Edición del 8 al a 15 de agosto de 2004

Los machos ofrecen sus cantos, sus llamativos colores, sus plumajes,
sus melenas y su fuerza. Al final, la hembra elige con quién aparearse.

Morena Rivera
Fotos: Luis Villalta
y Eleonora Salaverría


Aunque parezca sorprendente, en el mundo animal los periquitos australianos suelen ser fieles a su pareja hasta la muerte.

Pueden encontrarse varias hembras en una misma jaula, pero el macho sólo tendrá ojos para su amada.

El libro “Vida sexual de los animales” los califica como maestros en el arte del amor. El macho procede como un amante anticuado; se muestra muy apasionado mientras espera con paciencia a que su enamorada se entregue.

Después se acarician durante horas. El macho se agita con graciosos movimientos y procede a presentarle a su cónyuge el banquete nupcial: extrae alimento de su buche y la hembra lo toma del pico de su amado, como si se tratara de la más exquisita receta culinaria.

La fidelidad y la paternidad responsable de las guaras tampoco deja de cautivar. Se entregan a una sola pareja a lo largo de sus vidas y en momentos en que ella empolla los huevos, el padre se para a la entrada del nido para cuidarlo con pico y garras.

“Estas aves son monógamas”, especifica Jorge Porras, coordinador técnico del Zoológico. “Al macho se le puede llevar otra hembra, pero no va a aceptarla, a menos que sea mucho tiempo después de la muerte de su compañera”, agrega.

Existen comportamientos sexuales en otras especies que distan mucho del preludio amoroso de los periquitos australianos. Las serpientes se dan pequeños toquecitos con la lengua y luego el macho se arrastra sobre la hembra y le introduce uno de sus hemipenes en la cloaca.

Así luce una pareja de víboras cascabeles al momento del apareamiento

No existe el instinto paternal ni maternal. Al terminar la copulación, el macho se va. Queda sólo la hembra que pone los huevos, los deja entre la hojarasca y también los abandona a su suerte.

La mantis religiosa, conocida como “quiebrapalito”, tiende a tomar al macho por las patas y comienza a comerle la cabeza mientras se realiza la copulación.

Esto le asegura suficientes proteínas para producir hasta 1,200 huevos.

“Cada especie tiene sus propios rituales y cada uno es interesante”, comenta Porras. Pero partiendo desde el momento del cortejo, ¿quién de los dos toma la iniciativa?

Ellos ponen y ellas disponen

Los machos despliegan todas sus características, como capturas de alimento, su colorido (suele ser más llamativo que el de la hembra), su canto y su fuerza a través de las batallas con sus rivales. Ella, halagada, presencia desde lejos y al final es quien elige el ejemplar para aparearse.

“El cortejo lo empieza el macho, pero quien decide o selecciona es la hembra”, detalla la bióloga Martha Zetino, profesora de conducta animal en la Universidad de El Salvador.

Este comportamiento no es más que la teoría de la selección sexual del científico Charles Darwin. Una forma de explicar por qué un animal logra pasar sus genes a la siguiente generación, mientras otro muere sin dejar descendientes.

Los pavos reales despliegan su cola de un metro y la extienden como un reclamo nupcial para atraer a la hembra. Ellas eligen al que tiene mayor plumaje y un colorido más atractivo.
“Eso les indica que el ejemplar está capacitado genéticamente para ser padre”, dice Porras.

El macho avestruz le danza a la hembra; ésta le corresponde con un baile.

Los menos dotados se quedan sin familia. Igual sucede con los leones, que se enfrascan en crudas batallas para disputarse un harén.

El ganador, es decir el más fuerte, se queda con las hembras y mata a los cachorros del animal vencido.

Se trata de una buena opción de vida natural, pues aunque el macho sólo lo hace para que las hembras dejen de amamantar a sus hijos y vuelvan a entrar en periodo de celo, es una forma de acabar con la reproducción de leones débiles y enfermos.

El nuevo responsable de la genética de su grupo ni siquiera está destinado a cazar su alimento por no desgastarse físicamente.

Así asegura que sus próximas batallas serán ganadas por él y de esa medida preservará su prole. “Esa no es más que la selección natural”, añade Porras.

Cautivados por las feromonas

¿Qué busca una hembra al momento de elegir al padre de su descendencia?
“Posiblemente protección para sus crías y la posibilidad de producir hijos atractivos con calidad genética”, considera la bióloga Martha Zetino.

Sin embargo, mucho antes del cortejo y de la selección, las hembras son las primeras en indicar al león de que ha llegado el momento de la reproducción. Glándulas en su cuerpo segregan una hormona conocida como feromona que indica su disposición a aparearse.

Entonces el macho reconoce ese aroma y comienza el ritual. Existen otros signos que dan luz verde a los machos; tal es el caso de algunas monas que enrojecen su callosidad en las nalgas en época de celo. Al verlas encendidas y grandes, los machos proceden a competir por ella.

Durante el cortejo, los periquitos australianos se acarician por horas.

¿Qué tan importante es la belleza al momento de cortejar a una hembra?
Es raro que una hembra no sea aceptada porque es pequeña o fea; al macho no le importa cuán atractiva sea, sólo se deja llevar por el olor de las feromonas.

Algunos animales logran desarrollar conductas que van más allá del simple cortejo y apareamiento. Muchas aves construyen nidos con objetos llamativos y sensuales, como fragmentos de vidrio de diferentes colores para ofrecerlos a las hembras que, impresionadas, deciden poner sus huevos allí.

Otra actitud muy común entre los insectos suele ser cautivar y llamar la atención de la hembra a través de un presente como capullos de mariposas en tonos vistosos.

Las ballenas, los delfines y los elefantes viven en sociedades formadas por padres, hijos y nietos; incluso suelen ayudarse durante el parto.

La etapa reproductiva de los animales es sólo una parte de su comportamiento y es estudiado por la etología. En esos periodos siguen actitudes instintivas que les ayudan a asegurar su supervivencia. “Es el instinto natural el que los obliga a comportarse de esa forma”, detalla.

Los más cariñosos

El banquete nupcial (la comida que el periquito australiano extrae de su buche y ofrece a la hembra) los hace caer en un éxtasis de amor. Entrelazan el pico y el macho cubre con sus alas extendidas el cuerpo de la hembra que yace debajo de él.
Cuando se le muere el macho, la hembra guarda luto por un largo período, pero no está predestinada a pasar el resto de su vida en la soledad. El amor más allá de la muerte es desconocido en el reino animal.
Danza nupcial
La víbora cascabel hembra atrae a los machos al segregar feromonas. Entonces ellos se acercan y se funden en una danza más que un enfrentamiento. El que resulta vencedor se arrastra sobre el cuerpo de la hembra y se produce el apareamiento.
El más fuerte
Los venados hacen el amor hasta caer desmayados; apenas comen y duermen durante el periodo de celo. Antes de eso luchan con sus cornamentas de tal forma que el adversario pierda el equilibrio y busque su salvación en una huida relampagueante. El más fuerte se queda con el harén.

Fuente: Libro
“Vida sexual de los animales” y revista National Geographic.

Los monos célebes enrojecen sus nalgas en época de celo

 



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