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Edición:
1 de febrero de 2004


Unos 4,200 miskitos
están lisiados a causa de la inseguridad de su faena
durante la captura de langosta.
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Vista
submarina de la langosta (Panulirus arhus), que los
indígenas del Caribe hondureño capturan
artesanalmente.
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La pesca
de langosta en La Mosquitia, en el mar Caribe hondureño,
es fuente de vida, pero también de muerte: la inseguridad
de la faena de buceo en alta mar ha dejado lisiados a por
lo menos 4,200 indígenas miskitos.
Esta etnia vive de la pesca de langosta (Panulirus arhus),
que es también una de las actividades más rentables
para las exportaciones de Honduras, sobre todo a Estados Unidos.
En el 2002, según fuentes del Banco Central de Honduras,
la exportación de langosta aportó 31 millones
de dólares al Estado.
Para la pesca de langosta de agosto a mayo, la mayoría
de los varones adultos bucea, mientras los más jóvenes
los acompañan en cayucos, en torno a barcos de mayor
calado.
Un estudio de la Fiscalía Especial de Etnias y Patrimonio
Cultural, auspiciado por el Banco Interamericano del Desarrollo,
con sede en Washington, registró en la zona 4,200 buzos
lisiados, casi la mitad de un total de nueve mil.
Los responsables de esa investigación afirmaron que
las condiciones de trabajo de los pescadores de langosta violan
las más elementales normas de seguridad del buceo profesional.
Se trabaja de 12 a 17 días en alta mar, con agotadoras
sesiones de buceo de más de cinco horas diarias, en
profundidades de hasta unos 43 metros y con equipos de mala
calidad, indicaron.
Esos datos fueron confirmados a Tierramérica por Oswaldo
Munguía, director de la organización no gubernamental
Mopawi (acrónimo en lengua miskita de Agencia para
el Desarrollo de La Mosquitia), quien se ocupa de la cuestión
de los pescadores de langostas desde fines de los años
80.
Para muchos miskitos, ser un buzo lisiado es la consecuencia
de haber roto el tabú del mar, explicó.
Según tradiciones de esa etnia, las profundidades del
mar son habitadas por Liwa Mairin, un ser similar a las sirenas
de otras mitologías, que cuida los recursos marinos
y castiga a quienes pescan demasiado con un hechizo que los
deja lisiados.
Munguía recordó el fracasado intento de abrir
una escuela móvil para buzos como respuesta a la terrible
situación que viven. Esa experiencia comenzó
con 1,500 buzos y la idea era de formar una organización
sólida y única, es decir con filiales en las
otras zonas de la Mosquitia, cuyas comunidades están
muy apartadas entre sí, relató.
Pero la escuela fracasó por la inmadurez de los
buzos miskitos. Algunos de sus líderes se apropiaron
indebidamente de las cotizaciones de sus compañeros
y esto mató la moral y la iniciativa, afirmó
el activista.
En el estudio de la Fiscalía Especial se sostiene que
cada buzo recibe $2.50 por libra (aproximadamente medio kilogramo)
de langosta pescada y pesada, y que el pesador resta cinco
por ciento del peso, porque aduce que los crustáceos
están llenos de agua. A su vez, el pescador debe pagar
unos 80 centavos por libra al cayuquero.
La Guía verde para el buzo profesional
elaborada por la Mopawi y la Iglesia Morava (la iglesia que,
junto con el Instituto Lingüístico de Verano,
estableció la escritura de la lengua miskita con una
traducción de la Biblia) advierte que el uso de drogas
como marihuana y cocaína es muy peligroso para los
buzos.
Esas drogas ilegales añaden al aire respirado por los
buzos sustancias que, al mezclarse con la sangre, impiden
la correcta evacuación del nitrógeno, y pueden
aumentar la gravedad del síndrome de descompresión
inadecuada en los pescadores.
Ese síndrome es causado por bucear en aguas demasiado
profundas o retornar a la superficie con rapidez, lo que produce
falta de oxígeno en el cerebro y dolores crónicos,
desórdenes neurológi cos, parálisis parcial
o total y la muerte.
Según el director general de pesca de la Secretaría
de Agricultura y Ganadería, Marcio Castellón,
limitaciones presupuestarias impiden atender con eficiencia
el problema de los buzos miskitos.
La industria pesquera se ha mostrado dispuesta a capacitar
a los buzos, añadió.
De acuerdo con el informe de la Fiscalía, en La Mosquitia
sólo hay dos cámaras hiperbáricas, que
se usan para estabilizar la condición de los afectados
por el síndrome de descompresión inadecuada,
y el costo del tratamiento es alrededor de 300 dólares,
inaccesible para muchos buzos.
La
autora es colaboradora de Tierramérica. Con aportes
de Thelma Mejía (Honduras).
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