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Edición
del 10 al 17 de octubre de 2004

ONG
aseguran que la oleaginosa promoverá la deforestación
en el área, pero técnicos agrícolas discrepan.
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| Ambientalistas
afirman que soja amenaza la Amazonia brasileña.
Foto: STOCK |
La soja,
que despierta la ira de los ambientalistas por la arrolladora
expansión de sus variedades transgénicas, suma
una nueva acusación: presionar los bosques amazónicos
brasileños.
Aunque los cultivos de esa oleaginosa no sustituyen directamente
áreas boscosas de la Amazonia, su expansión
en zonas cercanas a ellas elevan el precio de la tierra y
empujan a otras actividades menos rentables que
avanzan sobre los bosques, como la ganadería, explicó
Roberto Smeraldi, coordinador de la organización no
gubernamental (ONG) Amigos de la Tierra-Amazonia Brasileña.
Además, el cultivo de la soja, actualmente el principal
producto de exportación brasileño, avanza acompañado
por la creación de infraestructura para transporte,
que es un gran vector de deforestación.
La Amazonia pierde cada año 25 mil kilómetros
cuadrados de bosques.
La soja entró a Brasil en los años 60 por el
extremo sur de país, donde el clima es más cercano
al de China, su país de origen.
Luego marchó hacia el norte, adaptándose al
clima tropical gracias a variedades desarrolladas por la estatal
Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria
(Embrapa, acrónimo de su nombre en portugués),
un conjunto de 40 centros especializados que tuvo papel decisivo
en el desarrollo agrícola del país en las tres
últimas décadas.
Las ONG denuncian la expansión del cultivo de soja
en el área de transición entre el Cerrado y
los bosques amazónicos, cuya deforestación afecta
gravemente el clima y la biodiversidad de los dos biomas.
Hay un crecimiento explosivo de soja en algunos
puntos de la Amazonia como la región de Santarém,
al oeste del norteño estado de Pará, aseguró
Ane Alencar, investigadora del Instituto de Investigación
Ambiental de la Amazonia.
Santarém, rodeada de bosques secundarios, está
en áreas taladas hace tres siglos, cerca de un
puerto exportador de soja, y es un bolsón de
sequía con topografía ideal para
la mecanización, apuntó.
El área sembrada aún es pequeña, cerca
de 30 mil hectáreas el año pasado, pero se prevé
sumar otras 20 mil este año, avanzando sobre
bosques nativos, y no sabemos qué impacto
tendrá el monocultivo en el ecosistema, advirtió
Alencar.
Amigos de la Tierra señala otras ocho áreas
de expansión dentro de la Amazonia o en sus fronteras,
en general en áreas de sabana, pero que amenazan bosques.
Además, la exportación de soja valorizó
la carretera entre Cuiabá, capitaldde Mato Groso, y
Santarém, y eso estimuló la apropiación
ilegal de tierras públicas, taladas para afirmar la
posesión, con expulsión de pobladores.
Sin embargo, Homero Pereira, presidente de la Federación
de Agricultura del estado centro occidental de Mato Grosso,
niega que la soja cause daños. Y va más allá:
afirma que quienes la producen son los mayores ambientalistas
y hacen conservación en la práctica,
porque la oleaginosa crece en áreas antes deforestadas
o de pastizales degradados, y fija el nitrógeno del
aire, fertilizando la tierra.
Además, casi todos los productores practican la siembra
directa, sin remover la tierra, una técnica desarrollada
en Brasil que reduce la erosión y retiene humedad.
La soja no es monocultivo porque se alterna con
algodón, maíz y arroz, alegó Pereira.
El estado de Mato Grosso, en cuyo norte empiezan los bosques
amazónicos, es hoy el mayor productor de soja en Brasil.
Cosechó 15 millones de toneladas este año, 30
por ciento del total nacional. Hace 10 años producía
solo cinco millones de toneladas.
Desde los años 80, el cultivo de soja se expande además
de forma acelerada en el Cerrado, la sabana con
árboles bajos que ocupa una extensa área central
de Brasil y algunas islas en la Amazonia.
Debido a sus tierras poco fértiles y ácidas,
tardó en convertirse en una próspera frontera
agrícola.
Hoy es una apreciada zona, pues su perfil productivo cambió
gracias a la aplicación de fertilizantes. El Cerrado
ofrece la ventaja de tener periodos bien definidos de
lluvia y una topografía que permite la mecanización,
explicó a Tierramérica Paulo Roberto Galerani,
investigador del centro de Embrapa dedicado a la soja, con
sede en Londrina, una ciudad del meridional estado de Paraná.
La vocación del Cerrado y el clima favorable
permiten a todo el Mato Grosso cosechar de tres mil
100 a tres mil 200 kilogramos de soja por hectárea,
una productividad superior al promedio nacional de 2,500 kilogramos,
observó el presidente de la Federación de Agricultura.
El cultivo ocupa hoy cinco millones de hectáreas y
esa área puede duplicarse sólo recuperando
pastizales degradados, de modo que no es necesario avanzar
sobre la Amazonia, donde la soja no prospera debido
al suelo débil y el exceso de humedad,
sostuvo la fuente.
El autor es corresponsal de IPS.
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