Edición del 1 al 7 de agosto de 2004

Wuhai era un pueblo aislado en medio del desierto hasta que en 1976
se descubrió carbón. Hoy está progresando con la construcción de
un aeropuerto.

Ted Anthony
AP

Después de vivir en un letargo, Wuhai, en China,
se está levantando desde que construyó su primer aeropuerto.

Antes de que se levantara el pequeño edificio la vida era más sencilla. Los residentes hacían su vida. Los mineros extraían carbón.

Soplaban los vientos del desierto, los nómadas se desplazaban, los lagos se congelaban y descongelaban, y la somnolienta ciudad de Wuhai, en China, marchaba a su ritmo apacible.

Después de todo está a 16 horas de Pekín por tren, y más aun en automóvil. Wuhai se sentía aislada: China se modernizaba, ciudad tras ciudad, y Wuhai parecía quedar cada vez más rezagada.

“Realmente no había muchos modos de llegar a Wuhai”, dice Jiang Jun, que trabaja para la oficina de relaciones exteriores de la municipalidad.

El panorama cambió bruscamente un día de diciembre cuando Wuhai inauguró su primera pista aérea.

El vuelo inaugural de la aerolínea Hainan desde Pekín aterrizó para descargar un grupo de visitantes, empresarios y posibles inversionistas.

Súbitamente, este centro carbonífero mongol y sus 420,000 habitantes se sumaba a otros centros urbanos en su afán por incorporarse a la economía de mercado.

“Creceremos. Seremos más dinámicos”, afirma Wang Jiaqi, que vive en Xingdi, un pueblo a kilómetro y medio del final de la pista. “Comprendo por qué no había venido mucha gente. Pero ahora pueden hacerlo”.

Los habitantes construyen múltiples
edificios para vivienda y oficinas.

En estos días todos son preparativos. En la plaza central, recién pavimentada, hay un mástil todavía sin bandera.

Se están construyendo docenas de edificios, incluyendo un centro de convenciones. Los empresarios se congregan en los restaurantes con sus teléfonos celulares en ristre.

“Sirva a la economía local”, proclama un cartel de propaganda oficial en un edificio. Pero servir a la economía local y traer el resto del mundo no siempre es fácil en las ciudades chinas.

Gran parte del interior de China (donde viven 800 millones de sus ciudadanos) carece de carreteras pavimentadas. Aunque el gobierno se apresura a construir más, las carreteras suelen angostarse a dos carriles al entrar en las ciudades, y regiones enteras siguen conectadas únicamente por caminos de tierra.

Pueblo de minas

La gestión de Wuhai por tener su aeropuerto comenzó en 1993, cuando el gobierno local encargó un estudio para determinar si valía la pena. Decidió que sí.

“Fíjense en las horas que ahorra. Este edificio y esta pista crean todo tipo de vínculos y comunicaciones”, afirma Dang Wenyu, titular de desarrollo de la ciudad.

El aeropuerto tiene dos salidas para aviones, paredes de mármol, un pequeño vestíbulo para visitantes importantes y un timón con una inscripción de Mao Tse Tung: “En un gran océano todo depende del navegante”.

En este caso el navegante es el subdirector del aeropuerto, Zhang Jingchuan, que dirige a sus 47 empleados.

“Como el resto de China, estamos tratando de imaginar cómo vamos a cambiar”, dice.
Wuhai era un pueblo aislado en medio del desierto y escala para los nómadas de la región hasta que en 1976 se descubrió carbón. Hoy funcionan diez minas.

Alrededor de la ciudad hay pueblos de agricultores. Muchos cultivan papas que, según algunos residentes, venden a una firma china contratada para suministrar papas fritas a los centenares de McDonald´s en el país.

Los vuelos suelen estar llenos. El viaje desde Pekín tarda un poco más de tres horas con una escala en Hohhot, la capital regional.

“Esto estaba en medio de la nada. Pero tuve que venir aquí para trabajar”, dijo Cao Yin, un empresario de Pekín que aguardaba el vuelo de regreso.

En las próximas semanas se inaugurarán vuelos a otras dos ciudades cercanas, Xi´an y Lanzhou, que las autoridades anticipan duplicarán el tráfico aéreo.

Y en las dunas al noroeste de la ciudad se están construyendo edificios de departamentos, los primeros suburbios de Wuhai. Las autoridades locales esperan que llegue gente para hacer negocios y decida quedarse.



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