Edición del 4 al 10 de julio de 2004

Un entrenamiento sobre ruedas estacionarias, conocido como
“indoor cycling”, sigue revolucionando las rutinas de los gimnasios.
Al compás de la música atrae la atención de quienes buscan relajarse,
estilizar sus cuerpos y ganar resistencia.

Morena Rivera
Fotos: Luis VIllalta
y César Avilés

Las mujeres lo adoran porque les moldea las piernas y les controla la grasa acumulada en el abdomen; ellos lo practican porque les brinda resistencia cardiovascular y personas de la tercera edad ya han descubierto sus poderes para aliviar enfermedades dolorosas como la artritis.

Al “indoor cycling”, conocido como “spinning”, se le atribuye una sensación desestresante y liberadora de ansiedad incomparable a ningún otro entrenamiento.

Muchos profesionales lo disfrutan luego de una larga jornada de trabajo y hay quienes incluso llegan a compararlo con un paréntesis que interrumpe la vida agitada o con un escape a sus problemas.

Como todos los entrenamientos físicos, refiere la nutricionista Thelma de Díaz, es estimulante del gasto calórico, se pueden quemar entre 300 y 600 calorías por sesión de 45 minutos, y disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares como el colesterol alto, los triglicéridos y la presión alta.

No es del todo nuevo. Luego que en 1997 el Magaña Fitnness Center lo introdujera en El Salvador, sus ventajas tardaron en expandirse a otros gimnasios. Pero sólo en los últimos tres años, el “indoor cycling” ha despertado la curiosidad en los amantes de las prácticas corporales.

En algunos casos ha llegado incluso a sustituir ejercicios tan tradicionales como los aeróbicos. En dos años, en el gimnasio “No más peso” las clases de aeróbicos se redujeron de once a tres, mientras que las de bicicleta estacionaria han aumentado a nueve.

Existen por lo menos cinco programas diferentes de “indoor cycling”. Cada uno tiene su fabricante y creador.

“Está pasando por sus mejores momentos y sigue siendo impactante para quienes andan en busca de ejercicios novedosos”, considera Blanca Flor Archuleta, gerente general del Magaña Fitnness Center, donde el uso de las bicicletas es ininterrumpido durante todo el día.

Música en campo abierto

La música electrónica inunda los salones de “indoor cycling”, los gritos de los instructores dan las indicaciones a los ciclistas y ellos, como si recorrieran un campo al aire libre, experimentan a plenitud cada pendiente, cada planicie, cada obstáculo.

La bicicleta estacionaria deja de serlo, la imaginación es la encargada de hacerla correr. El primer paso son los ejercicios de respiración y el estiramiento al compás de la música lenta. Conforme se acelera el ritmo de la melodía también se aligera el pedaleo.

Al principio recorren una llanura, quizás tapizada del verdor de la hierba y libre de tropiezos, según lo perciba cada ciclista. Se mantienen así por un instante y de pronto la instructora les indica la posición dos, y todos se ponen de pie.

Es uno de los ejercicios más
practicados en el mundo.

Cuando la melodía está a punto de llegar al momento álgido, la instructora les grita “posición tres”, siguen parados, se inclinan ante el manillar de la bicicleta e incrementan el pedaleo a máxima velocidad, y a lo lejos, al final de la planicie, se comienza a avistar una pendiente.

El ritmo de la música se vuelve lento, es el momento de regular la velocidad de la bicicleta a través de una perilla antes de comenzar a subir. La fuerza que deben hacer es similar a la que se necesita en una cuesta real.

Las piernas pedalean con lentitud, el sudor recorre sus rostros sonrojados y ya cuando la tarea parece interminable oyen la voz que los invita a ir a posición dos; la música también les avisa que es la hora de descender.

El esfuerzo deja de ser intenso cuando se deslizan por la calle imaginaria. Todo es más fácil, las piernas descansan y el aire del campo parece aliviar el calor de sus cuerpos. Vuelven a ejecutar ejercicios de respiración y el agua alivia la sed que se ha apoderado de sus gargantas luego del reciente desgaste físico.

No es el rey, pero impacta

Carmen Cabezas de Sánchez, cirujana de 53 años, dejó de hacer cardiovasculares para cambiarse a un entrenamiento que ella considera más integral. “Me da mucha más resistencia y hace que me relaje y me olvide de todo”, dice.

A Víctor Hugo Lemus, de 45 años, un hombre que ha experimentado entrenamientos como pesas, aeróbicos y cardiovasculares, ha detectado un componenete especial en el “indoor cycling”. “Se puede parecer a los demás, pero en resistencia es incomparable”, señala.

Aunque el mayor porcentaje de personas que practican el ciclismo estacionario son jóvenes y adultos entre los 15 y 45 años, en más del algún gimnasio de la capital se descubre algún aficionado de la tercera edad.

A sus 76 años, Estela Melara es conocida como “la campeona del gimnasio”. Llegó al Magaña Fitness Center con una artritis crónica que le dificultaba hasta subir un par de gradas, pero el “spinning” ha permitido a sus piernas volver a caminar sin dificultad. “Ha sido como una meta y las fuerzas han llegado a mi cuerpo”, comenta.

A diferencia de los aeróbicos que llevan salto y a veces pueden lastimar la columna y los tobillos, éste no produce ningún impacto en el cuerpo, por eso se recomienda a gente de todas las edades.

Las únicas restricciones son para los niños que por tener piernas cortas no alcanzan los pedales y para quienes pesan más de 200 libras, pues el entrenamiento requiere mucho esfuerzo cardiaco.

La nutricionista Thelma de Díaz considera que muy a pesar de todos sus encantos, el “indoor cycling” no es el entrenamiento que se lleva todo el reinado ni el más integral; hay otros que sí lo son, como la natación y la gimnasia aeróbica.

Pero de algo sí está segura: “Es de los más impactantes y efectivos para resolver las áreas que más problemas dan a las mujeres”.

Esperanza Osorio, una de las primeras féminas que se adhirió a este programa, desde 1997, cree que no hay nada que se le compare. “Es simplemente magnífico”, resume.

Bicicleta estacionaria
• El “indoor cycling” es similar al ciclismo en exteriores. Las mujeres lo prefieren por estética y por vanidad, ellos por la resistencia y el trabajo en el abdomen.

• Se ha comprobado que el “indoor cycling” quema entre 300 y 700 calorías por sesión.

• Algunos lo ven como ejercicio de rehabilitación para aliviar la artritis y ejercitar piernas dañadas por accidentes.

Nace en Estados Unidos
El creador del “spinning”, el primer programa de “indoor cycling” o bicicleta bajo techo, fue el estadounidense Johny Goldberg.

El programa fue denominado “spinning” y su creador comenzó a enseñarlo en el garaje de su casa. Sus clases se hicieron famosas y directores de reconocidos gimnasios de Los Ángeles lo incorporaron a sus programas.

En los años posteriores se crearon otros programas de “indoor cycling”, como el “power pacer”, el “studio cycling”, el “all body cycling” y el “precision cycling”. Hasta el momento se han extendido en unos 75 países.



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