|

Edición
del 10 al 17 de octubre de 2004

Él
sabe de teatro por la emoción, por lo que sus actores
y autores han dejado bajo su velluda piel. Teatro superior
al fin de cuentas. Ese que marca surcos en la sensibilidad
con permanencia de nostalgia. Hablar con este hombre de 75
años es recordar y revivir los momentos estelares de
las artes escénicas en El Salvador.
|

|
| La
luz que agoniza, de Patrick Hamilton. Actores Irma
Elena Fuentes, Enmanuel Jaén y Eugenio Acosta Rodríguez,
canal 4 de televisión. |
La conversión
de Eugenio Acosta Rodríguez inició en las postrimerías
de 1947. Una noche lluviosa y cálida del mes de mayo
incursionaba por primera vez en el escenario de las candilejas
con un pequeño papel en la comedia Las del barranco,
del autor argentio Gregorio de Laferrere.
El director de la obra fue Darío Cosier, quien por
un tiempo fuera profesor en Bellas Artes y posteriormente
dirigiera la compañía de teatro del Ministerio
de Trabajo.
Sin embargo, el amor por el teatro de Acosta Rodríguez
habría de llegar muy temprano. Dicen que gritó,
lloró y agitó las manos mientras el sacerdote
lo ungía durante la breve ceremonia en el pequeño
baptisterio amarillento de la iglesia La Merced, pegadito
a San Esteban, uno de los barrios más antiguos de la
capital.
Manos que se agitaban (gesto usual en la actualidad) y lágrimas
que excedían a la realidad, como no se podía
esperar de ocasión semejante.
Eugenio proviene de una familia de actores. Su abuelo, el
doctor Mariano Acosta, propietario de una farmacia en el barrio
La Vega, actuaba mientras atendía y platicaba con los
parroquianos.
Del estribillo de una melodía que cantaba A Nana
Yaca quisiera ver con la puyita puyando al buey derivó
el nombre para el personaje que con el correr de los años
acompañaría a Eugenio en el programa radiofónico
de más audiencia en El Salvador Ay, qué
tiempos señor don Simón.
|

|
| Impartiendo
clases en la Escuela de Turismo. |
Su padre,
Mariano Acosta, fue actor y dirigía un grupo de teatro
en la parroquia de La Merced; su tío Julio César
Acosta fue el primer actor cómico de El Salvador. Pertenecía
a la compañía de don Gerardo de la Nieva.
Este hombre
(don Julio César) fue fundador del Centro Cultural
de Motoristas. Sus hermanos también incursionaron en
las artes escénicas: Roberto fue soldado e hizo teatro
en los cuarteles; Pepe actuó en la compañía
de Julio Alberto Martí; Alfredo hizo radioteatro, mientras
que Amanda actuaba y fue reconocida como una excelente soprano.
Los abuelos
y los padres de Acosta Rodríguez supieron aprovechar
las inquietudes del niño y le dieron una educación
completa hasta su bachillerato. El título de licenciado
en Psicología lo obtendría en 1975 cuando ya
era un personaje reconocido.
Para miles de salvadoreños fue y es el famoso Chico
Tren de la producción radiofónica Ay,
qué tiempos señor don Simón, que
desde 1955 a 1957 se transmitió en Radio Cadena YSU,
haciendo pareja con Roberto Arturo Menéndez (Nana
Yaca).
El apodo de Chico Tren fue tomado de un vendedor
de periódicos y revistas de la capital, cuyo nombre
era Francisco Araujo Portillo. Eugenio es, además,
un excelente libretista, periodista, inteligente actor y narrador
por radio y televisión, declamador, profesor y conferencista
que sabe adornar sus charlas con la sabrosa recitación
de bien escogidos textos poéticos.
|

|
| YSU
radionovela. Irma Elena Fuentes, Fausto Carbonero, Roberto
Arturo Menéndez, Eugenio Acosta y José Guevara
Arévalo. |
¿Pueden
todas estas cualidades, acumuladas en una sola persona en
forma excepcional, producir un actor de teatro? Es lo que
mucha gente se pregunta. El caso de Eugenio es al revés.
Sus inicios en las artes escénicas comenzaron en la
pila bautismal, donde movió sus manitas, lloró
y gritó más por actuación que por la
mojada de cabeza y el pasar de unos brazos a otros.
Con el transcurrir de los años había de alcanzar
un puesto cimero en esta profesión que tiene fama de
difícil y azarosa. Egresó de la Escuela de Teatro
de la Dirección de Bellas Artes de El Salvador, bajo
la tutela de tres reconocidos maestros: Darío Cosier,
Edmundo Barberto y Fernando Torre Lapham.
Por diez años (1955-1965) sería primer actor
del elenco estable de Bellas Artes. La incursión en
otros géneros de la comunicación sería
consecuencia lógica de un dominio absoluto de las artes
escénicas.
Una vez
que Acosta Rodríguez se había probado y ganado
por méritos propios un primer lugar en la actuación
pasaría a ser profesor de Bellas Artes en Técnica
Teatral y Práctica Escénica. Posteriormente
fundador de la compañía teatral Las Máscaras.
|

|
| Nana
Yaca y Chico Tren. |
Como productor,
director y actor de obras dramáticas del teatro clásico
ha mostrado talento, modestia y amor al arte al intervenir
en piezas que siempre fueron del agrado del público.
Baste recordar la farsa clásica Los habladores,
de Miguel de Cervantes; la tragedia Aceite, de
Eugene O´Neill; El alcalde de Zalamea, de
Calderón de la Barca; la farsa Petición
de mano, de Antonio Chejov, o el drama Muerto
sin sepultura, de Jean Paul Sartre.
Acosta Rodríguez ha tenido una larga y productiva vida
en el teatro. Por su dilatada trayectoria de más de
55 años ha recibido diversos estímulos de instituciones
privadas y públicas.
En 1997, la Unión de Artistas y Escritores Salvadoreños
(UNARTES), también lo distinguió con la placa
El Sol Maya y diploma de honor por considerarlo
uno de los más grandes actores teatrales que ha tenido
el país.
Esa misma capacidad escénica y calidad humana no han
permitido que se le haga sombra ni se irrespete su amor y
dedicación al teatro, porque, además, su personalidad
es muy vigorosa; cuando está en escena la llena, y
hasta los mismos aficionados saben reconocer sus méritos
en la comedia, la tragedia, el drama, la farsa o el sainete.
Además del dominio de la escena, de la técnica,
de impostación de la voz, siempre ha mostrado una inteligente
comprensión del texto, una sabia matización
de sus parlamentos, un acertado ritmo, que tantas veces se
impuso al natural nerviosismo que produce el actuar en obras
tan delicadas como La prostituta respetuosa, de
Jean Paul Sartre; Casa de muñecas, de Enrik
Ibsen, y tantas otras de Shakespeare, Calderón de la
Barca y Lope de Vega; asimismo tiene simpatía personal
reconocida por los estruendosos aplausos brindados por el
público salvadoreño y de otras latitudes.
|

|
| Príncipe
Segismundo, en La vida es sueño. |
En sus
más de 50 años dedicados al teatro, Eugenio
ha actuado con actrices formidables como Irma Elena Fuentes,
Adelina de Gumero, Julia Herodier y Marta Alicia Aragón.
Lo mismo que con directores y actores de primer nivel, entre
ellos Edmundo Barbero, Darío Cosier, Fernando Torre
Lapham y otros.
Con todos ellos ha actuado y trabajado con soltura, naturalidad
y con buena gracia, como dice Enrique Jardiel Poncela, de
quien Acosta Rodríguez ha dirigido y actuado en muchas
de sus farsas y comedias.
Acosta Rodríguez siempre ha sido un actor disciplinado,
responsable y exigente, virtudes que asimiló de Darío
Cosier y Edmundo Barbero; es así porque respeta mucho
su profesión, a los autores, a sus compañeros
y al público.
Por cierto,
desde que encarnó su primera obra, pasando por el papel
de Roldán, en la farsa clásica Los habladores
de Cervantes, hasta sus últimas presentaciones se ha
sentido más que complacido por dejar al público
satisfecho y hasta feliz, máxima aspiración
de todo aquel que se considere un verdadero artista.
|

|
| El
difunto señor Pic, de Charles de Peyret.
Irma Alicia Morales, Adelina de Gumero y Eugenio Acosta. |
Eugenio,
pues, incursionó desde el baptisterio al teatro y quizás
por ello es que aún a sus 75 años dirige y actúa
en su propia compañía Organización Artística
Camaleón.
Lo admirable es que en más de 50 años no ha
dejado de actuar en su diario caminar por la vida.
Como él mismo lo dice abrió una puerta
por la que no era posible predecir hasta dónde podría
llegar, más con el estudio y los iniciales acosos
de su padre, quien se molestaba por esa su afición
a actuar frente al público.
Con todo, en lo particular y viendo al público asistir
a sus presentaciones hemos aplaudido con el mayor entusiasmo
al director y al actor, como a todos los que le han acompañado
en esta aventura que merece el reconocimiento de todas las
instituciones privadas o públicas que de una u otra
forma trabajan por la promoción humana y el desarrollo
cultural de nuestro país.
|