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Edición:
4 de enero de 2004

Cuando
pensamos en Londres nos imaginamos su simbólico puente,
el Palacio
de Buckingham, la torre Big Ben, sus preciosos parques y las
mejores galerías
y museos del mundo.
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Miles
de turistas esperan la noche para contemplatr al monumental
Big Ben iluminado. Junto a este está el Parlamento
y la catedral de Westminster.
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Después
de tres horas en tren desde París, Francia, y de cruzar
el Canal de la Mancha, las peculiares casas inglesas dispersas
entre los campos nos dieron visos de que por fin habíamos
llegado a Londres, Inglaterra.
Poco a poco fuimos dejando atrás la campiña
para introducirnos a la ciudad, donde se alzan majestuosos
edificios grises.
Al llegar a la estación Waterloo me estaba esperando
María, una amiga salvadoreña que me había
invitado a pasar unos días en su casa. Tan pronto me
instalé en su apartamento comenzamos el recorrido en
uno de los tradicionales autobuses rojos de dos plantas descubiertos.
Desde lo alto observábamos el ir y venir de ingleses
y turistas que se perdían entre los cruces de las calles
de la Picadilly Street, donde abundan lujosas tiendas y boutiques.
Al final de esta calle encontramos la plaza Picadilly Circus,
una de las más famosas del mundo por sus anuncios de
neón. Aquí también está la estatua
de Eros.
Nos bajamos en el precioso parque St. James, que a simple
vista parece un paisaje de ensueño, con lagos rodeados
de bellos jardines y aves exóticas.
Caminamos un rato sobre la grama hasta encontrar un puente,
cuyo telón de fondo tiene por un lado el Palacio de
Buckingham, lugar de residencia de la familia real, y por
el otro, el London Eye, una enorme noria de 135 metros, con
32 cápsulas desde las cuales se contempla una espléndida
vista de toda la ciudad.
El castillo es uno de los lugares más visitados por
los turistas para ver el cambio de guardia. Nosotros con mi
amiga tuvimos suerte, porque a los pocos minutos que habíamos
llegado empezó este tradicional ritual.
Luego seguimos rumbo al Hyde Park, antiguo coto de caza de
Enrique VIII. Es un paraíso terrenal, en el que se
puede atravesar en lancha o a pie. En ambas formas vale la
pena recorrer este corazón verde de la ciudad.
Como sólo dos días permanecería en la
ciudad sólo tuve el placer de caminar por media hora.
De ahí tomamos el metro hacia el Big Ben, esa enorme
torre con un reloj, tan característica de Londres.
En la misma cuadra también está el Parlamento
y la Catedral de Westminster.
La noche inglesa
Cuando empezó a oscurecer, ni el fuerte frío
ni la lluvia que caía nos hizo regresar a casa sin
disfrutar de la animada vida nocturna que se observa en todos
los rincones.
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| Una
de las avenidas características de Londres donde
se encuentran tiendas, boutiques, restaurantes,
bares y muchos otros sitios para divertirse. |
Los
primeros sitios que visitamos fueron los pubs
o tabernas que están en los barcos a las orillas del
río Támesis. Al estar adentro se siente como
si el bote va en marcha, así que no es muy recomendable
para los que se marean con facilidad.
A la medianoche que cierran estos locales seguimos nuestra
aventura hacia la plaza Picadilly Circus, donde hay restaurantes
y discotecas para todos los gustos. Después de recorrer
una por una entramos a una disco latina que estaba llena de
turistas de diferentes países que les gusta bailar
salsa, merengue y cumbia.
El siguiente día dejé descansando a María
y emprendí mi marcha hacia el lado más antiguo
de la ciudad, donde se encuentra el famoso puente o Tower
Bridge sobre el río Támesis, construido en 1894
de acero, con dos torres de piedra. Enfrente de éste
se ve la Torre de Londres, que nos permite viajar 900 años
atrás, cuando Guillermo II edificó el castillo
en este mismo sitio. Una de las 13 torres que lo conforman
se llama torre sangrienta, porque ahí fueron
asesinados grandes personajes de la historia.
A la orilla izquierda del Támesis contemplamos un Londres
moderno. Aquí sobresalen el Milleniun Bridge y la Tate
Gallery of Modern arts. Esta última cuenta con algunas
de las mejores obras de los siglos XVI al XIX.
Como ya se acercaba la hora de regresar a París y me
faltaban muchas cosas que ver hice otras visitas a vuelo de
pájaro. Inicié por la Catedral de St. Paul,
edificada en los siglos XVII y XVIII, en la que hice un esfuerzo
por subir sus escalones empinados para observar una impresionante
vista panorámica.
Luego me dirigí al Museo Británico, que alberga
grandes piezas de la antigüedad de Egipto, como momias
y la famosa piedra de Rosetta, que permitió descifrar
jeroglíficos.
Pasé
por el barrio Chelsea, con sus peculiares casas de dos plantas
donde han vivido muchas celebridades. Es un lugar elegante
con mucha tradición literaria y ambiente bohemio, rodeado
de tiendas de ropa y anticuarios.
También no podía dejar de visitar White Chapel,
en el centro de East End, uno de los barrios populares de
Londres y escenario de los crímenes de Jack el Destripador
en el siglo XIX.
Otro de los atractivos de Londres es el Regent´s Park,
que guarda el zoológico más antiguo del mundo.
Posee más de 11 animales.
Me despedi deLondres en el lugar donde los ingleses celebran
el fin de año: el Trafalgar Square, la gran plaza con
la columna que conmemora la victoria de Nelson en Trafalgar.
En este lugar me sorprendió la noche y era hora de
regresar a París, pero me quedaron unos minutos para
contemplar por segunda ocasión la vida nocturna inglesa.
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Tesoros
turísticos de la ciudad
El puente o Tower Bridge, el castillo de Buckingham
( residencia de la familia real) y la imponente catedral
de Westminster son unos de los sitios más representativos
de Londres.
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