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Edición:
4 de enero de 2004

Las carteras de medio
ambiente en América Latina aumentan, poco a poco,
su influencia en la gestión pública.
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Las riquezas
naturales de América Latina y el Caribe (sus 900 millones
de hectáreas de bosques o su variedad sin par de plantas,
aves, reptiles y anfibios) todavía no se traducen en
el poder de los ministerios de Ambiente, que cargan con la
tarea de manejarlas.
Los carteras ambientales crecieron al conjuro de la preocupación
global por la ecología, y han avanzado paso a paso
en un proceso complejo no exento de obstáculos, entre
ellos el presupuestario, según una indagación
de Tierramérica mientras los ministros cumplían
en Panamá, a fines de 2003, una reunión para
relanzar la Iniciativa Latinoamericana y Caribeña sobre
el Ambiente (ILAC).
Durante las últimas tres décadas, los países
en la región crearon carteras que con distinto rango
se ocupan de los temas ambientales, y a partir de 1998, éstas
se organizaron en un foro regional, que constituye la máxima
instancia para la toma de decisiones verdes internacionales.
El foro promueve una política regional común
y la transversalidad de la gestión pública,
es decir que se tome en cuenta normas y precauciones relativas
al ambiente en decisiones sobre, por ejemplo, inversión
industrial, explotación minera, manejo de cuencas o
desarrollo agrícola.
Lo importante es que el tema (ambiental) atraviese la
gestión pública en una región donde 70%
de la población es urbana y Ambiente equivale a saneamiento
de ciudades, acceso a vivienda y agua potable, dijo
el colombiano Juan Pablo Bonilla, viceministro de Ambiente,
Vivienda y Desarrollo Territorial.
El tipo de influencia política de los ministerios difiere
en cada país, pero entre los factores determinantes
se mencionan el presupuesto, el rango del despacho y el peso
político personal de los ministros.
Es elocuente el caso de la cartera de Brasil, dirigida por
Marina Silva, compañera de ruta del presidente Luiz
Inácio Lula da Silva en el camino hacia el poder de
la izquierda brasileña.
Pese a reveses, como la luz verde que dio Brasil al cultivo
y venta de soja transgénica, el ministerio mantiene
influencia, pues posee facultad de permitir o no actividades
como pesca, transporte de especies, construcción de
grandes obras, manejo de recursos hídricos o producción
de energía.
La transversalización está presente en
toda la gestión del gobierno. Hay diferencias. La función
del gabinete es procesarlas e integrarlas, y la cuestión
ambiental siempre es de prioridad, dijo Mitzi da Costa,
responsable de asuntos ambientales en la cancillería
brasileña.
Aunque no todos coinciden. El ministerio enfrenta una
situación difícil y pierde batallas ante las
carteras de Agricultura y Finanzas, incluso conquistas de
la gestión anterior del expresidente Fernando
Henrique Cardoso, dijo el editor del Jornal do Meio
Ambiente, Vilmar Berna.
En Costa Rica, la transversalidad fue de la mano
del rediseño institucional.
El nuestro es un despacho políticamente fuerte,
porque es el Ministerio de Ambiente, Energía y Minas,
confió el ministro costarricense Carlos Rodríguez.
Al integrar Ambiente con Energía y Minas tratamos
de resolver una contradicción y las decisiones ambientalistas
van con fuerza ante el sector económico del gobierno,
opinó.
Venezuela se ufana de haber sido el primero de la región
que creó en 1976 un ministerio específico, con
lo que impulsó leyes de preservación del entorno
que llevaron a colocar bajo algún régimen de
protección a seis de cada diez kilómetros cuadrados
de su territorio.
En conversación con Tierramérica, la ministra
Ana Elisa Osorio defendió el papel de su cartera en
otro flanco de la transversalidad: la educación ambiental,
fuera de la educación formal, como componente
del trabajo de las organizaciones y proyectos de todos los
sectores en la tarea que engloba a todas, la lucha contra
la pobreza.
Sectores ecologistas son pesimistas. Ha sido el ministerio
con menos peso político, y cada vez que se han negociado
planes de desarrollo social o económico ha debido ceder
ante Finanzas, Economía o Agricultura, según
César Aponte, dirigente de la organización no
gubernamental Bioparques.
El ministerio de Colombia, uno de los seis mayores países
megadiversos en el planeta cuenta con 38 millones de dólares
al año, lejos del uno por ciento del presupuesto.
La ministra es Sandra Suárez, ex directora del Plan
Colombia.
Colombia ha bajado perfil y disminuido presencia
en la cuestión, dijo Manuel Rodríguez, el primer
titular de esa cartera.
La baja del rango va a disminuir la capacidad de la
sociedad para proteger el ambiente, opinó.
En México, el presidente Vicente Fox, en un afán
por reforzar a su gabinete con cuadros más políticos
que tecnócratas, nombró a un profesional de
la política para dirigir el ministerio verde. Se trata
de Alberto Cárdenas, del gobernante Partido Acción
Nacional (PAN).
En países como Suriname, el ministerio tiene apenas
un año y abarca Trabajo y Desarrollo Tecnológico,
además de Ambiente.
Es muy temprano para una evaluación, pero no
para una apuesta, porque las posibilidades de Suriname están
en el manejo y desarrollo sustentable de 80 ó 90% de
su territorio, que es una foresta deshabitada, dijo
a Tierramérica el ministro Clifford Marica.
Campañas o debates nacionales que logran galvanizar
a la opinión pública, como las fumigaciones
con glifosato sobre cultivos ilícitos en Colombia o
la plantación de transgénicos en Brasil demuestran
que los ministerios pueden dejar de ser las cenicientas verdes
del gabinete.
El
autor es corresponsal de IPS. Con aportes de Mario Osava (Brasil),
María Isabel García (Colombia) y Diego Cevallos
(México).
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