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Edición:  18 de Mayo de 2003

En “Al costado del paraíso” hay una variedad de temas que lindan lo erótico, el verso maternal y un canto iconoclasta

Luis Antonio Chávez
arte: ricardo leiva

Sicóloga de profesión, la poetisa Eva Ortiz no es nueva en los recovecos literarios, y aunque se ha mantenido al margen de las actividades culturales, su poesía habla por sí sola.

“Al costado del paraíso”, un libro perteneciente a la colección “Juntas llegamos a la palabra”, auspiciado por la UTEC, donde además han publicado Claudia Hérodier, Silvia Mathus, Nora Méndez, Silvia Elena Regalado y Carmen G. Huguet, es un tributo a Ortiz y a la palabra. Y cuando hablamos de tributo rescatamos aquella de “honor a quien honor merece”.

Y es que hablar de Eva es recordar aquella pléyade de cipotes jugando a ser escritores que se aglutinaron bajo el nombre de Taller Literario “Xibalbá” en la Universidad de El Salvador.

Xibalbá lo integraron en su momento Otoniel Guevara, Luis Alvarenga, Silvia Elena Regalado, Dagoberto Segovia, Jorge Vargas Méndez, Álvaro Darío Lara, Eva Ortiz, Kenni Rodríguez, quienes surgen en los 80 y con su propia voz (narrativa, ensayo y novela) hoy brillan con luz propia.

Eva, con quien publicáramos la plaquete “Un grito a dos voces” allá por los 90, desde siempre ha demostrado con su poesía que no necesita tocar puertas para deleitar con sus versos.

Es “Al costado del paraíso” conque se inaugura la colección “Juntas llegamos a la palabra”, y es precisamente este
libro que se une a las demás publicaciones de Eva, entre ellas “Piedras en el huracán” (Antología de Javier Alas), Palabras de la siempre mujer, Poesía de resistencia El Salvador y Sudáfrica, entre otros.

De acuerdo a Silvia Elena Regalado, la selección de los poemas, divididos en dos partes, comprende dos criterios, reconocer a las poetas con trayectoria y publicarlas para hacer realidad el reconocimiento, y además estimular la creación poética de las mujeres salvadoreñas.

La mayoría de los poemas que se editan en “Al costado del paraíso” lo integran versos que no sobrepasan las 10 líneas, donde es fácil encontrar imágenes eróticas, de maternidad o de ansiedad por estar con el amado. Con ello se muestra que no es necesario llenar la página para que la metáfora esté bien lograda.

Como todo poeta debe hacer uso de sus vivencias, en Eva la maternidad —luego de avispar los soles que queman sus entrañas— también tiene un espacio y sirve de herramienta.

“Aliento de vida/que te escapaste/de entre mis piernas/aférrate a las primeras horas de la madrugada”. Más adelante nos lo confirma con su poema Noticia: “Las cintas métricas dejaron de medir/mi inconsciencia /cuando un embarazo rompió/sus ajenos pronósticos./Y me nombro madre”, verso dedicado a su primogénito Roberto Carlos.

Sin embargo, como la mayoría de los escritores, Eva también es irreverente, por lo que escribe: “Por haber escuchado/tanto y tanto/en la iglesia/la frase:/ ‘ama al prójimo como a ti mismo’./Fue ahí, donde/comenzó mi problema”.

Demos la bienvenida a “Al costado del paraíso” y esperemos que Eva no se quede en el “paraíso” sino que nos deleite con otro libro de estos kilates.


Néstor Martínez

Juana dobló con cuidado la carta que recién terminaba de leer y la guardó en su pecho. Suspiró. Ya la contestaría cuando le quedara un espacio de tiempo en el trajinar del trabajo casero. Se ajustó el delantal y siguió lavando los platos. Quizá escribiría algunas líneas en lo que hervía el agua.

La mesa del comedor estaba cerca de la cocina y había espacio entre las cebollas, los ajos, las papas, el repollo, el salero, la canasta con las tortillas y el mantel verde con vasos y tazas boca abajo. Salió a comprar la carne y otras verduras, de paso encargó las tortillas para la cena.

Al regreso empezó a pelar las verduras, las unió a otros vegetales, los lavó juntos y los puso a hervir. Palpó la carta en el pecho. Se acercó a la mesa, hizo espacio y... procedió a preparar la carne. Luego del almuerzo empezaría su carta.

Cuando revolvió la carne con las verduras, apenas le quedó tiempo para releer la carta y pensar en una respuesta apropiada que redactaría luego de comer, además aprovecharía la hora de la comida para enterar a sus hijos del contenido de la carta.

Pero entre poner la mesa, servir, comer, recoger los platos, limpiar la mesa y ordenar los platos para lavarlos de nuevo olvidó comentar la carta. ¡Hasta se le olvidó que la tenía en el pecho! ¡Tenía tanto trabajo entre las dos y las cinco de la tarde! Si terminaba antes de la cena con los platos, la ropa, la limpieza de la casa y su propio aseo personal, nada ni nadie impediría que se sentara a escribir en compañía de una taza de café acompañada con pan. ¡Tenía tantas cosas que contar! Así que puso todo su empeño en el oficio. Terminó. El baño la relajó. Limpia y cambiada, se preparó el café con pedacitos de canela. En lo que hervía la infusión salió a comprar el pan.

Al regreso limpió la mesa, guardó los sobrantes en el refrigerador, se sirvió el café y fue por la carta que esperaba debajo del retrato de familia. Se colocó los espejuelos para no apretar los ojos cuando leyera o escribiera, sacó un bolígrafo de la bolsa del delantal y en una hoja de papel tamaño carta con tenues líneas azules empezó a escribir despacio con letra gruesa, entre sorbo de café y masticada de pan. Luego de colocar la fecha pensó por breves segundos e inició: “espero que estés bien de salud al lado de tus hijos”. Se detuvo un momento. Suspiró. Fijó su mirada sobre la superficie lustrosa de la mesa. Se rascó los encanecidos cabellos, como hurgando ideas. Le distraía el acercamiento de la hora para recoger el encargo de las tortillas y lo que prepararía para la cena. Sí, pensó, después de la cena escribiría más a gusto, cuando ya no haya oficio que hacer. Recogió con cuidado el papel y el bolígrafo, dobló de nuevo la carta con cuidado, terminó su café y el pan. Antes de salir hacia la tortillería, guardó debajo de su almohada los utensilios de la escritura junto con la carta.

Cuando se acostó cerca de medianoche estaba tan cansada que no se acordó de lo que tenía debajo de la almohada. La respuesta podría esperar... primero llegó el sueño.
Fin

Semana cultural

Martes 13
Del 16 de mayo al 30 de junio
Exposición “El arte de la escritura hebrea”, organizado por la fundación cultural “Los 44”, en coordinación con la Embajada de Israel y Concultura, en el Museo Regional de Occidente, Avenida Independencia Sur Nº 8, Santa Ana. La entrada cuesta $0.34 adultos. Niños no pagan.

Del 20 al 24 de mayo
“Primera Feria Internacional Cultural”, organizada por ALPACUSA y embajadas de Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia y Alemania, en la que habrá demostraciones de pintura y dibujos, muestras de libros y exposiciones, en el Centro de Artes de Occidente, Calle Libertad Oriente y Primera Avenida Sur, Frente al Parque Libertad, Santa Ana. Entrada gratis.

Miércoles 21
Charla “El concepto del dibujo a través de la historia”, con Felipe Burchard (artista hondureño), en el Centro Cultural de España, a las 6:30 p.m.

Sábado 24
Los malabares de Vittorio, en la Alianza Francesa de San Salvador, como parte de los Sábados Culturales. Presentación a las 10:00 a.m. Entrada gratis.

Hasta el 30
Exposición “Petro arte”, del artista Víctor Miguel Tizón Villalta, en la Casa de la Cultura del Barrio San Jacinto, San Salvador.

Hasta el sábado 31
a. Feria de artesanías de barro y exposición de dibujo a tinta “Serie de la guerra de 1980-1990”, del pintor Armando Solís, en la Casa de la cultura del Centro, en la Primera Calle Poniente # 822, entre 13ª y 15ª Avenidas Norte, atrás de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, San Salvador.
b. Exposición de pintura del español Juan Béjar, en la Galería Espacio, en la Colonia San Benito, Calle La Reforma # 209, San Salvador.

Cursos libres de artes
En la Casa de la Cultura del Barrio San Jacinto, en San Salvador, se imparten los siguientes talleres: teatro (lunes miércoles y viernes, de 3:00 a 6:00 p.m.), danza folclórica (sábado de 2:00 a 5:00 p.m. y domingo de 8:00 a.m. a 12:00), música, dibujo y pintura (sábados de 9:00 11:00 a.m.).




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