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Edición:
18 de Mayo de 2003

Por siglos montaña virgen, el
monte Everest es en la actualidad coronado por muchas expediciones
de países diferentes. Este año se celebran el
50º aniversario de la primera escalada
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En
unas semanas los britones marcarán el día hace
50 años cuando un equipo de alpinistas que representaban
a su pequeña isla, con sus altitudes modestas e historia
imperial, alcanzaron la cumbre de la montaña más
elevada del mundo a medio mundo de distancia, en la frontera
que comparten el Tíbet y Nepal.
Con cierta fortuna accidental, el Monte Everest cuyo
nombre es en honor de sir George Everest, el sobreviviente
del siglo 19 que midió por primera vez la altura del
pico (29,035 pies = 8,855 metros) fue conquistado justo
a tiempo para que la noticia se conociera por primera vez
en el diario The Times of London, al tiempo que la capital
británica hacía preparativos con miras a la
coronación de la Reina Isabel II.
Ambos acontecimientos glorias de coronación vinculadas
para muchos por más que sólo juegos de palabras
se consideraron de algún modo como una reafirmación
de la esencia y de la grandeza de la nación, alumbrando
los sombríos años que siguieron a la debilitación
de la II Guerra Mundial.
No tuvo importancia que los alpinistas un sherpa nepalés,
Tenzing Norgay, y un apicultor neozelandés, Edmund
Hillary hubieran nacido muy lejos de la metrópolis:
aún eran tiempos del imperio.
La expedición de 1953 fue encabezada por britones,
desde oficiales hasta profesionistas. Su triunfo del 29 de
mayo fue descrito como una victoria de los británicos
en una carrera hasta la cima del mundo.
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Tenzing
Norgay y Edmund Hillary el 30 de mayo de 1953, un día
después de que conquistaron el Monte Everest,
los primeros en lograrlo.
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Algunos
incluso sintieron que los britones tenían un reclamo
previo sobre el Everest, ya que habían estado tratando
de escalar la montaña por decenios, crónica
que incluyó la pérdida de los montañistas
George Mallory y Andrew Irvine, en 1924.
Todos sentimos que tenía que ser esta vez,
dijo Michael Westmacott, uno de los integrantes del equipo
británico, quien actualmente tiene 77 años y
vive cerca de los no tan elevados picos del distrito inglés
de Lake. Con alpinistas suizos desafiando a los británicos
dijo: En definitiva sentíamos que, con la extensa
tradición de intentos, realmente queríamos lograrlo
en esta ocasión.
Una
gran diferencia
Los grandes eventos, con todo, a menudo son indicadores, los
criterios bajo los cuales otros avances y retiradas son medidos,
y medio siglo marca una gran diferencia.
Hoy día, el Everest es rodeado año con año
por expediciones comerciales que ofrecen a individuos, en
vez de a equipos nacionales, una oportunidad para alcanzar
la gloria, normalmente a un precio que oscila cerca de los
45,000 dólares.
Desde el primer triunfo en 1953, más de 1,650 personas
han ascendido hasta la cumbre de la montaña y unas
175 han muerto sobre ella, incluyendo a 15 en el terrible
año de 1996.
Si la montaña es una metáfora de la tierra que
reclamó su conquista, piense por un instante con respecto
a cómo que ha cambiado la nación.
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Monumento
erigido en memoria de Edmund Hillary, Tenzing Norgay
escaladores sherpas para conmemorar la primera ascensión.
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Hay que
considerar, por ejemplo, la participación de Westmacott.
Luego de un brote de mala salud más arriba en la montaña,
su labor quedó reducida a mantener abierta la Grieta
de Hielo Jumbu al inicio del ascenso, de modo que los otros
pudieran avanzar hacia la gloria, desplegando esa diferencia
que los britones consideraron tan atractiva entre sí
mismos.
A
cada uno de nosotros le habría gustado poder llegar
a la cima, dijo Westmacott. Sin embargo, fue un
trabajo de equipo en buena medida. Teníamos que llevar
a dos hasta la cima y realmente no importaba quiénes
fueran.
En la actualidad, los detractores más acerbos de la
cultura moderna del Everest se quejan de que, en su febril
deseo de llegar a la cúspide, algunos alpinistas muestran
una fría desconsideración hacia otros estando
sobre la montaña. Pero, ¿no fue ese un valor
conjurado en los años de la (primera ministra británica,
Margaret) Thatcher, cuando los britones finalmente se sacudieron
su vergüenza con respecto a enriquecerse en la lucha
por la fortuna económica? Las preocupaciones eran diferentes
en 1953.
Ascenso
opacado
El 2 de junio, cinco días después del ascenso
al Everest, la coronación formal de la Reina Isabel
II estaba a punto de tener lugar en Londres, en una época
cuando el patriotismo británico no se ponía
en duda y la monarquía se mantenía como su custodio.
En la distancia yace la saga shakespeariana de Carlos y Diana
que habría de socavar la fe de muchos britones en su
realeza. La conquista del Everest, anunciada apenas pocas
horas antes de la coronación, produjo una oleada de
orgullo nacional.
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Pero,
sea que lo notaron o no, la mayoría de quienes se arracimaron
en torno a los televisores en 1953, que ya estaban disponibles,
estaban viendo el futuro justo frente a sí, o cuando
menos en el tubo de rayos catódicos.
La coronación fue la primera en ser transmitida por
televisión, como heraldo de una era cuando pequeñas
imágenes en blanco y negro serían transformadas
en el imperio digital y cultural, de pantalla ancha, de finales
del siglo 20 y el 21.
Con ella llegó el surgimiento de la celebridad empaquetada,
ofreciendo un atractivo compartido por muchos en una sociedad
donde la realidad a menudo es una rutina de pobres servicios
públicos, desde trenes sobresaturados, pasando por
filas de espera en hospitales, hasta escuelas y facultades
acusadas de reducir sus normas educativas.
En esta época, Westmacott, de igual manera, se convirtió
en una celebridad debido a que había formado parte
de la expedición que, cuando todo está dicho
y hecho, había conquistado la montaña más
elevada del mundo. Entonces, todos regresamos a trabajar,
dijo.
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