Edición: 8 de febrero de 2004

Firmas extranjeras reinician exploración de crudo en Nicaragua, interrumpida en 1979.
Etnias caribeñas advierten sobre daños ambientales.

Lidia Hunter
MANAGUA
La isla Corn está excluida de la exploración de crudo en el Atlántico de Nicaragua.

Cuatro compañías de Estados Unidos avanzarán este año hacia la explotación de petróleo y gas natural en Nicaragua, tras completar negociaciones con el gobierno sobre una concesión por cinco años de unos 25 mil kilómetros cuadrados en mar y tierra, rechazada por etnias indígenas afectadas.

Trabajos de prospección que se prevé comenzar cuando estén listos los estudios de impacto ambiental determinarán si los recursos son “fáciles de extraer, si habrá dificultades o resultaría muy costoso”, explicó a Tierramérica el director de Hidrocarburos, Fernando Ocampo.

En caso de que haya resultados exitosos, cálculos preliminares prevén una producción de 50 mil barriles diarios de 159 litros de petróleo y unos 83,200 litros diarios de gas natural, que aportaría al país unos 300 millones de dólares anuales.

Las últimas indagaciones técnicas, efectuadas por científicos japoneses, “determinaron la existencia de petróleo en una roca madre localizada en una cuenca del mar Caribe de Nicaragua, con un potencial equivalente a 50 años”, según el Instituto Nicaragüense de Energía.

Hay un avance del 50% de las negociaciones para firmar los contratos, y antes de continuar la exploración, las empresas deben efectuar estudios de impacto ambiental que tendrá que aprobar el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales. Esos estudios, que comenzarán en septiembre y durarán ocho meses, caracterizarán el área de prospección, el tipo de vida de las comunidades, formas de vida marina y fauna susceptible de extinción, explicó Ocampo.

La concesión abarca zonas que llegan hasta los límites marítimos nicaragüenses en el Caribe (excluyendo la isla Corn, así como los cayos Miskitos, Perlas y otros ubicados en esa zona) y el Pacífico (excluyendo las playas), un área terrestre en la costa caribeña y otra entre Managua y el departamento de Rivas, al sur del país.

Ocampo subrayó que se excluyeron zonas protegidas, como los cayos Miskitos y las playas de anidación de tortugas de
Chacocente (Carazo) y la Flor, en las costas del Pacífico.

Pero las comunidades del Caribe dudan de que el gobierno tenga recursos económicos y técnicos para controlar a las firmas extranjeras y evitar que dañen el ambiente.

El dirigente miskito Humberto Thompson, integrante del grupo ambientalista Red Oil Watch Mesoamericana, recordó los daños provocados desde 1930 por empresas extranjeras al buscar petróleo en el país.

Ese grupo trabaja con organizaciones civiles del Caribe nicaragüense para proteger los recursos, el ambiente y los derechos humanos de los indígenas.

En el Caribe nicaragüense hay unas 140 comunidades indígenas.

Thompson pronosticó que el uso de explosivos para abrir pozos submarinos matará a peces y tortugas. Además, de los pozos no sólo saldrá petróleo, sino también gases que contaminarán el mar y, en tierra firme, el aire y el manto acuífero de ríos y pozos, alegó.

Animales silvestres como venados, iguanas o aves se alejarán, y eso quitará a la población local medios de subsistencia, aseguró el líder indígena.

Pero Ocampo arguyó que una de las técnicas modernas para detectar la potencial existencia de crudo es el uso de ondas sonoras que no amenazan a la vida marina, y que las explosiones en tierra serían controladas, en áreas alejadas de las zonas de desove y anidación de tortugas, aves y fauna silvestre.

“El gobierno dice que va a haber empleo, que será la solución a la pobreza, pero la historia de otros pueblos como Ecuador y Guatemala no dice eso. Los indígenas que habitan en las zonas aledañas a los yacimientos petroleros siguen siendo pobres”, enfatizó Thompson.

En el Caribe hay unas 140 comunidades indígenas, que suman de 70 mil a 80 mil personas de las etnias miskito, sumo, rama y garífuna.

Los nativos temen que las transnacionales les impidan acceder a sus zonas tradicionales de pesca, ya que lo primero que hacen “es contratar protección militar para restringir el acceso”, afirmó Thompson.

ECOBREVES

HONDURAS
Prohíben construcción cerca de represas 

La Fiscalía del Medio Ambiente y la Secretaría de Recursos Naturales de Honduras emitirán el 13 de febrero un reglamento que prohíbe construir cerca de las represas que abastecen de agua a la capital del país.
Los problemas de agua potable en Tegucigalpa obedecen en parte a la “severa deforestación que presentan sus principales cuencas hidrográficas, al grado que se afirma que a una de ellas sólo le quedan cinco años de vida”, dijo a Tierramérica el fiscal del Medio Ambiente, Mario Chinchilla.
“Nos estamos quedando sin fuentes de agua y la ciudad crece a un ritmo acelerado y descontrolado, se han descombrado cerros enteros para construir viviendas y es urgente prohibirlas”, dijo.
Cada año, hay racionamientos de agua potable de seis a diez horas diarias en Tegucigalpa para poder atender la demanda veraniega.

NICARAGUA
Fomento a buen manejo de bosques 

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) impulsa programas de certificación voluntaria para empresas procesadoras de madera y fabricantes de muebles comprometidos con un desarrollo sostenible de los bosques.
De un total de 700 mil hectáreas de bosques certificadas en América Central, Nicaragua tiene menos de 20 mil, y el WWF considera prioritario mejorar esa situación, dijo el director forestal para Centroamérica del Fondo, Steve Gretsinger.
La certificación de productos procedentes de bosques bien manejados es un “mecanismo para frenar la deforestación y ofrece beneficios concretos, como más ventas y aceptación en el mercado”, añadió.
El WWF formó en la región su segunda red de comercio forestal, llamada Jagwood+, y ya otorgó la certificación a cuatro empresas productoras y procesadoras de madera.

 


La autora es colaboradora de Tierramérica.

 



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