Edición: 4 de enero de 2004

En el cantón Guarjila, en Chalatenango, un grupo de habilidosos carpinteros
se encuentra preocupado por la escasez de clientes, situación que no les permite
demostrar el arte que aprendieron y ayudar mejor a su comunidad.

Texto y fotos: Orsy Campos
Cuando el negocio era más rentable, la carpintería proporcionaba entre ¢600 a ¢800 mensuales a la comunidad; ahora sólo puede ayudar con los féretros al morir alguien del pueblo.

Cuando el negocio marchaba bien, de las ganancias obtenidas en la Carpintería Comunal Guarjila una parte era destinada a la Asociación de Desarrollo de ese lugar, para invertir en otros proyectos o en la comunidad; pero ahora que todo marcha mal, la única donación que proporciona la carpintería son los féretros para los que mueren en el pueblo.

Así están las cosas de difíciles para los artesanos de la madera, quienes ven con preocupación cómo los años pasan y los clientes han ido disminuyendo, y no es porque sean malos obreros, ya que el oficio lo aprendieron muy bien de un maestro alemán quien les enseñó los secretos por siete años.

Como todo negocio que tiene algunos meses buenos y otros malos, el taller comunal también tiene sube y bajas en la producción; no obstante, hay meses más difíciles que otros: “Los ruines son estos meses que vienen, aunque es muy variable, donde nada se gana o sólo se vende hasta $400”, señala Francisco Miranda, uno de los trabajadores de la carpintería comunal.

Como en todo negocio, diciembre es el mejor mes de todos, por ejemplo produjeron doce muebles, entre roperos, camas, mesas y jugueteras, señala Miranda.

La carpintería tiene todo el equipo necesario para elaborar muebles rústicos y finos.

“El problema es que nosotros trabajamos sólo por encargo, y trabajamos con pura madera, no con materiales desechables, como los que venden en las comerciales. Los muebles están hechos de cedro, laurel o pino”, asegura
Odir Serrano.

No obstante, además del precio que se incrementa por usar sólo madera, el problema que enfrenta esta carpintería es más de comercialización, ya que no tienen un promotor de sus productos, lo que hace que sea poco conocida la habilidad de estos carpinteros.

“De los trabajadores ninguno ha recibido capacitación de mercadeo para ofrecer sus productos”, señala Roque Cea, miembro de la directiva de la Asociación de Desarrollo Comunal Guarjila (ADESCO).

Esta situación no sólo afecta a los cuatros trabajadores de esta carpintería comunal, sino también a toda la población de Guarjila, ya que en la medida que haya una menor producción, menor será la aportación económica a la comunidad, perdiéndose así la oportunidad de seguir mejorando el cantón.

¿Por qué es comunal?

Luego de la repoción de Guarjila en 1987 por los refugiados que se encontraban en Honduras, en Alemania surgió la organización “Viva Guarjila”, fundada por ciudadanos alemanes de la ciudad de Bielefeld, con la intención de ayudar a este cantón para su desarrollo.

Es así como hubo un hermanamiento de aquella ciudad teutónica con Guarjila, y de esa manera se implantó el proyecto de la carpintería, entre otros proyectos comunales.

La falta de trabajo ha hecho que más de una docena de carpinteros abandone la carpintería.

La característica principal de estos programas comunitarios es que de las ganancias una parte es dividida entre los que trabajan en los talleres y otra parte es aportada a la comunidad, a través de la ADESCO.

En el caso de la carpintería, los alemanes invirtieron miles de dólares en 1991 en equipo, máquinas, herramientas, capital de trabajo, así como el pago de un maestro carpintero de origen alemán.

Cuando el taller comenzó a ser autosostenible, a la par hubo una saturación del mercado local y de los alrededores, así el negocio comenzó su declive.

Entonces inició la deserción, algunos tuvieron que emigrar fuera del país, otros se dedicaron de lleno a la agricultura, a tal grado que en la actualidad sólo hay cuatro trabajadores, quienes ven con preocupación el desaparecimiento total de la carpintería.

Y si eso llegara a suceder se perdería toda la inversión que hicieron los alemanes, y esa mano de obra calificada tendría que dedicarse totalmente a la producción tradicional de la tierra y los habitantes del cantón ya no recibirían, por lo menos, un ataúd gratis.

Cómo contactarlos

Para contactar a la Carpintería Comunal puede llamar a Radio Sumpul, siempre en Guarjila, al teléfono 332-3644.

Esta carpintería es una de las mejor equipadas de la zona con máquinas traídas desde Alemania.

Los trabajadores de la carpintería están dispuestos a recibir asesoría para mejorar la promoción y la comercialización de sus productos.

Cuando la cooperativa estaba en bonanza le otorgaba a la comunidad entre ¢600 y ¢800 mensualmente. Ahora sólo colaboran con la entrega de ataúdes al fallecer un habitante del cantón.

En la actualidad, Guarjila tiene los siguientes proyectos comunales: panadería, carpintería, comedor, tienda, producción de hortalizas y fabricación de hornillas mejoradas para consumir menos leña.

Mesa ovalada fabricada con madera.
Tiene un precio de ¢560.

Librera con arco con fondo de madera de pino.
Precio ¢1,190.

Bueyes y carreta hechos con madera de pino.
Precio ¢200.

 

 



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