Edición: 11 de abril de 2004

En una vieja casona de Suchitoto habita don Rafael Humberto Coreas Chávez, mejor conocido como tío Lito, un carpintero jubilado, de 62 años, que hoy en día se dedica a la elaboración de muebles en miniatura.

José Osmín Monge
Fotos: Maritza Santos


Tío Lito exhibe orgulloso su trabajo; su dedicación y su vocación de carpintero se ponen de manifiesto en cada uno de sus pequeños muebles.

Cada mañana, en la casa de don Rafael Coreas, una vieja ventana de madera se abre para darle paso al resplandor del sol.

Los rayos matinales entran de prisa a la casona, iluminando de inmediato la amplia mesa donde se exhibe una gran cantidad de muebles miniaturas.

En medio de la claridad se pueden apreciar pequeñas mesas, sillas, cunas, camas, tocadores, “chifonieres”, “pantries” y chineros elaborados por las prodigiosas manos del tío Lito.

Los pequeños muebles no son simples juguetes, sino finas piezas de colección que han sido fabricadas con dedicación y cuidando hasta el último detalle en su diseño.
“Estos muebles no están hechos para jugar, sino para adornar”, expresa el artesano, un hombre de semblante serio pero de carácter afable y amigable.

Creatividad al mínimo

Tío Lito reside en una antigua casa (que él alquila) en la ciudad de Suchitoto, en Cuscatlán. En la sala y en el corredor de la residencia ha instalado su taller, en donde se encuentran las diez máquinas utilizadas en el trabajo.
Serradoras, cepilladoras, taladros y lijadoras son parte del lote de herramientas eléctricas que usa el experimentado carpintero. En el taller también abundan las reglas y los trozos de madera de laurel, de cedro y Brasil que aromatizan el ambiente.

Cada mueble miniatura está marcado con el inconfundible sello del carpintero.

En las gruesas paredes de la vivienda se exhiben algunos adornos de los cuales sobresalen un par de cruces con la estilizada imagen de Jesús. En la sala también se pueden observar portabotellas, joyeros, matracas y otros objetos que él mismo ha fabricado.

Tío Lito labora en compañía de sus ideas y de su creatividad. Son ellas las que le dictan el trabajo a realizar en cada jornada; sin embargo, una grave enfermedad en su corazón se interpone en su faena y le impide, a veces, crear sus productos. Algunos días sólo permanece junto a sus creaciones, descansando en la cómoda mecedora que él elaboró y platicando con los amigos que con frecuencia lo visitan.

“Estoy fregado del corazón. Hay semanas que mi cuerpo no quiere trabajar. A veces me voy a pasear con mis amigos”, expresa tío Lito mientras observa por la ventana a los pueblerinos que transitan por las calles aledañas a la casona.

Cuando está con los ánimos por lo alto y se siente bien de salud, sus maltratadas manos toman los trozos de madera y con ayuda de las máquinas comienza a cortar y pulir cada una de las piezas. Luego las une para dar forma a los muebles. Lo va haciendo con sumo cuidado, adhiriendo con pegamento blanco cada parte. El toque final se lo da la pintura y el fino barniz.

Las pequeñas cunas son adornadas con calcomanías, y las camitas son cubiertas con pequeños lienzos de tela. En cada artículo estampa su característica firma.

“Muchos de los habitantes de Suchitoto saben que en este lugar se fabrican y se venden mueblecitos de madera. No tengo un mercado donde venderlos”. Rafael Coreas Chávez
Carpintero

Los productos son colocados en la mesa de la sala para ser vendidos; sin embargo, sólo suelen ser observados por los que curiosamente se asoman a ventana, pues en la casa no hay ningún rótulo que anuncié la mercancía.

“Muchos de los habitantes de Suchitoto saben que en este lugar se fabrican y venden mueblecitos madera.

No tengo un mercado donde venderlos; por lo general los exhibo en las ferias o en los festivales que se realizan en la ciudad”, manifiesta el tío Lito.

Corazón de madera


El señor Coreas sobrevive gracias a las ganancias obtenidas en las ventas de sus artesanías y a la pensión que mensualmente recibe. Y es que él no sólo se ha dedicado a la fabricación de miniaturas; la mayor parte de su vida la ha pasado haciendo muebles grandes para el hogar.
Laboró por más de 20 años en una reconocida fábrica de muebles salvadoreña, donde perfeccionó su trabajó de carpintero.

“En la fabrica hacía todo tipo de muebles. Yo era muy rápido para trabajar, y en mis tiempos libres elaboraba alguno que otro mueble en miniatura. Por mis problemas de salud tuve que retirarme indemnizado”, comenta.
Tío Lito es un carpintero por vocación. Su vida ha transcurrido entre maderas, herramientas, clavos y pegamento.

Este oficio se lo comenzó a enseñar su padre, don Manuel Chávez.
“Yo vivía solo con mi papá (en Suchitoto), pero él se murió en 1951. Tuve que irme a San Sebastián para vivir con mi madre y mi padrastro, quien también era carpintero. Fue él quien me instruyó en este oficio. En ese tiempo me dedicaba especialmente a la fabricación de ataúdes”, comenta.

Uno de los muebles miniaturas más vendidos son las camas, que son adornadas con calcomanías y cubiertas con tela.

En 1963 dejó su familia y se trasladó a San Salvador para trabajar en la construcción del Bulevar de Los Héroes. Luego regresó a San Sebastián y laboró en el taller de carpintería de un hermanastro.

Años más tarde, y con sus sueños al hombro, regresó a la capital e hizo su propia familia.
“Viví en el Zurita hasta 1967. La señora que tenía en ese entonces me corrió de la casa”, expresa con una carcajada.

Recomendado por unos amigos ingresó a la fábrica Capri, y fue ahí donde conoció a su segunda compañera de vida, con la que aún mantiene contacto.

“Después de retirarme de la fábrica me vine para Suchitoto. Mi señora vive en San Salvador, pero cada semana la voy a traer para que estemos juntos unos días”, manifiesta el carpintero.

Don Rafael aún conserva alguna que otra silla y cama de las que él fabricó; sin embargo, ha tomado la decisión de no elaborar ese tipo de muebles, pues su estado de salud no se lo permite.

“A no ser que me lo pida un amigo muy cercano, yo lo hago”,expresa con determinación el artesano.
Aunque el corazón de tío Lito se encuentra enfermo, él está dispuesto a entregarlo en su trabajo. Su dedicación y su pasión por la carpintería se ponen de manifiesto en cada uno de sus muebles, los cuales, a pesar de su pequeñez, llevan impreso el sello y las huellas de un gran trabajador.

Carpintero de cabecera

Por más de dos décadas. tío Lito trabajó en la fábrica de muebles Capri. Los diseños que hoy en día hace en miniatura son los mismos que hizo en esa reconocida mueblería.
- Los precios de sus productos varían según el diseño: las cunas, las camas y los comedores tienen un valor de $4.
- Le gusta trabajar con madera fina. Cedro, laurel y Brasil son los tipos de madera que más utiliza.
- Gracias a su esfuerzo ha logrado comprar diez máquinas fijas de motor.
- Su casa es la única “sala de ventas”. Hasta ella acuden los clientes a apreciar su trabajo y a comprar los productos.
- Según el señor Coreas, él también trabajó como carpintero, jardinero, electricista y fontanero en la casa de un ex ministro de Economía. “Así como hay doctores de cabecera, yo fui el carpintero de cabecera del ministro Arturo Zablah”, expresa.
- Cuando no trabaja le gusta pasear.
- Para pedido de artesanías se puede llamar al teléfono 335-1601.




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