde
resultan claramente visibles laceraciones, los moretones
y las huellas de sangre. Mide 1.72 centímetros.
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